Anuncios de comida basura, un peligro para los niños (pero ahí siguen)

La obesidad infantil es una epidemia en el siglo XXI y hay muchos factores que la alimentan. Con el objetivo de frenarla, se han llevado a cabo acciones diversas, pero hay un aspecto que en España apenas se ha tocado y ese es el de la publicidad de comidas insanas. Nuestros hijos están expuestos a muchos anuncios cada día.

En el informe "Marketing de alimentos ricos en grasas, sal y azúcares para los niños" la Organización Mundial de la Salud aboga por una normativa más estricta para la regulación de la comercialización, marketing y publicidad de alimentos ricos en grasas saturadas y trans, azúcares y sal.

Se ha demostrado que las campañas de publicidad hacen que los niños reconozcan las marcas comerciales ya a la edad de cuatro años y que las pidan a sus padres. Los niños con sobrepeso responden ante la presencia de alimentos en la publicidad aumentando su consumo.

Los canales de comercialización son cada vez más novedosos, pero la televisión sigue ocupando un lugar importante a la hora de vender productos. Muchos niños y adolescentes en Europa ven la televisión dos horas diarias, un espacio demasiado grande para que reciban todo tipo de mensajes.

Según la OMS, existe una fuerte relación entre ver la televisión y la obesidad infantil ya que los productos más frecuentemente anunciados son aquellos ricos en grasas, azúcares o sal. Las bebidas y alimentos más publicitados son los refrescos, cereales azucarados, galletas, confitería, platos precocinados, junto a las cadenas de comida rápida.

Como señala VSF (Justicia Alimentaria Global), cuatro de cada cinco alimentos que se publicitan en los espacios infantiles, son de comida insana. Por ello se hace necesario oner coto a la publicidad de comida basura para niños. En otros países (Noruega, Austria, Luxemburgo...) la publicidad está prohibida antes y después de las emisiones infantiles.

El único sistema regulatorio existente en España es el código PAOS (Publicidad, Actividad, Obesidad y Salud), pero este solamente aborda la ética de la publicidad, sin referirse a la calidad nutricional del producto publicitado ni la frecuencia de emisión de la misma. Eso sí, junto a anuncios de comidas poco saludables podemos ver ciertos subtítulos que animan a llevar un estilo de vida sano.

En definitiva, esos niños que aún no está clara la función de la publicidad, que aceptan lo que les llega sin apenas crítica ni reflexión, lo que ven es altamente atractivo (también nos lo parece a nosotros) y es lo que van a pedir. Mientras se regula la publicidad, de los padres depende ceder a esos deseos que, como a menudo decimos, no están mal esporádicamente, pero que si se acumulan en el tiempo pueden afectar negativamente a la salud.

También de nosotros depende que pasen menos tiempo frente a la televisión, algo que de por sí fomenta la obesidad, y se pongan en movimiento. Lo cual no significa que dejen de estar expuestos a la publicidad, ya que esta llega a través de muchos otros medios.

Lo que está claro es que, de momento la industria alimentaria no apoya el hecho de que se limite esta publicidad o se anuncie claramente en los envases de los alimentos la cantidad de azúcar que contienen, por ejemplo. Algo que nos ayudaría también a nosotros, los padres, a controlar no solo lo que comen nuestros hijos sino también nosotros. ¿O no os sentís un poco perdidos a veces leyendo las etiquetas de los alimentos?

Foto | Thinkstock
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