Estos son los principales cambios físicos que experimentan los niños antes y durante la adolescencia

La adolescencia es la etapa de la vida siguiente a la infancia, que se caracteriza por una serie de cambios físicos, psicológicos y sociales orientados a la adquisición de la identidad propia y a la preparación para la vida adulta.

Según la OMS, esta etapa se situaría entre los 10 y los 19 años. Y es que no hay una edad fija para todos los niños, pues cada uno va desarrollándose y experimentando estos cambios de acuerdo a sus propios ritmos. Hoy queremos centrarnos en los cambios físicos que los niños y las niñas experimentan conforme se van acercando a la adolescencia.

El "estirón" puberal

Uno de los principales cambios físicos que notamos los padres cuando nuestros hijos comienzan a adentrarse en la pubertad es su rápido crecimiento, que les hace ganar en torno a un 25 por ciento de la talla que tendrán de adultos, y un 40 por ciento de su peso final.

La edad a la que se produce el estirón varía en función del sexo. De este modo, es frecuente que en las niñas tenga lugar entre los ocho y los 13 años, y en los niños entre los nueve y los 14 años. Pero en ambos casos el crecimiento se desarrollará a lo largo de dos, tres o cuatro años.

Cabe destacar también que este crecimiento no es proporcionado, pues lo primero que crecen son las extremidades inferiores y los pies, seguidos del tronco, las extremidades superiores y por último la cabeza. Esto puede conferir al niño un aspecto desgarbado durante un tiempo.

La talla que llegue a alcanzar el niño al final de esta etapa dependerá en un 75-80 por ciento de factores genéticos, y en un 20-25 por ciento de factores ambientales, como la alimentación, el ejercicio físico o el nivel socioeconómico.

El crecimiento cesa en cada niño a una edad variable, pues dependerá del momento en que se inició y de la rapidez o lentitud de su progresión. Según la Asociación Española de Pediatría, en condiciones normales, la media de edad a la que cesa el crecimiento en los varones es a los 21 años y en las mujeres a los 17 años.

Las hormonas sexuales

Al comenzar la pubertad, el cuerpo comienza a fabricar hormonas sexuales responsables de los cambios físicos que experimentarán los niños y niñas en esta etapa de su vida, y que empiezan a manifestarse de manera progresiva a partir de los ocho años en las chicas, y de los nueve o diez años en los chicos.

Las hormonas implicadas directamente en la sexualidad son los estrógenos, la progesterona y la testosterona. Todas ellas se encuentran en ambos sexos, pero con distintos niveles de concentración, siendo los niveles de testosterona más altos en el hombre, y los de estrógenos y progesterona más altos en la mujer.

Los cambios que se producen en el niño

  • Cambios es los testículos: el escroto se oscurece, se modifica el aspecto de la piel y crecen de tamaño. Estos cambios suelen producirse entre los nueve y los 11 años.

  • Aumenta el tamaño del pene y comienza la producción de esperma. Aunque las erecciones espontáneas son normales en los niños desde su nacimiento, en esta etapa de la vida, por efecto de las hormonas, pueden presentarse de manera más recurrente.

  • Aparece el vello púbico, facial y axilar. También aumenta el vello en las piernas, brazos y resto del cuerpo.

  • La voz comienza a cambiar su timbre, y aunque al principio es normal que falle y parezca descontrolada, pronto adoptará un tono más profundo y grave. Esto se debe al crecimiento de la laringe y al alargamiento de las cuerdas vocales.

  • Aumenta la sudoración, y el olor corporal también cambia. Esto es debido a que las glándulas de las axilas, ingles, palmas de las manos y plantas de los pies producen un sudor con más grasa, provocando cambios en su olor.

  • La piel se vuelve más grasa, siendo frecuente la aparición de acné facial, granos en la espalda y cabello graso.

Los cambios que se producen en la niña

  • Desarrollo mamario: los pechos comienzan a inflamarse y la zona del pezón se endurece. Este es el primer cambio que se presenta en las niñas (entre los ocho y los 13 años) y anuncia el inicio de la pubertad. A partir de este momento, el pecho irá creciendo y cambiando de forma hasta tener el aspecto de la mujer adulta.

Según podemos leer en este artículo de la Asociación Española de Pediatría, al principio es normal que el crecimiento de los pechos sea asimétrico, así como que la niña muestre cierta sensibilidad o dolor al tacto y roce de la ropa.

  • Aparece vello en el pubis, que con el tiempo irá aumentando y haciéndose cada vez más oscuro y grueso. También aparece vello en las axilas y crece el pelo del resto del cuerpo.

  • Al igual que en los varones, también aumenta la sudoración, cambia el olor corporal y la piel y el pelo se vuelven más grasos, propiciando la aparición de acné.

  • El cuerpo comienza a cambiar, se redondea el abdomen, las nalgas y los muslos, y las caderas se ensanchan.

  • Aparece el flujo vaginal, que será la antesala de la primera regla.

  • La primera menstruación suele aparecer entre año y medio y tres años después de empezar con el aumento del pecho, es decir, en un rango de edad comprendido entre los nueve y los 16 años, según cada niña. Es normal que las primeras reglas sean irregulares, o incluso tener más de una al mes.

Al igual que siempre decimos cuando hablamos de los hitos del desarrollo del bebé, cada niño es único y evoluciona según su propio ritmo. Por eso, es perfectamente normal que en los últimos años de Educación Primaria y primeros años de Secundaria, nos encontremos con muchas desigualdades en el aspecto físico de chicos y chicas, pues habrá quienes aún no hayan comenzado a desarrollar, quienes acaben de empezar y quienes ya estén en la fase final.

Tratar los cambios con naturalidad

Los cambios físicos durante la adolescencia pueden vivirse desde el miedo y la preocupación, al igual que cualquier otro cambio que podamos experimentar a lo largo de nuestra vida. Además, como cada niño llevará un ritmo de desarrollo diferente, es normal que tiendan a comparar su imagen con la de sus iguales y esto pueda genearles cierta inquietud al verse diferentes.

Por eso es muy importante hablar con nuestros hijos de manera positiva sobre sus cuerpos, explicarles de forma natural la "metamorfosis" que están sufriendo, y acompañarles emocionalmente en este camino de cambios.

Recordemos, además, la importancia que tiene que nuestros hijos continuen practicando ejercicio físico de manera regular, lleven unos hábitos de vida saludables y cuiden su alimentación.

Fotos | iStock

Vía | En Familia - AEP

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