En vacaciones, los horarios se relajan (y no hemos de sufrir por nuestro hijos)

Durante el año, durante el curso, hay unos horarios bastante estrictos que hemos de seguir para el funcionamiento familiar. Despertadores, alarmas, timbres, relojes... nos marcan el día a día y los niños se acostumbran a la rutina de manera más o menos fácil (lo de despertarse suele ser lo más complicado a veces...).

En vacaciones, es normal que los horarios se relajen y podemos preguntarnos ¿cómo afectará a nuestros hijos? ¿Hemos de seguir los horarios estrictos del resto del año? ¿Podemos ser más flexibles? Cada familia es un mundo, pero en general los niños son muy parecidos y los cambios en el horario familiar no le afectarán demasiado...

Incluso, pueden ser beneficiosos para ellos, en el caso, por ejemplo, de que puedan dormir más, descansar mejor. Eso sí, cuando llegue septiembre de nuevo habremos de acomodar los horarios al funcionamiento más estricto, y siempre es conveniente no hacerlo de manera brusca sino gradual.

Lo que no debería tocarse en exceso a la hora de relajación de horarios es el tema de las comidas. Es decir, no vamos a hacer que el niño pase hambre, lo cual afecta al rendimiento físico y a su bienestar en general. Por eso está bien que vayamos bien "equipados" en nuestras jornadas de playa o de excursiones... y tener siempre a mano un almuerzo o un lugar para comer.

Tampoco conviene saltarse las comidas, ya que la mejor manera de recibir el aporte energético para el niño es repartido en esas veces a lo largo del día, pero si el desayuno, el almuerzo, la comida, la merienda o la cena son más tarde, no pasa nada. En general, puede que después de una semana de vacaciones veamos que establecemos una "nueva rutina" que nos funciona bien a toda la familia...

Hablo, claro está, de niños y no de bebés, porque en su caso la lactancia es a demanda y ahí de pequeños no hay ningún ritmo establecido y poco se entiende de horarios (tampoco en lo referido al sueño) durante los primeros meses.

En el caso de las noches, hay niños a los que les sienta mal trasnochar, pero otros estarán encantados de ver que la vida sigue existiendo más allá de las nueve de la noche (¡y que aún es de día!). En general, en vacaciones se trasnocha más y suele ser con actividades que les gusta a los niños, salir a pasear, tomar un helado, jugar en la playa... Seguro que esa noche descansarán mejor, al igual que nosotros, sobre todo porque al día siguiente no hay que madrugar.

Ojo, tampoco estoy hablando de hacer sesiones "after hours", simplemente de no nos obsesionamos con mantener las rutinas estrictas del invierno y poder retrasar la hora de acostarse al tiempo que se amplía la de levantarse...

¿Deberes en verano?

Además, otro tema en cuanto a la relajación de horarios que hemos de tener en cuenta es: ¿quiero que mi hijo lleve un ritmo escolar de una hora para deberes, otra hora para lectura y una hora más para dibujo? ¿Tantos deberes mandan y recomiendan en vacaciones? ¿No existen otras maneras de reforzar conocimientos?

De momento no me ha sucedido, pero temo que me pase en el colegio como le ha pasado a muchas personas: una hoja de "recomendaciones" extensísima que obliga a los niños a hacer tres fichas al día y dos libros a la semana, in olvidar el inglés. ¡Qué locura! Claro, que siempre existe la opción de obviar las sugerencias o reducirlas considerablemente...

Un paseo por la playa o por el mercado, una sesión de cocina en casa, manualidades... pueden ser muy estimulantes y entretenidos, aparte de enseñar más a un niño que diez hojas de un cuaderno de vacaciones. Habrá niños que "pidan" deberes, pero no siempre a la misma hora, habrá otros que n quieran ver los libros y tendremos que acompañarlos para sacar su lado "más atractivo"...

La lectura en los más mayorcitos es la mejor manera de aprender, también cuando les leemos nosotros. Un folio en blanco, sus primeras letras, dibujar los mejores momentos de las vacaciones, hacer sumas en el supermercado o en la arena de la playa... hay mil maneras de que los niños sigan aprendiendo.

Lo que no podemos pretender es cargar el día de actividades académicas, si queremos poner un horario determinado, que sea breve. Los expertos aconsejan no cargar a los niños con actividades que pueden aburrirle y causar un efecto contrario. Los niños necesitan divertirse, jugar y aprender divirtiéndose y jugando. Y también, no lo olvidemos, realizar actividad física, jugar mucho y moverse. Además, descansar. ¿Parece difícil combinarlo todo en el mismo día? Probablemente sea mucho más fácil que adaptarnos a los rígidos horarios de invierno...

Así que si queremos que la "rutina escolar" siga con nosotros en vacaciones y establecer cierto horario de "estudio", que sean pocas horas al día y también que haya días de descanso, intentando no obligar al niño sino acompañarlo para hacer que la tarea sea agradable.

En el caso de que optemos por actividades como academias de verano, escuelas de verano, campamentos de medio día... tengamos en cuenta procurar que el resto de la jornada realmente hagan cosas diferentes. De este modo, adquieren los beneficios cognitivos y sociales de esas actividades pero también "descansan" y se divierten con otras.

El caso es que si prescindimos de horarios estrictos en verano lo más probable es que el ritmo familiar lo agradezca, que los niños estén más contentos y más descansados (porque llegarán más cansados a la cama...) ¿O no es lo que nos pasa a los adultos en vacaciones? Ya llegará septiembre para que tanto los niños como nosotros hagamos la adaptación a los nuevos horarios.

Fotos | Thinkstock
En Bebés y más | ¿Qué hacemos con las rutinas en verano?, Los niños ven más televisión en verano, Diez ideas más para que vuestros hijos aprendan en vacaciones

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