Cumpleaños y celebraciones en el colegio cuando hay alergias alimentarias

Según la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), entre un cuatro y un ocho por ciento de los niños en edad escolar en España tiene una o varias alergias alimentarias. Desgraciadamente, en los últimos años las cifras no han dejado de aumentar, por lo que es importante que los colegios tomen conciencia de ello.

Es precisamente en el colegio donde los niños pasan gran parte de su tiempo, y cuando son alérgicos alimentarios deben enfrentarse a situaciones potencialmente peligrosas para ellos, pero que pasan totalmente inadvertidas para el resto, como puede ser el almuerzo de media mañana, ciertas actividades lúdicas o educativas, celebraciones de cumpleaños y otras festividades, o el propio comedor escolar.

Cumpleaños y festividades

El otro día, mi hija tuvo su primera celebración de cumpleaños en el colegio. Un compañero cumplía años y para celebrarlo invitó a todos los amiguitos a un zumo sin lactosa y sin gluten.

Dejando a un lado el hecho de que los zumos envasados no son el tentempié más saludable para un niño, el hecho de que se eviten chuherías y repostería industrial o casera (que sigue vigente en muchas escuelas) me parece una medida muy acertada cuando hay alumnos con alergias alimentarias.

Mi hijo mayor fue alérgico a las proteínas de leche de vaca durante seis años. Seis largos años en los que vivimos todo tipo de situaciones en el colegio: desde problemas en el comedor, hasta marginación por parte del personal al cargo por su falta de formación en la materia, e incluso comentarios hirientes de otros padres que no entendían las quejas de las familias con niños alérgicos.

Cuando mi niño era pequeño, los cumpleaños de los alumnos los celebraban en clase con snacks salados que compraban los padres del cumpleañero, y en otras fechas señaladas como Navidad o festividades importantes, nunca faltaban los dulces y las chucherías.

En más de una ocasión, mi hijo se quedó sin celebrar el cumpleaños de su amiguito de clase porque la bolsa de patatas fritas que habían llevado no era apta para él. Y es que cuando te adentras en el universo de las alergias alimentarias, te das cuenta de que hasta una simple bolsa de aperitivos salados puede contener trazas y mi peque no toleraba las trazas de leche. ¿Solución? Apartarle de la celebración.

Durante sus primeras Navidades en el colegio, Papá Noel hizo una visita a los niños. Fue por todas las clases repartiendo caramelos e ilusión entre los peques del ciclo de Infantil. Cuando llegó a la clase de mi hijo, antes de repartir sus dulces, preguntó por los alumnos alérgicos alimentarios.

¿Y sabéis qué? Pues que cuando mi niño levantó la mano, Papá Noel le dijo que sintiéndolo mucho, para él no había caramelos. Así de cruel fue la situación que tuvo que vivir mi hijo, con tan sólo tres años, por culpa de la mala praxis de adultos que desconocen cómo actuar en este tipo de situaciones.

Mayor concienciación

Si hay algo que duele en el alma cuando tienes hijos alérgicos alimentarios es que, desde bien pequeños, tengan que ser testigos de este tipo de desplantes, de falta de tacto y de nula previsión por parte de los adultos por "culpa" de una condición de salud.

Porque tanto los cumpleaños, como la anécdota de Papá Noel, se hubieran solucionado buscando una alternativa apta para todos en la que no hubiera ningún tipo de distinción ni discriminación y que, de paso, fuera más saludable.

¿Qué tal celebrar un cumpleaños con serpentinas de colores y música para bailar en vez de hacerlo girar en torno a la comida? ¿Y si Papá Noel hubiera repartido un pequeño detalle simbólico (pegatinas, lápices de colores, un globo con forma de perrito de esos que gustan tanto a los niños...) en lugar de caramelos a unos y nada a otros?

Según publicó la asociación de alérgicos AEPNAA en su "Guía sobre alergias a alimentos y látex para centros educativos y comedores escolares", el 20% de las reacciones alérgicas ocurre en los colegios, según datos ofrecidos por la Academia Europea de Alergia e Inmunologia Clínica, y algunos de ellos están poco preparados para hacer frente a situaciones de emergencia.

Según la SEICAP en un artículo publicado el pasado mes de septiembre en su web, un 30% de los niños con alergias alimentarias ha denunciado en algún momento haber sido víctimas de bullying y acoso por su problema.

Ya vimos hace unos meses el terrible suceso que se vivió en un colegio de Londres con un alumno alérgico, por lo que es muy importante que desde la escuela se trabaje en adoptar medidas de prevención y educación que garanticen un entorno seguro para todos los niños y, en especial, para los alérgicos.

Y este entorno seguro para el alérgico empieza por la empatía, la información y la concienciación de profesores, monitores y personal al cargo.

Hace ya bastante tiempo que ocurrieron las situaciones que he contado y si de algo me he dado cuenta en estos años, es que el panorama social en torno a las alergias alimentarias está cambiando, afortunadamente

El número de alérgicos crece año tras año, y es importante adaptarse a esta realidad. A mi juicio, creo que hay más conciencia social por parte de padres, establecimientos hoteleros y escuelas, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.

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