¿Cada cuánto hay que lavar los peluches para prevenir alergias?

Descubre cada cuánto y cómo lavar los peluches para prevenir alergias sin estropear su suavidad, según la ciencia

Laura Ruiz Mitjana

Colaboradora

Hay objetos que, aunque parezcan inofensivos, pueden convertirse en auténticos imanes de polvo, ácaros y estornudos. Los peluches son uno de ellos. Suelen dormir con los niños, viajar en mochilas, ser testigos de lágrimas y meriendas, y rara vez pisan la lavadora. 

Yo personalmente, como asmática que soy, lo recuerdo en mi infancia (antes de saber de mi asma): pasarlo mal con los peluches, empezar a estornudar con ellos, a tener los ojos llorosos... Hasta que lo supimos y mi madre empezó a lavarlos a conciencia cada cierto tiempo, lo cual mejoró mucho mis síntomas.

Mantenerlos limpios no es solo una cuestión estética: es una medida preventiva real contra las alergias respiratorias. Y aunque suene poco romántico, conocerlo puede evitar noches de tos, mocos y ojos irritados. ¿Cada cuánto lavarlos y cómo hacerlo? ¿Qué dice la ciencia?

Qué ocurre en el cuerpo cuando hay una alergia

Antes de nada, recordar que una alergia es una reacción exagerada del sistema inmunitario ante sustancias que, en teoría, son inofensivas: polvo, polen, pelo de animales… o, más concretamente, los ácaros del polvo, esos diminutos habitantes que se instalan en los tejidos cálidos y húmedos.

Cuando inhalamos sus partículas o excrementos, el organismo de la persona alérgica los identifica como una amenaza y libera histamina, una sustancia que provoca picor, inflamación, congestión nasal y lagrimeo. Es decir: el cuerpo lucha contra algo que no debería ser peligroso, y en esa batalla aparecen los síntomas.

Y sí: los peluches son el escondite perfecto para ellos. Su textura porosa, las fibras de tela y la frecuencia con la que se abrazan facilitan la acumulación de polvo y ácaros.

Por qué lavar los peluches ayuda a prevenir alergias

Porque cada lavado es, literalmente, una limpieza de alérgenos.
Un estudio publicado en Pediatric Allergy and Immunology (Chang et al. 2011) evaluó diferentes métodos para eliminar los ácaros del polvo doméstico en peluches, y los resultados fueron reveladores.

Los investigadores compararon tres técnicas: congelar los peluches durante una noche, secarlos en secadora caliente durante una hora y lavarlos con una emulsión que contenía aceite de eucalipto junto con detergente. Todas redujeron significativamente la cantidad de ácaros:

  • La congelación y el lavado con eucalipto eliminaron aproximadamente el 95 % de los ácaros.
  • El secado en caliente consiguió una reducción del 89 %.

Además, el lavado con eucalipto redujo también los niveles de alérgenos de ácaros de 9,12 μg/g a 0,37 μg/g de polvo. Eso sí, los autores señalan que aún no se sabe con exactitud cuánto tardan los peluches en volver a colonizarse después de ser lavados o congelados, por lo que el mantenimiento debe ser periódico.

Cada cuánto lavar los peluches (según quién los use)

No todos los peluches necesitan el mismo ritmo de lavado. Aquí va una breve guía práctica:

  • Niños alérgicos o asmáticos: una vez a la semana. Sí, suena mucho, pero puedes alternar los peluches: mientras uno se lava, otro ocupa su lugar.
  • Niños sin alergias: cada 2 o 3 semanas suele ser suficiente.
  • Peluches decorativos (que no se tocan a menudo): una vez al mes o al aspirar el dormitorio.

Si vives en una zona húmeda o con mucho polvo ambiental, acorta los intervalos. Los ácaros adoran la humedad, así que ventilar a diario también ayuda.

Cómo lavar los peluches sin estropearlos

  1. Revisa la etiqueta: algunos no toleran agua caliente. Si no puede lavarse a máquina, mételo en una funda de almohada y usa un ciclo delicado con agua templada.
  2. Secado completo: el enemigo es la humedad residual. Sécalo al sol o en secadora a baja temperatura.
  3. Congelador, el truco antiácaros: si el peluche no se puede mojar, guárdalo en una bolsa y congélalo 24 horas. Las bajas temperaturas eliminan los ácaros con eficacia.
  4. Aspirado suave: entre lavados, usa un aspirador con filtro HEPA para retirar el polvo acumulado.

Peluches limpios, respiraciones tranquilas

Lavar un peluche es, en cierto modo, cuidar de la salud emocional y física de quien lo abraza. Porque esos compañeros de infancia —tan callados como imprescindibles— también merecen respirar aire limpio.

Un gesto tan simple como incluirlos en la rutina de limpieza puede mejorar notablemente la calidad del aire en casa y, con ello, el bienestar de toda la familia.

Así que la próxima vez que pongas la lavadora, mira la cama de tu hijo. Ese osito que parece dormido quizá te está pidiendo, en silencio, un baño caliente.

Foto | Portada (Freepik)

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