Álvaro Bilbao, neuropsicólogo: “Cuando nuestro hijo se encuentra en un entorno donde le gritan y se siente asustado, le resta tiempo de reacción y le hace ser menos eficiente”

Alvaro Bilbao

El doctor en psicología y experto en crianza explica cómo el amor, la confianza y la seguridad ayudan a construir un cerebro seguro de sí mismo

Redacción Bebés y más

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Les enseñamos a pedir las cosas por favor y a recoger sus juguetes, pero los hijos no aprenden solo de lo que les explicamos. El ambiente en el que crecen y lo que viven en él también condicionan cómo se relacionan con el mundo. Por eso, una de nuestras tareas como padres es procurarles un entorno donde se sientan queridos y seguros.

Es la idea que defiende Álvaro Bilbao, doctor en Psicología y neuropsicólogo, en un vídeo de su cuenta de TikTok, según ha recogido El Confidencial. "Cuando los estímulos que un niño encuentra a su alrededor son de amor, de confianza y de seguridad, es capaz de construir un cerebro que se siente seguro y confiado en sí mismo", explica.

Qué le pasa al cerebro de un niño cuando le gritan

Para Bilbao, un marco educativo positivo, que refuerce la autoestima y el optimismo del niño, le da recursos para los retos que irán llegando. El problema aparece cuando ocurre lo contrario. "Cuando se encuentra en un entorno donde siente amenazas, donde le gritan, donde se siente asustado, la configuración del cerebro cambia y se vuelve hipervigilante", advierte. Ese sistema de alerta, añade, "le resta tiempo de reacción, le hace ser menos eficiente para resolver problemas porque siempre va a anticipar las amenazas que pueden ocurrir a continuación".

Los gritos también dejan huella

Por su parte, no podemos dejar de lado los gritos, que también marcan de manera significativa en la infancia. Un estudio de la Universidad de Pittsburgh publicado en 'Child Development' siguió durante dos años a 967 familias. Los chicos que a los 13 años recibían disciplina verbal dura (gritos, insultos o palabrotas) mostraban después más síntomas depresivos y más problemas de conducta, y el cariño de los padres en otros momentos no compensaba ese efecto.

De ahí la importancia de frenar los estímulos negativos donde el niño pasa más tiempo, como la casa o el colegio, para que no se instale en un estado de alarma constante. Vivir pendiente de lo que pueda desestabilizarle consume, cada día, buena parte de su energía mental.

Foto | Portada (Álvaro Bilbao + Freepik)



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