Angiomas o hemangiomas en bebés y niños: por qué se producen y cómo se tratan este tipo de manchas en la piel

Casi un cinco por ciento de los niños padecen angiomas o hemangiomas (que algunas personas llaman "antojos"), manchas rojizas en la piel que generalmente no se ven en el momento del nacimiento, sino que aparecen en las primeras semanas de vida.

Aunque son motivo frecuente de preocupación y consulta por parte de los padres, los angiomas son benignos y en un porcentaje alto de los casos desaparecen de forma espontánea a lo largo de la infancia. Si tu peque tiene un angioma, te contamos todo lo que deberías saber sobre estos tumores vasculares benignos.

¿Qué es un angioma y por qué se produce?

Los hemangiomas son proliferaciones vasculares, es decir, un conjunto de vasos sanguíneos que crecen de forma anómala en la piel de los niños pequeños.

Este tumor benigno se da con relativa frecuencia en la infancia, y aunque pueden estar presentes desde el momento del nacimiento (entre un 1-3% de los casos), generalmente empiezan a hacerse visibles con el paso del tiempo, llegando a afectar a un 10% de los niños menores de un año.

Su incidencia es mayor en niñas que en niños, y también es más frecuente encontrarlos en bebés prematuros o con bajo peso al nacer, así como en caso de embarazos múltiples.

¿Qué apariencia tienen y dónde se localizan?

El angioma puede ser plano y presentarse como una mancha rosada o rojiza sin relieve (si es pequeña puede simular un pequeño entramado de capilares, como la foto de portada), o abultado, cuyo aspecto es una mancha roja con relieve, como la foto que podéis ver en la parte superior.

Se localizan en cualquier lugar del cuerpo, aunque es más frecuentes encontrarlos en la cabeza, la cara, el cuello y la nuca, seguido de extremidades y tronco. Más raramente afecta a superficies mucosas.

Habitualmente se trata de lesiones únicas, aunque en un 15-20% de los casos pueden ser múltiples.

Cómo evoluciona este tumor vascular benigno

Salvo algunos casos en los que su presencia es clara desde el nacimiento, el angioma comienza a manifestarse semanas o meses después como una pequeña manchita rosada que va aumentando de tamaño con el tiempo.

Su crecimiento es rápido, con una duración que varía entre los tres y los nueve meses. Luego entra en una fase de estabilización y finalmente se produce la regresión, desapareciendo casi siempre y sin dejar prácticamente señal de su existencia.

En un 30% de los casos el angioma desaparecerá antes de los tres años del niño, en un 50% lo hará antes de los cinco, y en un 70% antes de los siete años. En edades adultas es muy raro encontrar este tipo de tumor benigno.

Un tipo especial de angioma o hemangioma plano son las manchas tipo "vino de oporto" por su particular color rojo oscuro o púrpura. Son áreas de la piel extensas y lisas de formas irregulares provocadas por un exceso de vasos sanguíneos bajo la piel. Estas manchas no desaparecen sin tratamiento. Pueden ser extirpadas por un cirujano plástico o un dermatólogo pediátrico cuando el niño sea mayor.

¿Son peligrosos los angiomas?

La Asociación Española de Pediatría calcula que solo en un 1% de los casos los hemangiomas pueden suponer un peligro, aunque en su fase de crecimiento algunos pueden ocasionar complicaciones locales, especialmente en el caso de los hemangiomas faciales de gran tamaño.

Muy raramente, los hemangiomas afectan a otros órganos viscerales.

¿Qué hacer si mi hijo presenta un angioma?

Ante la presencia de una mancha en la piel de tu bebé es importante llevarle al pediatra para su valoración. En la mayoría de los casos, su aspecto determinará el diagnóstico, aunque puede haber casos especiales en los que su localización aconseje puebas de imagen complementarias, con el fin de valorar la afectación de órganos internos o descartar malformaciones asociadas.

Como hemos comentado, en la mayoría de las ocasiones los angiomas desaparecen espontáneamente, por lo que en ausencia de compromiso de estructuras vitales se recomienda una actitud expectante, y solo en determinados casos se recomienda tratamiento:

  • Si se localizan en el ojo o la boca, y entorpecen la visión o la alimentación
  • Si se ulceran y producen hemorragias
  • Si hay riesgo de dejar secuelas estéticas considerables
  • Si hay afectación de órganos internos

Fotos | iStock, Pixabay

Vía | En Familia

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