Los lácteos en la alimentación infantil: inconvenientes de la leche artificial (II)

Hace dos días empezamos a hablar de los lácteos y derivados de la leche de vaca en nuestro “Especial Alimentación Infantil” y la primera entrada fue para el primer derivado de la leche de vaca que toman algunos niños: la leche artificial.

Para hablar de ella quise centrarme en términos de salud y, para hacerlo, comencé tratando los inconvenientes de alimentar a un bebé con leche artificial. Hoy, con esta entrada, continuamos con el tema.

Síndrome de la muerte súbita del lactante

Hay diversos factores conocidos que hacen que aumente el riesgo de muerte súbita del lactante, como son dormir en posición de decúbito prono (boca abajo), que alguno de los padres sea fumador, que haya una temperatura ambiental elevada, etc. y al parecer, el tipo de alimentación también tiene que ver.

Comparando bebés que toman leche artificial con bebés que toman leche materna de manera exclusiva durante 8-11 semanas, los primeros tienen un riesgo 2,8 veces mayor de padecer el SMSL.

Si se comparan de nuevo, pero esta vez con bebés que toman leche materna hasta los 12-15 meses, los que toman LA tienen un riesgo 4,6 veces mayor.

La explicación a este fenómeno podría ser por la alteración que la leche artificial produce sobre el sueño. Se ha observado que los bebés que toman LA tienden a tener un sueño más profundo y a despertar menos veces por la noche que los bebés que toman el pecho.

Si observamos los patrones de sueño de las personas mayores (los abuelillos), se observa que apenas llegan a entrar en fases de sueño profundo, se despiertan a menudo y tienden a dormir menos que cuando eran más jóvenes. Esto tiene una explicación: su salud es tan frágil, que llegar a dormir de manera profunda podría “desconectar” demasiado la mente del cuerpo haciendo que la persona no volviera a despertar.

Pues con los bebés pasa lo mismo. Se despiertan a menudo y no tienen apenas sueño profundo para que, en caso de apnea (que es la situación que precede al SMSL), se despierten fácilmente. Si en cambio, con la leche artificial, logran dormir más tiempo y de manera más profunda, el riesgo aumenta.

Mayor riesgo de enfermedades crónicas

La leche artificial no favorece la maduración intestinal ya que no tiene especificidad de especie (de hecho es leche de vaca, como hemos dicho, modificada) y carece de efecto inmunomodulador y antialérgico. Esto hace que el intestino del bebé sea más tiempo permeable a las macromoléculas (los bebés nacen con un intestino muy permeable y a medida que crecen van perdiendo esa permeabilidad, dejando pasar cada vez menos sustancias, por eso se retrasan algunos alimentos con el fin de evitar alergias e intolerancias).

Al ser el intestino más permeable en los bebés que toman leche artificial, son más frecuentes las alergias y enfermedades como diabetes, enfermedad inflamatoria intestinal, la celiaquía, la esclerosis múltiple, la artritis crónica juvenil, la leucemia y el linfoma.

Hablamos a menudo de la importancia de dar leche materna al menos hasta los seis meses, pues bien, hay estudios que demuestran que solo 4 meses de lactancia materna disminuyen el riesgo de padecer alergias a los dos años, protegen frente al asma, episodios de sibilancias, rinitis alérgica y de los síntomas graves de enfermedad alérgica.

Con respecto a la celiaquía, aparece antes y es hasta cuatro veces más frecuente en los bebés que toman leche artificial. Ahora bien, para que se produzca el efecto protector de la leche materna, el bebé debe ser amamantado mientras empieza a tomar alimentos con gluten y unos meses después de haber empezado.

Si hablamos de la diabetes mellitus tipo 1, que es una enfermedad autoinmune, existe una relación entre la alimentación con leche artificial los primeros 3-6 meses y el desarrollo de la enfermedad en personas genéticamente predispuestas.

En América, la AAP (Academia Americana de Pediatría) recomienda lactancia materna y evitar el uso de leches comerciales y otros productos que contengan proteínas de la leche de vaca durante los primeros 12 meses en familias con antecedentes de este tipo de diabetes.

En cuanto a la leucemia aguda infantil y los linfomas, se ha observado que amamantar durante más de seis meses protege contra estas enfermedades. Se ha relacionado la proteína alfa-lac, presente en la leche materna, con este efecto, ya que dicha proteína induce la apoptosis de las células cancerígenas y de otras células inmaduras y de rápido crecimiento y permite el crecimiento de las células ya maduras y estables.

La leche artificial, por otro lado, parece ser un factor de riesgo de obesidad. La razón podría ser el mayor aporte de proteínas y micronutrientes de la leche de fórmula, aunque tampoco se descarta la posible sobrealimentación que puede darse cuando un bebé toma biberón.

Cuando son bebés, las diferencias son mínimas, sin embargo se observa una mayor frecuencia de obesidad en los adolescentes que han sido alimentados con biberón. Cuantos más meses ha estado un bebé tomando leche materna, menor es la incidencia de obesidad en la adolescencia.

