Decir la verdad a tu hijo sobre Papá Noel y los Reyes Magos o mantener la fantasía: qué dicen los expertos

Se acerca inexorablemente una de las fechas más deseadas por los peques de medio mundo (y por algunos adultos también, reconozcámoslo).

La llegada de Papá Noel y de los Reyes Magos ha traído de un tiempo a esta parte, además de ilusión y algún que otro quebradero de cabeza para quien regala -porque hay juguetes que ni los mismísmos Reyes encuentran-, un intenso debate: ¿es mejor decir la verdad o mantener la fantasía? Si eres de los que no lo tiene claro, te dejamos algunas reflexiones y opiniones de expertos al respecto.

En los últimos años (y quizá antes también, pero no se hablaba tanto de ello) han sido muchos los que se han cuestionado las bondades de convencer a los niños de que existe uno (Papá Noel) o tres (los Reyes Magos) seres mágicos que les traen regalos en Navidad.

Hay quien ha ido más allá e incluso ha puesto sobre la mesa la idea de que esto, en realidad, es mentir a los niños, y que por tanto podría tener consecuencias negativas para su correcto desarrollo.

Con una postura contraria tenemos a quien defiende esta tradición como una forma bonita de avivar la fantasía en los niños, de fomentar la ilusión y hacerles con ello aún más felices.

¿Qué dice la ciencia al respecto?

¿Quién está en lo cierto? ¿Es mejor mantener estas figuras o conviene “no contarles esta historia” a nuestros hijos? Me encantaría darte una respuesta al respecto, pero lo cierto es que no la hay: a día de hoy no contamos con estudios que respalden, con total seguridad, ninguna de las dos opciones.

Es decir, no hay estudios que indiquen de manera evidente los beneficios o perjuicios de que nuestros hijos “crean” o no en Papá Noel o los Reyes Magos. Lo que sí existe es la opinión de algunos profesionales, pero incluso éstos dejan claro que no hay una “verdad única” al respecto.

Quizá uno de los estudios que más se cita cuando hablamos de este tema es el que se realizó desde Lancet Psychiatry: sus autores extraían la conclusión de que no decir la verdad a nuestros hijos sobre Papá Noel o Santa Claus era mentir, y que esa mentira es, sin duda, perniciosa para ellos (afecta al apego, entre otras cosas).

Sin embargo se trata de un estudio del que no se pueden extraer conclusiones generalizables por la escasa muestra con el que fue realizado (entre otros factores de índole metodológica).

Mantener la tradición vs contar la verdad

Partiendo, como decía, de que no hay “una verdad absoluta” acerca de qué es mejor para nuestros peques al respecto, veamos algunas posturas acerca de ambas opciones.

Decir la verdad/no mentir

Para autores como D. K. Johnson (filósofo americano conocido precisamente por mantener que es mejor “no mentirles”) la mejor opción es decir la verdad. Este autor defiende que la creencia en Papá Noel o Santa Claus no solo no es positiva, sino que trae consigo consecuencias negativas.

Según Johnson, con esta mentira estamos poniendo en riesgo la confianza de nuestros hijos en nosotros: si descubren que les hemos mentido en esto empezarán a cuestionarse en qué más les mentimos, y con ello terminará por socavarse su confianza en nosotros.

Esto, de acuerdo con este autor, tendría consecuencias nefastas si tenemos en cuenta que podrían llegar a dudar de nuestra palabra con respecto a conductas de riesgo, por ejemplo.

Además, y siguiendo con Johnson, con la mentira favorecemos la credulidad de nuestros peques, lo que les haría más vulnerables a ser manipulados.

Uno de los grandes argumentos en contra de hacer creer a nuestros hijos en Papá Noel y los Reyes Magos no es la creencia en sí, sino el uso que se hace de la misma: utilizar a estas figuras como guardianes y jueces de la conducta de los peques.

A diferencia de los pros o contras de “mentir o decir la verdad” en este punto sí que hay acuerdo entre los profesionales: el chantaje no es nunca una buena opción educativa. Así que mejor desterrar el “Si no te portas bien, los Reyes no te traerán nada”.

Autores como Richard Dawkins defienden que inculcar a los niños que existen seres sobrenaturales es pernicioso para ellos y que debemos favorecer su escepticismo.

