El "Manual de instrucciones" para cuidar al bebé que sí colgaré en la consulta de pediatría

Hace un par de meses os compartimos el cartel que una pediatra colgó en su consulta, que se titulaba "Lo mejor es" y que venía a decir que en el fondo daba igual lo que hicieras o dejaras de hacer con tu bebé, porque al final lo mejor para cada bebé es su madre y su padre, sean cuales sean las decisiones que tomen. Aunque la finalidad era buena, mostrar que debe haber más respeto en esto de la maternidad, el mensaje nos pareció un tanto peligroso porque no todo lo que hacen los padres es lo mejor para los bebés, y para muestras todos los bebés que lloran en sus cochecitos porque sus padres creen que no se les debe coger, o los que lloran solos por la noche porque los padres creen que así aprenden a hacer algo que ya saben: dormir.

Para poner en contraposición, hoy os traemos otro escrito titulado "Manual de instrucciones", obra de Noe Del Barrio, que me ha gustado más y que, este sí, imprimiré y colgaré en la consulta de pediatría del centro de salud en el que trabajo. Os lo dejo a continuación porque os puede servir si sois una de esas madres (o padres) con dudas o si conocéis a alguien que las tiene y en alguna ocasión os ha pedido consejo:

Manual de instrucciones

Te dirán como si fuese un castigo: duerme ahora que luego no podrás, y será cierto, pero también que serán los mejores desvelos. Los únicos que te harán mantenerte embelesada mirándole de madrugada. Los únicos que te mantendrán ojerosa pero sonriente. Cansancio feliz. Así que yo te digo duerme ahora, porque en breve vas a conocer al único ser que te robará el sueño y con quien sabrás que la pérdida mereció la pena.

Cógelo en brazos y abrázalo fuerte, permanentemente, siempre, ocurra lo que ocurra, desde que nazca hasta que pese tanto que no puedas con él, entonces abrázalo sentados, o de pie, o en la cama, pero no dejes de hacerlo durante el resto de su vida. Piensa en los abrazos que te hubiese gustado recibir a ti. Disfruta de llevarlo contigo a todas partes. Será poco tiempo, pero lo recordarás con añoranza el resto de tu vida.

Te dirán que se acostumbrará a los brazos, y sí, es cierto, se acostumbrará a los brazos y no querrá otra cosa, porque eso es lo que se debe hacer, acostumbrarle a sentirse querido, protegido y abrazado. Que aprenda desde muy pequeño que siempre te tendrá a su lado, que se sienta seguro, sabiendo que ocurra lo que ocurra podrá caminar de tu mano. Y escucharás que le harás sufrir el día que debáis separaros, y llevarán razón, pero... ¿Prefieres la tristeza del fin de algo, o no haber conocido la felicidad?

Llegará un día en el que te agobie un poco no poder ir ni al baño sola, pero piensa que unos años después tal vez eches en falta que no confíe en ti. Asienta las bases de la confianza, del amor y del respeto, desde el principio. Trátalo como a un igual, no le engañes, no pongas sobre sus hombros tus pesos.

Aliméntalo, no importa si de tu pecho o de un biberón, pero cuando lo hagas abrázalo en tu regazo, de forma que escuche tu corazón y sienta tu calor. Tu mirada, tu latido y tu calor alimentan más que la leche. Alimentas mucho más que su estómago. Aliméntalo con tus caricias y tus miradas. Esa será la proteína que le convertirá en hombre.

No permitas que llore, nunca, acompáñalo, consuélalo, abrázalo. Te necesita y esa es la única forma que tiene de expresarse. No desoigas su llanto, acállalo con besos y caricias, no le restes importancia. No permitas que crezca creyendo que su llanto no te importa. Quiérelo fuerte, para que nunca se sienta solo. Y díselo todos los días para que no lo olvide.

Olvídate de cumplir con las normas de sociedad que esperan los demás. Crea las tuyas propias, las que os hagan felices, las que os den seguridad, las que os hagan crecer como familia.

Aprovecha y lee antes de que nazca. Después no leas. Después sólo siente, piensa, abraza, besa, acaricia, ama... Cría. Como sólo tú sabes hacerlo. Como te indique tu naturaleza y ríete de todo lo leído, de todo lo aprendido. Como te oriente el corazón. Ese es el único libro que seguirás a rajatabla, el que nunca te fallará, y el que cuando te equivoques, porque lo harás, sabrá perdonarte.

Cuando nazca, te sobrará el mundo, porque él es tu mundo ahora. Y te dolerán sus toses como un cáncer. Y serán sus tristezas guerras en tu vida. Y jamás el miedo te habrá asustado tanto como cuando sea por él. Y sus lágrimas se te clavaran y las heridas serán profundas. Y pese a todo no habrá un solo día en el que no le ames sobre todas las cosas y serás dichosa de tenerle, y de soñarle, y de enfadarte y de preocuparte. Y querrás hacer mágica su vida, porque él ya lo hizo con la tuya.

Y habrá días al principio en los que el cansancio, el sueño y tus hormonas te harán sentir un lastre, una piedra que arrastrar colina arriba, una condena. Pasarán. Y te sentirás culpable de haber sentido. Y habrá días cuando crezcan en los que sentirás que necesitas espacio, y te odiarás por ello... Todo es necesario, por todo se pasa. No te juzgues duramente, créeme. Yo también pasé por ello.

Quiérelo mucho y haced lo posible por ser felices

¿Un resumen? Pues este: que escuches a tu corazón y que pongas el amor por delante. El amor, la felicidad de la familia. Sin prejuicios, sin pensar en el qué dirán o dejarán de decir, sin arrastrar al bebé a esa parte de la sociedad que solo se preocupa de buscar la felicidad a través del consumo voraz, caiga quien caiga, esa parte que vive para sí sin empatía, sin sentimientos, sin humanidad... Saber que sólo tu bebé tiene las respuestas a las preguntas que te haces y disfrutar de su inocencia, su pureza y sus ganas locas de quererte.

Y es que ya lo dice Noe al final de todo:

¿Qué decirte? Hay manual de instrucciones, lo llevas puesto. Late.

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Foto | iStock
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