La presión arterial también parece tener relación con el tipo de alimentación de los bebés, ya que se ha visto que, a la edad de 7 años, los niños que fueron alimentados con leche artificial tienen una presión arterial sistólica significativamente superior que la de los niños que habían recibido leche materna, aunque no fuera de manera exclusiva, durante las primeras 15 semanas de vida.

Una de las enfermedades más graves de los bebés, puesto que tiene una mayor morbimortalidad asociada, es la enterocolitis necrosante. Los bebés alimentados con leche artificial tienen un riesgo significativamente mayor de padecerla, sobretodo si son prematuros, que han de vivir un tiempo en un medio hospitalario donde predominan gérmenes que pueden causar dicha enfermedad.

Peor desarrollo cognitivo

Diversos estudios han demostrado que el desarrollo intelectual de las personas que fueron alimentadas con biberón (la mayoría de adultos de hoy en día) es significativamente peor que el de los que fueron alimentados al pecho. Para hacer dicha relación se han eliminado factores de confusión como el nivel socioeconómico de los padres, por ejemplo.

En los bebés amamantados se observan mejores niveles de función cognitiva a los 6-23 meses, que en los que recibieron leche artificial. Dicha diferencia es más llamativa cuando se estudian bebés prematuros. Los beneficios en el desarrollo cognitivo son directamente proporcionales al tiempo que un bebé es amamantado.

Como digo, la mayoría de adultos de hoy en día fuimos alimentados con biberón. No es que tengamos ningún déficit por ello, sino todo lo contrario, si nos hubieran dado el pecho seríamos probablemente más inteligentes.

El vínculo afectivo

Seguro que todos habéis oído o leído que la lactancia materna ayuda a que se cree un vínculo afectivo sólido entre madre e hijo. Esto no quiere decir que la madre que da biberón no vaya a crearlo, sin embargo sí es cierto que, aquellos bebés que toman leche artificial están menos tiempo en contacto con sus madres y esto hace que haya más interferencias a la hora de vincularse.

El vínculo afectivo del que hablamos es la relación que se establece entre la madre y el bebé, que nada tiene que ver con el amor. Es decir, el amor entre madre e hijo es evidente. Aparece en el mismo momento en que la mujer sabe que será madre y se hace pleno cuando el bebé nace. El vínculo, en cambio, aunque depende del amor (sin amor, difícilmente habrá vínculo), puede llevar un camino diferente, ya que está más relacionado con el tipo de relación que se crea con el bebé.

Los bebés nacen todos con unas necesidades similares, que no quiere decir que todos tengan que ser tratados del mismo modo. Una madre acostumbrada a cuidar a su bebé de un modo que le resulta práctico, útil y eficiente podría fracasar estrepitosamente si tratara de hacer lo mismo con otro bebé de la misma edad. Esto quiere decir que todos los bebés tienen su personalidad propia, sus necesidades normalmente comunes, pero un modo de comunicarse propio que sólo su madre (o su padre) es capaz de llegar a comprender.

Esa relación de entendimiento, en que la madre comprende los sentimientos del bebé, sus requerimiento y lo que puede llegar a necesitar, a veces incluso antes de que lo pida, es lo que podría considerarse el vínculo afectivo entre madre e hijo. La madre siente que necesita atender a su hijo y de hecho quiere hacerlo y el bebé siente que necesita ser atendido y quiere que sea su madre la que lo haga. De este modo se crea una relación exclusiva en la que el bebé se siente amado y seguro y es capaz de crecer y desarrollarse de un modo placentero.

Dar el pecho a un bebé es, físicamente hablando, la unión de la boca del bebé, que viene de serie increíblemente desarrollada (tanto por la capacidad de succionar como por la capacidad de sentir placer con la succión e incluso como órgano de exploración – ya sabéis que los bebés se lo llevan todo a la boca para recibir información acerca de lo que han cogido), con el pecho de la madre. Hay quien ha llegado a llamar “placenta externa” al pecho de la madre, ya que una vez nace el bebé y se corta el cordón umbilical que le une a la placenta (interna), el bebé debe agarrarse al pecho para seguir alimentándose y para seguir unido al cuerpo que le ha gestado durante 9 meses, el de su madre.

Los niños que toman biberón tienen que cambiar el pecho materno por una tetina, perdiéndose dicho contacto piel con piel y alejando su cabeza y su cuerpo de los sonidos del cuerpo de su madre. Si tenemos en cuenta que los bebés que toman leche artificial se alimentan menos veces al día, porque tienden a estar 3 horas sin comer, entre toma y toma, podemos ver que el tiempo que están en brazos para ser alimentados es inferior que el tiempo que pasan con una madre que da el pecho. Si además tenemos en cuenta que no todos los biberones los da la madre, sino que muchas veces el padre u otros familiares se prestan a alimentar al bebé, el tiempo de contacto es menor todavía.

Por todo ello se concluye que los bebés alimentados con leche de fórmula tienen más difícil la consecución de un vínculo afectivo sólido con su madre, que es su principal cuidadora.

Fotos | Flickr – Alessandro Perilli, Szeto Clan, nateOne, Qole Pejorian
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