
El futbolista del Real Madrid recuerda la entrega de sus padres, y cómo salir adelante en una casa humilde marcó su infancia
El centrocampista uruguayo del Real Madrid, Fede Valverde, tiene 28 años, pero sus primeros pasos estuvieron marcados por la realidad de una familia muy humilde en Montevideo. En una carta publicada en The Players' Tribune, el futbolista repasó el sacrificio que hicieron sus padres por él y por sus hermanos.
En sus palabras, "no me gusta decir que en mi casa éramos pobres. Prefiero decir que mi madre y mi padre eran muy trabajadores".
Trabajar sin descanso
Valverde señala que "la lucha está en la sangre" de los uruguayos y tiene a sus padres como ejemplo. Su padre trabajaba como guardia de seguridad en un casino, mientras que su madre era dependienta en un local de ropa y además vendía prendas y juguetes en ferias callejeras.
Para llegar hasta el puesto de la feria, la madre empujaba un carrito enorme lleno de cajas soportando calor, frío, lluvia o truenos. "Todavía puedo escuchar el ruido que hacían las rueditas… Era toda una guerrera", recuerda el jugador sobre aquellas jornadas.
El futbolista la acompañó en varias ocasiones, aunque reconoce que a esa edad no tenía conciencia real de semejante entrega. Lo más duro llegaba al final del día, cuando tocaba doblar la ropa, guardarlo todo, empujar el carrito de vuelta a casa, cocinar y lavar sus medias sucias. Para él, "mi madre es mi ídola".
La organización de la casa dependía de unos horarios laborales muy estrictos. La madre cumplía su jornada entre las 8 de la mañana y las 7 de la tarde, mientras que el padre entraba a las 8 de la noche y salía a las 6 de la mañana.
Con esa rutina, a la familia solo le quedaba una hora al día para sentarse junta a la mesa y repartir un trozo de carne entre los tres. En esas comidas, su madre siempre se aseguraba de que hubiera una Coca-Cola para él, algo que para el pequeño era "casi como un champagne".
De niño, cuando veía que su madre no comía, pensaba simplemente que no tenía hambre. Hoy sabe que la felicidad era estar todos juntos en la mesa.
La vergüenza de tener menos
Pese a las dificultades, sus padres tenían gestos como pintar un poquito la pared de su cuarto o echarle agua con una manguera fuera de la vivienda. Eran detalles que le hacían muy feliz, aunque entonces no lo exteriorizaba.
Valverde creció con unas circunstancias muy marcadas y sentía vergüenza ante amigos que tenían más medios. No llevaba amigos a su casa, donde dormía en un colchón en el suelo con cucarachas por la noche, temiendo las burlas por cómo vivía.
Aquel niño tranquilo canalizó sus emociones a través del fútbol. Como él mismo recuerda, "fue a través del fútbol que pude cambiar la situación de mi familia".
Foto | Wikimedia Commons
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