Niños que se instalan en la queja: ¿cómo ayudarles?

Las quejas son uno de los recursos más comunes que utilizan los niños (principalmente los más pequeños) para expresar cuando sienten inconformidad, desagrado o están incómodos en alguna situación. Sin embargo, a pesar de ser un recurso perfectamente normal, esto puede llegar a convertirse en manipulación cuando los niños se instalan en la queja.

Así, en algunas situaciones es normal que los niños presenten quejas, pero, ¿qué sucede en los casos en los que la queja no está justificada o cuando se quedan enganchados en esta?

Es justo allí donde debemos intervenir para que la queja no se vuelva un hábito que le dañe, o un recurso para evadir sus responsabilidades, que utilice como medio para victimizarse.

Como padres, es importante conocer a nuestros hijos, entenderles y empatizar, y sobre todo, ser conscientes que muchas veces las cosas las hacen de una determinada manera porque no conocen otros modelos de actuación; ¡aún están aprendiendo! Así que primero de todo, paciencia y mucho amor.

Niños que se instalan en la queja: ¿por qué lo hacen?

Primero de todo, es importante entender que la queja forma parte del desarrollo de la personalidad de los niños y de su necesidad de reafirmación.

Así, si tu hijo se queja de vez en cuando no debes alarmarte ni buscar todos los medios posibles para que deje de hacerlo, pues se trata de la manera más sencilla en la que nos puede expresar cuando no se siente a gusto ante alguna situación o cuando está inconforme.

Pero debemos tener cuidado porque puede que en alguna ocasión nuestros hijos utilicen la queja para decirnos algo que no están sabiendo expresar con otras palabras.

Por ejemplo, si nuestro hijo se queja constantemente al momento de ir a clases, es posible que allí esté sucediendo algo que no le gusta y es probable que no sepa cómo decirlo, por lo que hará uso de la queja como recurso para demostrar inconformidad. Entonces es nuestro deber indagar siempre que nuestros hijos se quejen.

La queja es una estrategia habitual de regulación emocional; pero cuando esta se convierte en un hábito y los niños no logran "salir de ahí", es importante revisar estas conductas.

La queja como manipulación

Algunos niños descubren que mediante la queja constante pueden lograr obtener lo que ellos desean, entonces la convierten en un recurso imprescindible en su actuar diario. En estos casos no existen motivos que justifiquen la queja.

Suelen estar acompañadas de pataletas y reclamos, y si no son corregidas y acompañadas a tiempo seguirán escalando en intensidad. En muchos casos los padres ceden ante estas demandas para evitar los momentos desagradables, pero esto, aunque a corto plazo "frena" el momento desagradable, en realidad cronifica el problema (porque volverá a aparecer en el futuro).

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo?

Si tu hijo se queja constantemente sin razones para ello, y ha convertido esta forma de actuar como la única, hay algunas cosas que puedes hacer para ayudarlo a no instalarse siempre en la queja:

Predica con el ejemplo

Una de las cosas que muchas veces desatendemos es prestar atención a cómo nos comportamos frente a nuestros hijos; es importante recordar que ellos aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos que hagan, entonces debemos ser sus ejemplos a seguir.

Evita quejarte frente a tus hijos por cosas "no justificadas", o en exceso. Cuando se te presenten situaciones que te generen molestia o incomodidad, utiliza tus palabras para describirlo y busca la manera de actuar ante esto para hacerle frente y solventar. De esta manera tus hijos aprenderán que cuando algo no nos gusta, simplemente buscamos una solución en lugar de quejarnos.

Recuerda que eres uno de los modelos más importantes a seguir para tu hijo; intenta evitar reproducir aquellas conductas que no quieres que él imite.

La emoción es válida; el comportamiento no siempre lo es

Es importante que los niños entiendan que las emociones son lícitas y válidas, pero que deben encontrar la forma de expresarlas y canalizarlas adecuadamente.

Es totalmente sano que tus hijos sientan rabia, enfado, frustración, desagrado... sin embargo, deben aprender a canalizar estas emociones para evitar instalarse en la queja.

De esta forma, pueden por ejemplo ponerle palabras a la emoción que sienten, utilizar el dibujo, etc., en lugar de recurrir a la queja que muchas veces se acaba convirtiendo en victimización (lo que no es funcional ni adaptativo para ellos, y les acaba generando mayor malestar).

Sé empático y fomenta la gestión emocional

Permítete conectar emocionalmente con tu hijo a través de la empatía, y trata de comprender cómo se siente cuando se está quejando constantemente. Puedes hacérselo saber con tus palabras con frases como: ‘entiendo que te sientas frustrado por esta situación’, ‘puedo comprender que no te sientas bien al respecto’, etc.

Incluso puedes pedirle a tus hijos que te digan qué es lo que sienten; ayúdalos a buscar las palabras adecuadas para expresar sus sentimientos y pensamientos. Recuerda siempre mantener la calma en toda la situación, si estás calmado tu hijo se sentirá más calmado.

No fomentes el papel de víctima

Cuando tu hijo se queja evita conversar constantemente con él sobre la queja; puedes ayudarlo a poner en palabras a lo que siente, como te lo hemos explicado, pero no dediques tiempo a discutir sobre su queja, pues esto refuerza en él que tiene un papel de víctima dentro de la situación que ha ocurrido.

Entonces ¿qué podemos hacer? Ayudarlo a que piense de qué manera puede solucionar o cambiar las cosas que no le gustan o eso que le genera desagrado.

También es una oportunidad perfecta para enseñarles que no siempre tenemos el control de todo, y que debemos ocuparnos de las cosas que sí podemos cambiar.

Acompáñalo con amor en esos berrinches

Sabemos que esto en particular puede llegar a ser muy complicado de hacer, sobre todo cuando estamos en lugares públicos. Sin embargo, es importante que podamos acompañar de forma sana esas pataletas, rabietas o berrinches.

Sabemos que es una situación muy incómoda, pero recuerda que es algo temporal. Ante los berrinches del niño, quédate cerca y baja hasta su altura, quédate con él sin decir nada y espera a que se calme. Una vez que lo haga, abrázalo; es ahí cuando puedes hablar con él al respecto. Ayúdalo a poner en palabras lo que siente y explícale que comprendes que se sienta así pero que hay otras formas de expresarlo.

Fotos | Portada (Unsplash)

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