Mi hija ya no es un bebé y tengo mil sentimientos encontrados

Hay una frase, cuyo autor desconozco, que considero define a la perfección cómo es la maternidad o mejor dicho, la vida con niños pequeños: los días son largos, pero los años son cortos. Y es que tiene tanto de cierto.

Los primeros años, con todas esas desveladas y el ocasional berrinche pueden parecernos eternos, pero entonces un buen día nos damos cuenta que nuestros hijos han crecido, y en realidad, los años han sido muy cortos. Así que hoy te comparto una pequeña reflexión, en la que me doy cuenta que mi hija ya no es un bebé y tengo mil sentimientos encontrados.

A veces, si lo pienso con mucho detenimiento y permito que mi memoria haga su parte, aún puedo verme con esa barriga de embarazada cuando estaba esperando a mi hija. Es curioso cómo durante el último trimestre estaba desesperada porque naciera mi hija, pero los siguiente meses aún me tocaba la barriga esperando sentirla ahí.

Recuerdo esas primeros meses llenos de noches de desvelo, llenas de dudas y temores que me parecen como un sueño muy lejano. Ahora me cuesta creer que mi hija de casi cinco años alguna vez fue una recién nacida, pequeñita e indefensa, que dependía para todo de mí.

A pesar de que seguramente me sentía muy cansada, agobiada y temerosa en aquel entonces, casi no recuerdo nada de eso. Lo que sí está muy presente en mi memoria, es esa bebé que dormía a mi lado, se alimentaba de mi pecho y me regalaba sonrisas y me respondía con pequeños ruiditos cuando le hablaba tiernamente.

Hoy esa bebé, es una niña alta, preciosa e inteligente, que juega, ríe, canta y pasa el día corriendo y parloteando de absolutamente todo lo que ve y le sucede. Y todo eso me hace preguntarme: ¿en qué momento creciste tanto, bebé? Y es ahí, cuando me invade una ola de emociones y sentimientos, porque la maternidad no solo me ha hecho más fuerte y paciente. También me ha hecho muy cursi y romántica.

Por un lado, estoy muy feliz y orgullosa de ver que cada día mi hija crece y se desarrolla sanamente, convirtiéndose poco a poco en una niña más independiente, fuerte e inteligente. Pero no puedo evitar extrañar a esa bebé que alguna vez fue.

Esa pequeña personita que llegó a transformar la vida de toda la familia, despertando en mí un amor que no conocía y abriéndome los ojos a fortalezas y capacidades que no sabía que tenía. Ella me enseñó el valor de las pequeñas cosas: una sonrisa, un abrazo, un suspiro, unos pasitos temerosos.

Cuando era bebé, cada cosa nueva era todo un acontecimiento para ella y cada logro se volvió digno de toda una celebración de la que me hace parte. Aún hay cosas que lo son, pero ya no se sorprende como antes y ya, pues ahora veo también le gusta aprender y memorizarlo todo.

Todo eso me hace muy feliz, pues verla crecer me llena de satisfacción. Pero también, a veces siento que me invade una tristeza inmensa, porque sus abrazos, que antes eran largos y prolongados, ahora son más cortos y apresurados. Y eso me rompe el corazón, porque me hace darme cuenta que mi bebé, ya no es bebé.

Y me duele un poco saber que aunque siempre nos amaremos, nunca volverá a ser como ahora que aún es pequeña. En estos primeros años, me ha regalado el amor más puro, tierno y sincero, ese que solo los bebés y niños pequeñitos son capaces de darnos.

Recuerdo cuando aún no dormía la noche completa y rogaba al cielo que pronto creciera, para que yo pudiera descansar mejor por las noches y no sentirme como zombie al día siguiente. Ahora ella duerme tranquilamente toda la noche, sin necesitar que mamá la tenga en brazos.

Todavía hacemos colecho (y lo seguiremos haciendo hasta que ella ya no quiera), y a veces, cuando está dormida a mi lado, le abrazo y susurro al oído: "por favor, ya no crezcas, ¿si?" Lo más precioso de todo, es que pareciera que me escucha, porque me abraza con ese apego tan lindo que tienen los niños.

La realidad es que nuestros hijos serán pequeños solo una vez, pero seguirán necesitando de nosotros toda su vida. Así que quizás ya no tenga una bebé, pero sí tengo una hija que aún me necesita y para la que tengo mucho amor para dar.

Así que haré lo mejor posible y disfrutaré cada etapa con las cosas buenas que trae, aunque sienta cómo se me apachurra un poco el corazón al ver esas fotos de bebé, que las redes sociales se encargan de recordarme cada cierto tiempo.

Antes de tener a mi hija, nunca imaginé que "contradictoria" sería una palabra con la que podría definir la maternidad. Porque aunque muchas veces queremos que crezcan y se hagan mayores, al mismo tiempo deseamos que sigan siendo siempre nuestros bebés.

Y para las madres que aún tienen bebés de brazos, les digo lo siguiente: aprovecha esta etapa. Huele su cabello, acaricia sus piecitos, cógelo en brazos, besa sus manitas y ámalo con todas tus fuerzas. Guarda en tu memoria cada una de estas cosas, porque aunque seguirán más cosas sorprendentes y hermosas, el tiempo vuela, y un día las extrañarás.

Foto | Pexels, @unamamamillennial

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