La piel del bebé en verano: dermatits atópica

Al llegar el verano nuestras costumbres suelen variar bastante porque las rutinas del resto del año se ven afectadas. Viajamos a otros lugares y llegamos a temperaturas muchas veces excesivas ya no sólo para los adultos, sino también para nuestros hijos.

Una de las partes del cuerpo que más debe cuidarse en verano es la piel, básicamente porque es la que entra en contacto tanto con el sol como con el agua de las piscinas y el mar. Si nuestros hijos además padecen dermatitis atópica, puede ser interesante saber qué podemos esperar de dicha enfermedad y cómo podemos tratarla.

¿Qué es la dermatitis atópica?

Antes de entrar en materia quiero dejar claras las bases para que todo padre y toda madre sepan qué es la dermatitis atópica y qué no lo es. La dermatitis atópica es una enfermedad de la piel que se manifiesta con sequedad, lesiones enrojecidas y descamadas, que pican bastante (aunque cuando son bebés les pueden picar menos) y que solemos llamar eccemas. Es la enfermedad de la piel más común en los niños: casi 1 de cada 5 niños la padece.

Es una enfermedad que suele debutar en la etapa de lactante, alrededor de los 4-6 meses de edad, aunque también puede darse más adelante cuando el niño es más mayor o incluso en la edad adulta.

Cuándo aparecen los síntomas

Los síntomas son muy variables en el tiempo, porque no afectan de igual modo a todos los niños. Algunos están más o menos bien todo el año y de vez en cuando sufren algún brote, necesitando unos días de tratamiento más intenso. Otros niños pueden tener un solo brote al año, o llegar a hacer uno semanal. Algunos niños tienen la piel perfecta mientras no hay eccemas y otros en cambio la tienen siempre ligeramente afectada.

La peor época para la dermatitis atópica no suele ser el verano

En contra de lo que mucha gente piensa el verano no es la peor estación para los niños que tienen dermatitis atópica, o al menos no para la mayoría. Se podría decir que los niños con dermatitis atópica se pueden dividir en tres grupos diferentes, a saber:

  • El grupo más grande, compuesto por los niños que empeoran en los meses fríos y que en verano mejoran hasta tener la piel casi perfecta.
  • El segundo grupo, formado por los niños que sufren los síntomas al revés: sienten una mejoría inmensa los meses de frío y en cambio en verano se ponen fatal.
  • Un tercer grupo en el que están los “pobres desgraciados” que sufren los síntomas por igual sea la estación del año que sea.

Mis hijos (el mayor y el mediano) se encuentran en el segundo grupo. Recuerdo que el pediatra insistía en que fuéramos a la playa, que les iba a ir genial para la dermatitis atópica, y los pobres llegaban a casa con unos picores tremendos, con eccemas casi abiertos y huyendo de mí que les perseguía con las cremas (que les escocían por tener heridas en los eccemas).

Cuidados que debemos tener en verano con los niños que padecen dermatitis atópica

Si vuestro hijo es de los que en verano lo llevan bien los cuidados no serán muy diferentes del resto del año. Tan sólo debéis seguir con el tratamiento preventivo, utilizando jabones y cremas especiales, sábanas y pijamas de algodón, no abusando de la ducha con agua caliente (aunque por suerte en verano no se suele abusar de ella) y, en definitiva, haciendo todo aquello que sabéis que funciona con vuestro hijo (no a todos los niños les van bien los mismos remedios).

Si en cambio vuestro hijo es como los míos, que con el calor empiezan a mostrar eccemas y que con el agua de la playa sienten más picores deberemos seguir los tres tratamientos posibles:

  • El tratamiento de rescate: será aquel que utilicemos normalmente cuando aparecen los brotes. Suelen ser pomadas con corticoides si la piel está íntegra y, si hay heridas, si los eccemas sangran, podría ser necesario añadir una pomada antibiótica para evitar que se produzca una infección. Si el picor es bestia y el niño no deja de rascarse habrá que darle algún jarabe con antihistamínico, básicamente porque, si se rasca, la zona se inflama más, y si se inflama más, pica más, y si pica más, se rasca más, y si se rasca más…

  • El tratamiento preventivo: que es el que utilizamos todo el año mientras no hay eccemas o cuando la cosa está más o menos bien, como hemos dicho con el otro grupo, las cremas y jabones habituales, ropa adecuada, etc.

  • El tratamiento etiológico: es el tratamiento dirigido a eliminar la causa que genera los brotes. Si en verano aparecen más eccemas por el calor tendremos que tratar de evitarlo (difícil, ¿eh?), saliendo a la calle cuando pegue menos el sol, estando en la sombra, en lugares donde haya aire acondicionado (no hace falta que sean “neveras gigantes”, sino simplemente que no haga un calor exagerado). Si os decidís por ir a la playa tendréis que valorar cómo sienta el agua del mar. A los míos, como he dicho, los pone peor, así que no abusamos de ella y tratamos de pisar más la piscina, que parece que les sienta mejor. Si ni con esas lográis solucionarlo quizás deberéis tratar de buscar algún otro agente que pueda estar provocando los síntomas en verano (alguno que no esté el resto del año), y si dais con él, eliminarlo o minimizarlo.

Foto | david_jacquin en Flickr
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