Disciplinas como el método Montessori no dan cabida a estas figuras ya que, desde su perspectiva teórica, lo importante es favorecer en los niños la imaginación (interna) no la fantasía (externa).

¿Negar explícitamente ante los peques su existencia?

Una postura común entre quienes defienden la idoneidad de no mentir a los niños al respecto es la de, en contra de lo que muchos piensan (esos que los ven como “gruñones que quitan ilusiones” -permítaseme la expresión-), no es “pinchar” la ilusión o negar “la tradición de los regalos”.

Entre quienes practican la “política de la verdad” es común no negar la existencia de Papá Noel o de los Reyes Magos de manera explícita a los niños, sino hablar de ellos como personajes de ficción, metiéndolos en la misma categoría que sus personajes favoritos de la tele o los cuentos.

La clave está en explicarle a los peques que se trata de una tradición, de una fiesta lúdica en la que pasan cosas geniales: así mantendrían la ilusión por las fiestas, por los regalos, por “la magia” sin pasar por “mentiras”.

Mantener “la magia”

La mayoría de los estudios que hay sobre este tema se han centrado en los posibles efectos negativos de "contar la verdad" o de no mantener el mito, pero no en los posibles efectos positivos de ello.

Por lo tanto no hay datos científicos que avalen que "sea beneficioso creer en ello" por lo que la conclusión común, al menos de momento, es que no sabemos si "creer en Papá Noel y los Reyes Magos" es positivo, pero desde luego no es negativo.

Sin embargo para autores tan conocidos como Álvaro Bilbao mantener la magia de Papá Noel o los Reyes Magos tiene sus puntos positivos para los peques. Algunos de estos serían:

  • Desarrollar la paciencia: imagina qué complicado debe ser para un niño aguantar toda una noche (para ellos esto es una eternidad) esperando a que sea de día para ver sus regalos. Sin duda es un ejercicio de paciencia.
  • Aprender a gestionar emociones fuertes: lograr dormirse la noche de antes con semejante excitación por lo que va a suceder al día siguiente requiere, sin duda, de un ejercicio de gestión emocional, ¿no te parece?
  • Mantener la ilusión: no hay peque que no alucine con toda esta historia, ¿verdad? Sus caras son de esas cosas que los padres vamos a recordar eternamente.

Por otro lado, y en respuesta a afirmaciones como las realizadas por autores como Richard Dawkins, citado más arriba, hay quien señala que precisamente el hecho de que los niños descubran que les hemos estado mintiendo puede hacer que se desarrolle más o mejor su escepticismo.

Esto hará que se cuestionen las cosas, que quieran investigar y saber la verdad en otras facetas de la vida, de manera que con ello estamos favoreciendo el pensamiento crítico y el deseo de aprender. Claro que esto también puede trabajarse sin necesidad de recurrir a estas figuras “mágicas”.

De hecho, estudios como el realizado por J.D. Woolley y M. Ghossainy en la Universidad de Texas indican que los niños son, de manera natural, escépticos.

Woolley señala que mantener esta fantasía ayuda a desarrollar el razonamiento (concretamente el contrafáctico) y que esto es realmente positivo de cara al desarrollo. Según esta autora, las habilidades necesarias para "creer" y posteriormente "descubrir la verdad" son las mismas que uno pone en marcha para, por ejemplo, buscar soluciones a problemas o ser creativo en el trabajo.

Otros, como Matthew Lorbe, psiquiatra infantil estadounidense, defienden los aspectos positivos de mantener la ilusión y la tradición desde un enfoque más práctico y cotidiano: mantener la tradición favorece los procesos sociales familiares y con ello fortalecer los lazos afectivos, los niños se esfuerzan por aprender a escribir para poder mandar su carta, aprenden cómo funciona el sistema postal...

En resumen...

Como he comentado, no hay una postura evidentísimamente validada desde un punto de vista científico, de manera que entramos en terreno de preferencias y creencias.

Si te sientes más cómodo diciéndole la verdad desde el principio o si en tu casa siempre se ha celebrado “a lo grande” la llegada de los Reyes, y quieres que tu hijo lo viva con toda su intensidad, en principio no hay “contraindicaciones”. Haz lo que te haga sentir bien, lo que creas que va a hacer feliz a tu hijo... A fin de cuentas es lo que todos queremos, ¿no es cierto? Felices fiestas a todos.

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