Si los abuelos viven lejos

Cuando llega un bebé a la familia, normalmente los abuelos que viven lejos se desplazan, tarde o temprano, a ver al recién nacido. Si los abuelos viven cerca, es habitual que no esperen demasiado, incluso que acompañen al hospital antes de que nazca el bebé y después, la relación con el bebé es continua.

Pero, si los abuelos viven lejos, una vez pasados los primeros meses la relación con los nietos es más distante, normalmente muy a su pesar. Por ello los padres no debemos olvidar que esos abuelos también necesitan sentir al bebé cerca (del mismo modo que el contacto del bebé con ellos será beneficioso para el pequeño), y podemos ayudarles a ello en la medida que consideremos adecuada.

¿Qué podemos hacer para que esa relación con los abuelos no decaiga?

Viajamos para visitarlos

Depende de la distancia, podremos viajar nosotros más o menos a menudo a visitarlos, siempre que tengamos un espacio adecuado donde instalarnos.

Viajar con un bebé no supone demasiado problema una vez estamos decididos a hacerlo, y al segundo viaje todo parecerá pan comido, ya sean 100 kilómetros en coche o 500 en avión. Es cuestión de una buena planificación, paciencia ante los imprevistos y sobre todo cuestión de práctica.

Pero también hemos de pensar en nuestro destino. ¿Los abuelos nos quieren en su casa? Probablemente sí, pero a nosotros nos puede parecer que el espacio no es suficiente o adecuado, por lo que habremos de considerar otras alternativas de alojamiento (otra casa, un hotel...).

Vienen a visitarnos

También podrían venir ellos a nuestra casa, depende de la edad, de su salud, de sus posibilidades y además de lo dispuestos que estemos a que se instalen en nuestra casa. También depende del tiempo de la estancia, no es lo mismo pasar un fin de semana juntos que todo un mes.

En ocasiones, si consideramos que, o bien es demasiado pronto para que se instalen con nosotros, o bien es demasiado tiempo, o tenemos poco espacio, o simplemente queremos conservar nuestra intimidad en el hogar, es preferible hablarlo con ellos, razonarlo y llegar a un acuerdo. Lo mejor es que sea el hijo o hija el que, con confianza y sinceridad, les aclare la situación.

Viajar en familia

Una experiencia muy enriquecedora es el viaje en común: una vez nos hemos reunido, salir juntos a un destino diferente, hacer turismo en familia. Se trata de una situación excepcional y no siempre es posible, pero por experiencia propia puedo decir que es muy positiva, siempre que se esté de acuerdo en el tipo de viaje y que estemos acostumbrados a viajar con el bebé. Hacer un "experimento" de salida en "gran grupo" podría no resultar bien.

Pero reunirse en casa de unos o de otros o salir de viaje no siempre es posible, así que hay otras formas de hacerles sentir cercanos.

Bebé al habla, ¿dígame?

Por supuesto, el teléfono. Al principio las llamadas pueden ser más frecuentes, incluso podrían resultar demasiado insistentes en algunas ocasiones, pero habitualmente con el tiempo esto se regula por ambas partes. Cuando el nieto o nieta empieza a hablar, ya pueden mantener esas conversaciones con los abuelos tan gratificantes para ambas partes.

Vídeos, grabaciones, fotografías

Hoy día, muchos son los abuelos que manejan las nuevas tecnologías, e incluso muchos aprenden con la llegada de los nietos. Mandarles vídeos, grabaciones y fotografías, ya sea vía Internet o por correo, siempre les alegrará. Las webcams cada vez están más a la orden del día, y es un modo de que vean al bebé "en vivo y en directo".

Las primeras palabras del bebé, su primera sonrisa, los primeros gateos, la primera papilla, los primeros pasos, el primer baile... son experiencias que los padres vivimos intensamente y que a ellos les encantará compartir, aunque sea a la distancia. Por supuesto, esto también es válido en el caso de las ecografías, antes de que nazca el bebé.

Y si las tecnologías no son lo suyo, siempre queda el tradicional correo postal. El caso es hacerle llegar esos detalles que les alegrarán.

Así que la distancia de los abuelos no es impedimento para que se sientan cercanos al bebé, y que el pequeño aprenda todo lo que ellos tienen que ofrecerle. En ello hemos de poner empeño sobre todo los padres, que a veces, absorbidos, nos olvidamos de los mayores. La familia, al fin y al cabo, nos enriquece a todos, y a pesar de que las relaciones no siempre son tan idílicas como en los cuentos, siempre hay maneras de hacerlas más agradables.

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