Antes me agobiaba por cosas que no dependían de mí. Gracias a este truco aprendí a fluir y ahora soy más feliz

A veces nos encontramos luchando contra corrientes que parecen incontrolables, sumidos en preocupaciones que, al final del día, no dependen realmente de nosotros. Y es que, invertir nuestra energía en tratar de cambiar cosas que escapan a nuestro control, es agotador y frustrante.

A mí también me pasaba, hasta que descubrí un sencillo truco para aprender a invertir mi energía solo en aquello que sí podía cambiar y organizarme mejor: el truco de las tres columnas.

El truco de las tres columnas para aprender a soltar

Para aplicar este sencillo -pero efectivo truco- puedes hacer lo siguiente: coje una hoja de papel en horizontal y haz tres columnas, divididas en:

  • Lo que depende de mí. En la primera, vas a apuntar todo lo que depende de ti. Todo aquello sobre lo que sí tienes control.
  • Aquello en lo que tengo influencia. En la segunda, anota cosas en las que tienes influencia pero que no dependen de ti al 100%.
  • Lo que escapa a mi control. En la tercera, apunta aquellas cosas que no dependen de ti, que escapan a tu control.

La idea es invertir tu energía y esfuerzos solo en la primera columna, un poco en la segunda, y nada en la tercera (esta deberemos aprender a soltarla). Ahora vamos a aplicarlo a través de ejemplos.

*Variante del truco. Puedes hacer el mismo ejercicio pero, en lugar de usar columnas, hacer círculos concéntricos; haz un círculo grande, y dentro del mismo, otro, y dentro de ese, otro. El círculo del centro será tu zona de control; el siguiente, tu zona de influencia, y el más externo, tu zona de no control.

Ejemplo práctico de la técnica de las tres columnas

Imagina que estás planificando un evento importante. Antes de descubrir este truco, es probable que te hayas preocupado por todos los posibles contratiempos, incluso por aquellos que están fuera de tu control. ¿El clima? No depende de ti. ¿La respuesta de los demás? Tampoco.

Al aplicar la estrategia de las tres columnas, te das cuenta de que la fecha, la elección del lugar y la organización son aspectos que dependen de ti. Por otro lado, las condiciones meteorológicas y las reacciones de los demás están fuera de tu control.

Y, por su parte, respecto al ambiente que se genere el día del evento, en parte sí tienes influencia (por ejemplo, si escoges una música tranquila, si mantienes buena actitud ese día...), pero no depende de ti al 100%. Esta simple pero efectiva distinción te permite dirigir tu energía hacia acciones concretas y reducir el estrés innecesario.

Cómo apliqué este truco en mi día a día

Ahora, hablemos del día a día. ¿Alguna vez te has sentido abrumado por la cantidad de tareas pendientes? Antes de incorporar este truco, es posible que hayas sentido la presión constante de querer controlar cada aspecto de tu vida.

Al realizar tu lista de las tres columnas, te das cuenta de que el tiempo dedicado a trabajar en tus metas, tu actitud y tu esfuerzo son factores bajo tu control.

Sin embargo, la opinión de los demás sobre tu trabajo o las circunstancias inesperadas son aspectos que escapan a tu influencia directa. Y respecto a la relación con tu jefe, por ejemplo, sí puedes tener influencia (con tu actitud, acciones...), pero no control absoluto. Al centrarte en lo que depende de ti, experimentarás una sensación de empoderamiento y mayor satisfacción personal.

Relaciones y trabajo: liberarse de la carga

La aplicación de este truco también puede transformar la manera en que te relacionas con los demás. Considera la situación en la que te sientes frustrado por la falta de colaboración de un colega en un proyecto. Antes de aprender a soltar, podrías haber cargado con la responsabilidad total de la situación.

Sin embargo, al dividir las columnas, te das cuenta de que tu compromiso, tu comunicación y tu enfoque en el trabajo en equipo dependen de ti. La actitud y las acciones de tu colega, por otro lado, están fuera de tu control.

Y el resultado final del proyecto depende en parte de ti (zona de influencia) pero no al 100%. Igual que en el caso anterior, al liberarte de la necesidad de influir en cada aspecto, experimentas una nueva libertad en tus relaciones profesionales.

Esfera personal

Vamos un paso más allá y apliquemos este truco a la esfera personal. Supongamos que te sientes constantemente frustrado por la falta de comprensión de un ser querido. Antes de este enfoque, podrías haber intentado cambiar sus perspectivas o reacciones (en vano).

Sin embargo, al crear tu lista de las tres columnas, te das cuenta de que tu comunicación, tu empatía y tu disposición para comprometerte dependen de ti. Las reacciones y decisiones de los demás, por otro lado, están más allá de tu control directo.

Pero, en cambio, sí tienes influencia en el hecho de que el otro sepa, al menos, qué te ocurre, lo que aumenta la probabilidad de que te entienda mejor (aunque no lo asegure) (esta es la zona de influencia). Al aceptar esta realidad, puedes construir relaciones más saludables y liberarte de la carga emocional de intentar cambiar a los demás.

Abrazar lo que es y soltar lo que no puede ser

Este truco de las tres columnas conlleva abrazar la realidad (a veces dolorosa y frustrante) de que no podemos controlar todo en nuestras vidas. Al hacer una distinción clara entre lo que depende de nosotros, aquello en lo que influimos y aquello en lo que no podemos decidir ni influir, ganamos una perspectiva más realista y una sensación de paz interior.

Este enfoque no solo mejora nuestra autoestima al reconocer y enfocarnos en nuestras capacidades, sino que también fortalece nuestras relaciones al permitirnos soltar expectativas poco realistas. Te animo a probarlo, ¡a mí me funciona!

Fotos | Depositphotos

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