Uno de cada cuatro adolescentes ve porno antes de los 13 años: qué podemos hacer los padres

El acceso a Internet a contenido adulto es algo que se está dando cada vez con más frecuencia entre niños y adolescentes. Esta creciente realidad preocupa mucho a los padres, pues consumir pornografía a ciertas edades, sin filtros, sin contexto y sin control puede tener importantes repercusiones en la vida de nuestros hijos.

Según el estudio "Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales", elaborado por la Red Jóvenes e Inclusión Social y la Universitat de Illes Baleares, uno de cada cuatro niños menores de 13 años ve porno, y el primer acceso a este tipo de contenidos se produce de forma esporádica a los ocho años. ¿Qué podemos hacer los padres para evitarlo?

Nuestros adolescentes acceden a contenido pornográfico cada vez más temprano

El estudio se llevó a cabo a partir de una encuesta realizada a 2.500 jóvenes de entre 16 y 29 años, y ha arrojado datos muy preocupantes sobre el consumo de porno entre niños y adolescentes.

Según ha explicado el coautor de la investigación, Lluís Ballester, este fácil acceso a la tecnología móvil está provocando que tanto niños como niñas tengan su primer contacto con visualización de pornografía a los ocho años. Y aunque se trata de casos esporádicos y en muchas ocasiones accidentales (el niño no va buscando contenido pornográfico), no dejar de ser un dato alarmante.

Aunque el interés por el sexo y la pornografía en la adolescencia no es algo exclusivo de la época actual, el problema al que nos enfrentamos hoy en día radica en los efectos que se producen por el cómo y cuándo acceden los niños a estos contenidos.

Y es que el hecho de que casi el 70% de los niños de entre diez y 15 años tenga su propio móvil facilita el acceso a contenido adulto de manera cómoda, rápida, anónima y sin ningún tipo de filtro. Pero la falta de madurez que tienen los niños y adolescentes a la hora de ver e interpretar el porno, puede hacerles creer que las relaciones sexuales son como ven en las pantallas, llegándoles incluso a condicionar.

No en vano, la investigación ha determinado que la visualización de pornografía repercute, en gran medida, en las actitudes sexuales de los adolescentes, pues un 47,7% de varones y casi un 40% de mujeres admite haber incrementado "ocasionalmente" las conductas de riesgo, como la práctica de sexo sin preservativo o las relaciones en grupo y con desconocidos.

¿Por qué lo hacen?

La adolescencia es una etapa especialmente relevante en lo que a materia sexual se refiere. Aunque a esta edad lo habitual es que nuestros hijos ya tengan unos conocimientos generales sobre el sexo, es normal que quieran saber más y busquen información para saciar su curiosidad, si bien en ocasiones el canal elegido puede no ser el adecuado.

Según el estudio, los motivos que llevan al consumo de pornografía entre los adolescentes son:

  • Masturbación (62,4% ellos, y 25,3% ellas)
  • Saciar su curiosidad (45,4% ellos, y 34,7% ellas)
  • Aprender sobre sexo (33% ellos, 17,4% ellas)

Y este último punto es el que preocupa especialmente, pues en la mayoría de los casos nuestros hijos no nos tienen en cuenta a la hora de preguntarnos sus dudas, y esto es algo que debemos intentar cambiar desde la educación sexual temprana y la comunicación fluida y natural con ellos.

¿Y qué podemos hacer los padres?

En primer lugar, los padres debemos estar muy pendientes de los contenidos a los que acceden nuestros hijos a través de sus móviles, ordenadores o tablets. Y es que, aunque las nuevas tecnologías pueden convertirse en excelentes recursos para el día a día y la educación, también tienen su lado negativo, como estamos viendo.

Por ello, es importante una correcta educación en su buen uso desde muy temprana edad, así como la instalación de sistemas de control parental, y un uso del móvil y ordenador pactado (sin contraseñas, horarios limitados y con libre acceso por nuestra parte a las páginas que visitan).

Pero en este punto debemos tener muy clara la diferencia entre "prohibir" y "educar", pues si únicamente prohibimos o restringimos el uso de tecnología desde casa, lo único que conseguiremos es que nuestros hijos no accedan a contenido pornográfico en el hogar, pero podrán hacerlo desde casas de amigos y ordenadores públicos. De ahí la importancia de acompañar estos controles con un correcta educación en el uso de las TIC.

Otro aspecto fundamental es la educación afectivo-sexual de calidad y desde el primer instante de sus vidas. Porque si esperamos a la adolescencia para tener una conversación con ellos sobre sexo, lo más probable es que se cierren y no quieran escucharnos, pues la confianza no se gana de un día para otro.

Si con los años hemos logrado crear un contexto de confianza con nuestros hijos, en donde hablamos con naturalidad y sin tabúes ni eufemismos acerca de cualquier tema, es más probable que confíen en nosotros a la hora de plantearnos sus inquietudes y estén más receptivos para escuchar nuestros consejos en materia de sexo.

Fotos | iStock

Vía | Público

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