Riesgos inmediatos del postparto: la atonía uterina

Durante el embarazo, el útero es el órgano de la mujer que más crece, pasando de unos 6 centímetros a más de 30 y de pesar unos 60 gramos a un kilo. Como es lógico, cuando la mujer da a luz, el útero pasa poco a poco a recuperar su tamaño anterior, fenómeno que se conoce como proceso de involución uterina.

Gracias a este, mediante los entuertos o contracciones del postparto y en virtud a una serie de cambios hormonales, el útero va disminuyendo de tamaño y se van sellando los vasos sanguíneos. Pero, en ocasiones, esta involución no se produce y se da un fenómeno no muy frecuente pero que puede llegar a ser grave en el postparto, denominado atonía, hipotonía o inercia uterina.

La atonía uterina es el término obstétrico que se refiere a la pérdida del tono de la musculatura del útero que tiene como consecuencia un retraso en la involución del útero. Es decir, el útero no "reacciona" con contracciones después de que el bebé haya nacido y la placenta se haya expulsado.

Gracias a esta contracción, el sangrado es mínimo en la madre: las contracciones del miometrio comprimen los vasos sanguíneos desgarrados durante el parto, reduciendo el flujo sanguíneo en la pared uterina. Por ello, si desaparece y tenemos un caso de inercia uterina, se produce una hemorragia vaginal intensa.

La hemorragia es el primer resultado de la atonía uterina, con presencia de hematoma en labios superiores y la acumulación de coágulos internos produce un intenso dolor. Este detenimiento del proceso de involución uterina por atonía puede suceder hasta en un 5% de los partos naturales. Clínicamente, entre el 75 y el 80% de las hemorragias posparto son debidas a esta causa.

Causas de la atonía uterina en el postparto

Las principales causas de la atonía uterina o factores que desencadenan esa pérdida del tono uterino pueden ser:

  • Cansancio uterino debido a un trabajo de parto muy largo y activo o distocia (cuando el alumbramiento procede de manera anormal o difícil).
  • Parto precipitado.
  • Placenta previa (cuando la placenta se implanta sobre el orificio cervical interno, en la parte baja del útero, tapando total o parcialmente el cuello del útero).
  • Sobredistensión uterina por embarazo múltiple.
  • Contracciones muy severas que no cesan antes de que nazca el bebé.
  • Distensión abdominal excesiva debido a bebés muy grandes (macrosomía fetal).
  • Abundante líquido amniótico.
  • Haber tenido varios embarazos previos (multiparidad).
  • Retención de un resto de la placenta en el interior del útero o infección.
  • Cesáreas previas.
  • Cirugías ginecológicas uterinas.
  • Uso excesivo de oxitócicos durante trabajo de parto.
  • Uso de sulfato de magnesio o anestésicos generales.

Algunos factores de riesgo para que ocurra una complicación como la atonía uterina son problemas de coagulación sanguínea, deficiencia de plaquetas en la paciente, insuficiencia renal, anemia, miomas y diabetes.

Por otro lado, según la Organización Mundial de la Salud la atonía-hipotonía uterina es más frecuente en las cesáreas que en los partos vía vaginal.

Qué hacer ante la hipotonía uterina

En caso de atonía uterina, el equipo médico actuará según el grado de incidencia de la hemorragia. La primera maniobra suele ser el masaje o compresión bimanual del útero, con una mano introdicida vía vaginal y la otra en el exterior. Puede ser necesaria la administración de fármacos (como oxitocina) para frenar el sangrado. Si los oxitócitos aplicados en el transcurso de la atonía no la resuelven, es necesario acudir a la cirugía.

En los casos graves de inercia uterina se requeriría la práctica de la cirugía con la ligadura de las arterias uterinas y como caso extremo de máxima gravedad se procedería a extirpar el útero (histerectomía). La atonía uterina en el curso de una cesárea también requiere técnicas quirúrgicas.

La hemorragia severa podría provocar la pérdida del conocimiento de la madre por choque hipovolémico o shock hemorrágico, paro cardiaco o respiratorio y alto riesgo de muerte.

Las muertes perinatales por atonía uterina son frecuentes a lo largo del mundo, principalmente en países en vía de desarrollo donde la adecuada asistencia médica no está generalizada. Según los protocolos de la OMS, si se detecta que una mujer tras dar a luz no tiene el "globo de seguridad" de Pinard (la contracción del útero para el sellado de vasos sanguíneos) se necesita asistencia hospitalaria especializada.

En definitiva, si no se producen las contracciones o entuertos en el postparto tenemos un caso de atonía o hipotonía uterina, que desemboca en una peligrosa hemorragia y necesita asistencia médica urgente. Para una recuperación adecuada, el útero tiene que volver poco a poco a disminuir de tamaño tras el parto, cerrando los vasos sanguíneos abiertos y si los músculos uterinos fallan, esto no sucede.

Fotos | remysharp en Flickr y Thinkstock
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