La gente la critica por considerar que su hija es mayor para ir en cochecito y ella se defiende así

El mundo está lleno de padres perfectos y madres perfectas. Si no, es difícil entender que haya tanta gente dispuesta a criticar al resto de padres y madres por hacerlo peor que ellos, a veces incluso dirigiéndose a ellos o peor, a los niños, para hacerles saber su opinión o juicio y su solución.

Algo así le pasa a Rachel, la madre de Madison, de 5 años, cuando va por la calle con ella en el cochecito y capta las miradas de reprobación, oye los comentarios a sus espaldas y ahoga las ganas de gritarles para explicarles el porqué. A todos ellos, los ha invitado públicamente a que se acerquen a preguntarle y así sabrán por qué Madison va en un cochecito, por si para otra ocasión se lo piensan dos veces antes de emitir un juicio.

Madison tiene hiperlaxitud articular

A simple vista es una niña de 5 años normal y corriente. Sin embargo, tal y como explican en LittleThings, Madison tiene Síndrome de Hiperlaxitud Articular. Cuando camina más de lo normal o cuando hace demasiado calor empieza a sentir dolor en sus piernas, en los tobillos y en los pies. Sobre todo en los pies, de manera que es muy difícil salir con ella a la calle y pretender que pueda caminar lejos y volver a casa sin que acabe sentada en la silla de paseo.

La afectación a sus piernas es tal, que incluso cuando la coge en brazos sus piernas quedan relativamente colgando: no puede poner las piernas alrededor del cuerpo de su madre porque se cansa en esa posición, así que entre eso, y que ya tiene un peso considerable, Rachel ya no puede llevarla en brazos (lo cual tampoco provocaría muchos comentarios de apoyo, imagino).

Madison toma medicamentos para el dolor y antiinflamatorios para paliar un poco los efectos de su síndrome y encontrarse un poco mejor.

No siempre necesita la silla de paseo

El caso es que la niña no la utiliza todos los días, porque no siempre la necesita. De hecho, estuvo un año en que apenas la utilizó. Sin embargo, en vacaciones, con más calor y más distancias por recorrer, volvió el cansancio, volvió el dolor, y el padre tuvo que llevarle en brazos la mayor parte del tiempo.

Así que ella recuperó la silla de paseo para Madison, aun sabiendo que volverían las miradas y los comentarios. Y claro, cuando los volvió a sentir decidió escribir sobre ello en su web Life of my Family and Me, para dirigirse a quien la llegue a leer de esta manera:

La próxima vez que vea a un niño en un cochecito y le parezca que es demasiado mayor para ir en uno no juzgue ni suponga que el niño o los padres son vagos o perezosos. No susurre a espaldas de los padres ni ponga el ceño fruncido al verles. Primero porque no debe importarle por qué un niño va en un cochecito, y segundo, ¡el niño podría en realidad tener una razón para ir en él!

Ahora solo falta, en mi opinión, que empiece a decírselo a la gente. Porque no creo que aquellos con los que se cruza en el día a día acaben por leer sus palabras en su página web. Madison tiene dos opciones, ir en cochecito o ir en silla de ruedas. Siempre puede decirles eso mismo: "Era el cochecito o la silla de ruedas", y acompañarlo de una risita culpabilizadora. Pero esto, claro, es cosa suya. Quizás considere que es mejor no hacer esos comentarios delante de la niña.

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