La exposición prenatal a determinados químicos se vincula a un menor coeficiente intelectual del niño

Tintes, champús, maquillajes, cremas, jabones, detergentes... vivimos rodeados de cosméticos con sustancias químicas que podrían ser perjudiciales a largo plazo para algunas personas. Un estudio ha asociado la exposición prenatal a químicos domésticos comunes a un menor coeficiente intelectual en los niños.

La investigación, publicada en "Plos One", es la primera que informa de un vínculo entre la exposición prenatal a los ftalatos y el coeficiente intelectual de niños en edad escolar.

En concreto, se habla del ftalato de di-n-butilo (DNBP) y ftalato de di-isobutilo (DiBP), presentes en una amplia variedad de artículos de consumo, como toallitas para la secadora, pintalabios, laca para el cabello y esmalte de uñas, incluso algunos jabones.

Los hijos de madres expuestas durante el embarazo a concentraciones de DNBP y DiBP un 25% más altas tenían un coeficiente intelectual entre 6'6 y 7'6 puntos inferior que los de mujeres menos expuestas. Estos resultados se obtuvieron después de controlar factores como el índice de inteligencia materna, la educación materna y la calidad del ambiente en el hogar, que también influyen en las puntuaciones del coeficiente del menor.

Según el estudio, el razonamiento perceptivo, la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento también se vieron afectados por la exposición materna a esos ftalatos, lo cual resulta bastante preocupante para los expertos en el tema.

En la Comunidad Europea, Estados Unidos y otros países algunos ftalatos están prohibidos en artículos de puericultura, pero no se había considerado que estos elementos pudieran afectar también al feto cuando entran en contacto con la mujer embarazada.

A pesar de que la elaboración de productos con estas sustancias está regulada y se han eliminado compuestos probados como dañinos, da la impresión de que se siguen utilizando muchos productos sobre los que recaen sospechas. Incluso, a veces parecería que no se quiere investigar demasiado, porque hay muchos intereses detrás.

Algo que sucedió en el caso del bisfenol-A, un elemento usado en la fabricación de plásticos, hasta que finalmente ha sido prohibido en muchos lugares del mundo como componente de los biberones (y otros recipientes para alimentos) por su peligrosidad.

Los ftalatos vuelven a estar en el punto de mira, como ha puesto de manifiesto otra investigación reciente que señala que podrían alterar el sistema hormonal de las personas.

En definitiva, la exposición prenatal a determinados químicos se vincula a un menor coeficiente intelectual del niño. Pero, ¿son los ftalatos los únicos responsables de esta diferencia? ¿Hasta qué punto no influyen muchos otros factores en el coeficiente intelectual? ¿Cuántos otros componentes afectarán nuestra salud y la de nuestros hijos con efectos aún desconocidos?

Sin duda hay que seguir investigando los efectos de este y otros productos químicos y eliminarlos del panorama si se confirma que son nocivos, por muy difícil que sea (o por mucho que vaya en contra de determinados intereses).

Vía | Infosalus
Más información | Plos One
Fotos | Thinkstock
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