Oportunidades para aumentar la autoestima en el niño

Dentro de nuestro Curso de Maternidad y Paternidad hemos hablado sobre la autoestima en los niños.

Pero sigue siendo un tema que preocupa mucho a los padres y vamos a analizar los aspectos que más van a influir en que la desarrollen y las situaciones habituales que pueden suponer un reto para mantenerla o una oportunidad para aumentarla.

La agresión, el rechazo y la burla

Los niños aprenden de su entorno y, desgraciadamente, no todos están acostumbrados a ser tratados con respeto y a ser atendidos. Entonces, inevitablemente, en las relaciones con otros niños reproducen esos comportamientos: la burla, la agresión, el hacer el vacío. Y es duro ver como un niño sufre por esto.

Ante situaciones como estas no deberíamos negar lo que el niño sufre ni quitarle importancia con eso tan habitual de "son cosas de niños". No lo son, o, al menos, en niños educados en empatía y respeto, no deberían serlo. Y no es sano aceptar las agresiones físicas o emocionales dejándolas pasar como si no tuvieran importacia por ser quien las sufre un niño.

Nadie tiene derecho a darñarnos. Puede que eso suceda por falta de atención o ignorancia, y, en esos casos, podemos hablar con nuestro hijo para que exponga sus sentimientos al otro o, en casos graves, dirigir nuestra preocupación a los otros adultos responsables de los niños implicados.

No hay que ser amigo de todo el mundo obligatoriamente

Pero cuando no hay acuerdo ni mejora, creo que debemos enseñar a nuestros hijos a dejar claros su límites y romper la relación si no se desarrolla en un clima de respeto mutuo. Más vale tener pocos amigos que tener amigos falsos o relacionarnos con quien nos daña. ¿Es que eso no es válido en los niños como lo es con los adultos?

Enseñando a nuestros hijos que no merecen ser maltratados ni dañados por otros y que no tienen que aguantarlo les estamos dando la lección de autoestima más importante en la vida, la que les permitirá reaccionar de forma consciente y protectora en el futuro.

Ante una persona nueva que llega a nuestra vida es bueno estar abiertos y deseosos de lograr una buena relación, que, según sea la afinidad, podrá convertirse en amistad o simple cordialidad. Eso es estupendo y actuar de forma amable y simpática nos ayuda a todos a ampliar y mantener las redes de relaciones humanas. Pero hasta ahí.

No hay que abrir el corazón a la primera de cambio a un desconocido, la amistad se cimenta en la confianza y el respeto mutuo y no se compra con sumisión ni entrega inmediata. Y creo que esa enseñanza también es positiva para los niños. Los amigos son una cosa, los conocidos otros y los niños con los que compartir un rato de juego amable, otra.

No hablo de devolver violencia con violencia, pero si de cortar cualquier agresión, pedir ayuda al primer indicio y aprender a relacionarse exclusivamente con personas que les hagan crecer y ser felices. No hay que ser amigo de todo el mundo. Cuanto antes se entienda esto sin culpabilidad, mejor.

Egocentrismo

Además hay otra circunstancia, que, si a nosotros nos sigue sucediendo, en los niños, en una fase de su desarrollo psíquico egocéntrica, es más notable: identifican cualquier comportamiento como un rechazo personal.

Si otros niños están jugando a algo y no lo incluyen automáticamente o no quieren jugar a lo que nuestro hijo proponga no siempre lo harán por rechazo o mala intención, simplemente prefieren jugar a otra cosa o no están pensando en integrar a nadie, sino en la diversión.

Es entonces cuando nuestro papel de educadores es más importante, explicándoles lo que está sucediendo no como un problema hacia él, sino como la dinámica normal del juego.

La novedad

Cuando, por ejemplo, nuestro hijo tiene un amiguito y este, al llegar otro niño, se vuelca con él, no es que desprecie a nuestro hijo, sino que se deja llevar por la novedad o las ganas de ver al otro.

Podemos, entonces, ayudarle a que recuerde situaciones en las que los papeles estaban cambiados y pronto asimilará que es algo normal pero, además, aprenderá a ser cuidadoso con los sentimientos de los otros y, con su propia maduración y ejemplo, introducirá en el grupo dinámicas más empáticas y reforzaremos su autoestima.

Quieren que todos sean sus amigos

Pero la frustración existe y es indispensable no negarles el derecho a sentirla y enseñarles, además, que por muchos deseos que tengan de ser aceptados y valorados, nada es más importante que ser uno mismo y que el grupo no debería cambiarlos ni exigirles cambiar.

Quieren que todos sean sus amigos, pero eso no siempre es posible, de hecho, creo que no es deseable, no podemos ser amigos de todos, aunque si debemos respetarlos.

Podemos contarles, ya que nosotros somos su referencia, todas estas personas que se han cruzado en nuestra vida en todos nuestros años: personas con las que hemos reído, jugado, llorado, vivido, peleado y hasta nos hemos hecho daño mutuamente. Al final, seguramente, de esos solo nos quedan dos o tres amigos verdaderos, asi que, en realidad, lo que importa son las experiencias y las personas que se mantienen fieles a una amistad, las estrellas, no quienes pasan como cometas fugaces para desaparecer.

La independencia radical es un valor fundamental, la que nos permite y les va a permitir conocerse y respetarse, siendo fieles a ellos mismos y a quien merezca su amor, no dejándose llevar por la marea o por la masa.

Creo que todas esas experiencias unas veces negativas y otras veces, sencillamente, difíciles, son oportunidades que aprovechar para conseguir aumentar su autoestima y su independencia personal. Sepamos aprovecharlas.

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