Javier Arambarri, triatleta y padre de siete hijos: "No quiero que mis hijos me escuchen hablar de constancia, quiero que me vean siendo constante"

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  • El empresario madrileño, de 50 años, defiende educar en el esfuerzo con los actos y no con discursos

  • Entrena de madrugada para que sus retos deportivos no resten tiempo a su familia, una "prioridad absoluta" para él

Redacción Bebés y más

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Seguramente hayáis repetido en casa mil veces eso de que hay que esforzarse, que las cosas no salen a la primera y que rendirse no es una opción, y puede que también os hayáis preguntado como padres alguna vez si lo que ven en casa vuestros hijos va en la misma dirección que lo que les decís. Javier Arambarri tiene bastante clara su respuesta, porque prefiere que sus hijos lo vean siendo constante antes que escucharle hablar de constancia. Lo ha explicado en una entrevista con Mundo Deportivo que empieza hablando de deporte y de empresa, pero en la que también habla de su familia súper numerosa. Arambarri tiene 50 años, vive en Madrid y es padre de siete hijos. Lleva tres décadas al lado de Rocío, a quien describe como el amor de su vida, y con ella comparte también una nueva etapa, porque ya son abuelos de dos nietos.

Además de triatleta, Ironman y maratoniano es cofundador de Pulpo, una empresa de software para la gestión de flotas de vehículos. Aun así, él no tiene la sensación de estar repartiéndose entre tres frentes, ya que para él el deporte, la familia y el trabajo forman parte de una misma forma de vivir, en la que tienen mucho peso la disciplina y el compromiso. Con esa filosofía se prepara para su próximo reto, previsto para 2027, en el que quiere encadenar varios triatlones en días seguidos por distintas capitales españolas y contarlo luego en un documental y un libro con los que, según la entrevista, pretende explicar bastante más que una hazaña deportiva.

Entrenar sin quitar tiempo a la familia

“Si mis hijos me ven levantarme a las seis, entrenar, ir a trabajar, volver a casa y cumplir con mis responsabilidades, ahí hay un mensaje".

Cualquiera que tenga hijos, se preguntará de dónde saca las horas alguien con siete niños y una empresa para entrenar a este nivel. La respuesta pasa por una buena dosis de organización y, sobre todo, por un acuerdo de pareja, porque, tal y como cuenta, todo funciona “con un compromiso muy claro con Rocío”. "Mi familia es una prioridad absoluta. Por eso siempre he intentado que mis retos deportivos no les resten tiempo", explica, y el trato al que han llegado es tan sencillo como exigente: él entrena cuando en casa todavía no ha empezado el día. "Si estoy preparando una competición, puedo levantarme a las seis de la mañana y entrenar de seis a ocho o hasta las ocho y media. Después empieza mi jornada de trabajo y mi vida familiar", detalla. Y los sábados, cuando toca una salida larga en bici y correr después, madruga lo suficiente como para estar de vuelta a media mañana.

No esconde que esa rutina le pasa factura. "El precio es que a las diez de la noche estoy destrozado y duermo profundamente, pero prefiero pagar yo ese precio antes que hacer que mi familia pague el precio de mi afición".

Educar con el ejemplo, no con discursos

Cuando le preguntan si intenta transmitir a sus hijos esa disciplina y constancia, contesta que sí, aunque deja claro desde el principio que no va a ser a base de sermones. “Quiero transmitirla fundamentalmente con mis actos. No me interesa ser el padre que da discursos sobre esfuerzo, constancia y compromiso y después vive de otra manera”, explica. Para él, lo que de verdad cuenta es lo que sus hijos le ven hacer cada día, y lo explica así: “Si mis hijos me ven levantarme a las seis, entrenar, ir a trabajar, volver a casa y cumplir con mis responsabilidades, ahí hay un mensaje. Yo quiero que exista coherencia entre lo que digo y lo que hago. No necesito explicarles constantemente que hay que perseverar; quiero que lo vean”.

Esa manera de educar tiene mucho que ver con su forma de ser, porque él mismo se define como alguien que funciona a base de metas y de rutinas. “Soy una persona que necesita objetivos claros. Me gusta ponerme un reto delante, estudiarlo, analizarlo, planificarlo y ejecutarlo. Añade además que para él tener rutina es algo fundamental: “La motivación está bien, pero yo confío mucho más en la rutina. La motivación cambia dependiendo del día; la disciplina permanece. Y cuando tienes siete hijos, tampoco puedes permitirte vivir solamente dependiendo de si hoy te apetece o no te apetece hacer algo”.

Buena parte de todo esto lo aprendió de niño, y en su caso el deporte le venía de familia. “Mi padre fue jugador de baloncesto del Estudiantes y eso evidentemente marcó mucho mi infancia”, recuerda, y desde pequeño pasó por equipos de baloncesto y de fútbol casi sin interrupción. 

Con el tiempo ha entendido el valor de aquella etapa: “Con los años he entendido que esa educación deportiva fue muchísimo más importante de lo que podía imaginar entonces, porque ahí aprendí cosas que después he utilizado toda mi vida: compartir objetivos, convivir con personas muy distintas, gestionar egos, aceptar que no siempre eres el protagonista, trabajar por algo colectivo y entender que los resultados no dependen únicamente del talento, sino de la constancia y del trabajo”. O, como lo resume él mismo, “antes de saber lo que significaba montar una compañía, ya sabía lo que significaba pertenecer a un equipo”.

Foto | @javierarambarri

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