Estos son los siete momentos en los que no deberías darle pantallas a tus hijos

Creo que aún no somos del todo conscientes de los efectos que puede traer las pantallas al desarrollo de los niños. Esta es la primera generación que se está criando con dispositivos de los que brota información y entretenimiento sin cesar y con una inmediatez que los que somos ahora padres y abuelos, no tuvimos.

Aunque aún queda mucho por observar e investigar en este sentido, creo que hay momentos en el día a día de un niño que muy sensibles y que requieren de toda su atención para que los procesos que atañen a su madurez física y emocional tengan lugar con normalidad, y en los cuales los móviles pueden actuar como una barrera.

Obviamente para lograr que los niños (especialmente los más pequeños), no pidan el móvil para todo, es fundamental que los adultos demos un buen ejemplo, criando de una forma consciente y dejándolo de lado las cuando estamos con ellos. No es posible inculcar una rutina en la que las pantallas no sean imprescindibles, si nosotros mismos no podemos despegarnos de ellas.

¿En qué momentos deberíamos evitar darle pantallas a los niños?

Imagen | freepik

Para comer

Todos sabemos que cuando comes frente a una pantalla, lo haces de forma mecánica, sin saborear la comida ni disfrutar del momento. Exactamente eso ocurre cuando les damos a los niños un móvil, tablet o encendemos la tele a la hora de la comida: se corta toda conexión con lo que realmente está sucediendo en ese momento, el disfrute de la comida, de la compañía y la construcción del hábito de alimentarnos de forma consciente.

Cuando tienen una rabieta

Las rabietas hacen parte de la construcción de la personalidad del niño. Es una forma que tienen de comunicar su frustración y los padres no siempre sabemos manejar el momento de forma positiva y respetuosa. Uno de esos errores comunes en los que solemos cometer los adultos es "chantajearle" para que la dejen, ignorando los motivos y perdiendo la oportunidad de darles herramientas para que aprendan a gestionar sus emociones.

Cuando te dicen que se aburren

Aburrirse es totalmente necesario porque ayuda a desarrollar la creatividad y autonomía de los niños,  brindándoles un valioso espacio para buscar soluciones y alternativas por sí mismos, algo que les será muy útil en la vida adulta. Si acallamos su aburrimiento con una pantalla, estamos perdiendo una grandiosa oportunidad de cultivar el interés por explorar el mundo a su alrededor.

Antes de dormir

Está comprobado que las pantallas son enemigas del buen sueño infantil, de modo que, si queremos que duerman bien, lo mejor es mantenerlos alejados de ellas en ese periodo.

Cultivar una buena higiene del sueño es algo muy beneficioso para todos, y eso pasa por establecer una rutina que conduzca a un estado de relajación para conciliar mejor el sueño y que este sea reparador: tomar un baño calentito, cenar de forma equilibrada, leer un libro e ir bajando progresivamente la intensidad de la luz a medida que se acerca la hora de ir a la cama.

Cuando están aprendiendo a dejar el pañal

Las pantallas distraen la mente de los niños y dificulta el que conecten con cualquier actividad adicional que quieran realizar. Un ejemplo de ello es aprender a dejar el pañal: el control de esfínteres es un proceso en el que el niño debe tomar conciencia de su cuerpo, incluso cuando ya están sentados en el orinal.

Por eso si deben esperar un ratito, es conveniente acudir a juegos para aprender a dejar el pañal y no a las pantallas, porque de esa forma lo harán de una forma mucho más consciente y efectiva.

Cuando están con otros niños

En este mundo hiperconectado, cada vez es más frecuente ver a grupos de adultos reunidos, pero cada uno inmerso en su móvil, atendiendo de una forma entusiasta su vida 2.0, mientras se olvida de la real. Aterra más aún que ya lo estemos haciendo con los niños, cuando lo normal es que si están en grupo, quieran jugar jugar. Deberíamos alejarnos un poco de la comodidad que brinda el móvil para entretenerles y dejar simplemente que los niños hagan cosas de niños.

Cuando están paseando

Muchos adultos estamos olvidando la sana costumbre de observar: cuando caminamos, cuando nos sentamos a tomarnos un café, o cuando tenemos que esperar el metro. Esa simple acción nos conecta con el mundo y la realidad que nos rodea.

¿Pero qué pasa cuando le damos una pantalla a un bebé que va en cochecito, o un niño que va en el transporte público? Sin duda es un momento en el que no lo necesitan, porque pueden entretenerse e incluso aprender de las cosas que ven en la calle, como saber cuál es el camino a casa, donde está la panadería o donde está el parque más cercano. No les quitemos a los niños esa maravillosa herramienta que ofrece la observación de su entorno.

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