Siete señales que indican que sufres el síndrome de desgaste parental

Criar, sin duda alguna, es un trabajo muy duro, de disponibilidad 24x7x365, sin vacaciones y con una pregunta que aparece de vez en cuando respirando en tu nuca "¿lo estaré haciendo bien?".

Son tantas las exigencias a nivel físico y mental que entrañan la crianza, sumadas a las que provienen de nuestro trabajo y otras cuestiones personales, que pueden surgir momentos en los que la "cuesta arriba" se ve más empinada que nunca. Esta exigencia que muchas veces nos autoimponemos de rendir al 100% y de forma simultánea con todo, es el detonante perfecto del llamado "síndrome de desgaste parental".

¿Cómo sé que estoy sufiendo el síndrome de desgaste parental?

Son varias las señales que nos puede dar el cuerpo y la mente de que estamos sufiendo burnout. Genralmente el sentimiento de "no poder más" es una sensación inequívoca de que estamos inmersos en este problema, aunque existen otras señales que pueden encender las alarmas:

Sensación de agotamiento constante

Puede que duermas en la noche, pero en la mañana sientes que no has descansado lo suficiente. Es el producto de una acumulación de cansancio físico y mental debido a varias cuestiones (pocas horas de sueño, no logramos conciliarlo profundamente, a los despertares nocturnos cuando los niños son pequeños) y a la carga mental que se acumula día tras día.

Sensación de imposibilidad de disfrutar de la crianza

Este sentimiento puede surgir independientemente de las edad de tus hijos. No importa si son bebés y las noches en vela te están pasando factura, o si la adolescencia te está resultando todo un desafío.

Cuando sientes que la situación "te ha superado", es normal que no puedas disfrutar de esas pequeñas cosas que te dan tus hijos, y que sientas que te estás perdiendo de cosas bonitas por ese "bloqueo" que estás sufriendo.

Apatía y falta de ilusión

El síndrome de desgaste parental trae consigo una sensación de desasosiego que contagia todos los aspectos de nuestra vida. Nuestros hijos suelen ser el motor que nos mueve, y si ese motor está bajo de batería, podemos tener la sensación de que ya nada nos motiva.

Improductividad

Cuando nos encontramos frente a un episodio de desgaste parental, la mente está tan sobrecargada que puede resultar bastante difícil concentrarnos o enfocarnos en tareas de forma efectiva. La sensación de que la "lista de pendientes" crece sin parar agrava el problema y solo podemos pensar en como salir de ese bucle en el que estamos sumergidos.

Irritabilidad

Hablamos de irritabilidad cuando nos referimos a un estado emocional en el que una persona tiene un temperamento explosivo y se molesta o enfada fácilmente. Como consecuencia, hasta las cosas pequeñas pueden desencadenar reacciones hostiles, como gritos o malas caras.

Generalmente parece que nos encontramos en un estado de enfado constante, aunque en realidad estamos agotadas y nuestra mente solo puede reaccionar de esta forma.

Sensación de soledad

Una de las peores sensaciones que trae consigo la maternidad es la sensación de soledad y esta suele estar ligada a aquellos momentos en los que creemos que somos las únicas que sufrimos con determinadas situaciones (una lactancia que demanda muchas horas, noches enteras en vela, desacuerdos con la pareja en la forma de criar, etc.)

No exteriorizar lo que sentimos y pensamos agrava aún más el problema porque nos "encerramos" en un círculo vicioso del cual puede ser difícil salir sin ayuda.

Conflictos con la pareja

De forma frecuente, el desgaste parental termina siendo un problema que afecta a la pareja. Enfados, sensación de que el otro no nos entiende, que no trabaja tan duro como nosotros o que las cargas no son equitativas,

Lo más triste de todo es que es similar a una bola de nieve gracias a la culpa: cuanto más cansada estás, más culpable te sientes por no "saber gestionarlo" y el agotamiento mental termina de hacer todo el trabajo.

¿Qué hacer si estamos sufriendo del síndrome de desgaste parental?

  • Si estamos sumidas en esta situación, lo primero que debemos hacer es dialogar con nuestra pareja. Desahogarnos y abrir nuestro corazón es fundamenta para empezar ese "reseteo" que a veces necesitamos.
  • Ponte en tu lista de prioridades, porque muchas veces ni siquiera nos acordamos de incluir en la de "pendientes".
  • Trata de desconectar en un período de tiempo de todos aquellos distractores externos a tus hijos que te generan estrés (como trabajo o labores del hogar). Dedícate y dedícales tiempo para poder conectar de una forma natural.
  • Pide ayuda, ya sea a nivel profesional si crees que el problema está tomando unas dimensiones que no son normales, o con el cuidado de los niños para tomarte un descanso.
  • Toma un momento para reflexionar, preferiblemente sola y fuera de casa. Hazte preguntas del tipo ¿Qué me estresa en casa? ¿Qué quiero cambiar? ¿qué necesito de mi pareja? Puede ser sorprendente el efecto que tiene el sincerarnos con nosotras mismas para solucionar los problemas.
  • Se compasiva contigo misma. Aunque la teoría siempre nos dice que dejemos las culpas de lado, sé por experiencia propia que es muy complicado llevarlo a la realidad. Da siempre lo mejor de ti misma y quédate con eso: aunque el sentimiento de culpa aseche de vez en cuando, este es el antídoto perfecto para combatirlo.

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