La brillante idea de una profesora para detectar el acoso escolar ¡antes de que se produzca!

El bullying o acoso escolar es todo aquel maltrato físico o psicológico al que someten a un niño sus compañeros de clase. Es un problema grave que existe desde hace mucho tiempo en los colegios e institutos que puede llegar a destrozar la autoestima y, en cierto modo la vida, del niño que lo padece.

Muchos profesores están haciendo cosas geniales para evitarlo y controlarlo, pero nos ha llamado la atención lo que está haciendo una profesora, que después de lo que sucedió en Columbine en 1999 (dos estudiantes entraron en el instituto armados y antes de suicidarse hirieron a 24 personas y mataron a 13 más), ideó una brillante estrategia con la que detectar el acoso escolar ¡antes de que suceda!

El terrible momento en el que se dio cuenta de que tenía que hacer algo

Como os he comentado, fue a raíz de la masacre de Columbine. Ese día los dos estudiantes entraron en su instituto para acometer una matanza. Uno de ellos había sido diagnosticado de una psicopatía y el otro de una depresión profunda, y viendo cuál fue el objetivo está claro a quién consideraban culpables del devenir de sus vidas.

Esta profesora de la que os hablamos se dio cuenta de que podría repetirse algo así, en cualquier parte del mundo, en cualquier instituto, si los niños y profesores no hacían algo por evitar el acoso escolar y no hacían algo por ayudar a aquellos niños que son aislados y que se sienten maltratados, así que decidió actuar.

Tal y como leemos en Reader's Digest y traducido por La Voz del Muro, de casualidad, una tarde que se quedó hablando con una madre de otros temas, acabaron diciéndose la una a la otra lo importante que es que las comunidades estén formadas por personas amables y valientes. Tras esto, la profesora decidió explicar a la madre de su alumno lo que solía hacer ella para lograrlo, y esta madre decidió contarlo al mundo:

Todos los viernes por la tarde pide a sus alumnos que tomen una hoja de papel y escriban los nombres de cuatro niños con los que les gustaría sentarse la semana siguiente. Los chicos saben que ese deseo puede o no cumplirse. También les pide que nombren al compañero que, según su opinión, tuvo un comportamiento ejemplar durante esa semana. Los niños luego le entregan las hojas sin revelar nada a los demás.

Y cada viernes por la tarde, una vez que los niños ya se han ido a casa, la maestra toma esas hojas, las pega en la pizarra y las analiza en busca de patrones. ¿A qué niño nadie menciona como compañero de asiento deseable? ¿Cuál no nombra a ninguno con el que quiera sentarse? ¿A qué alumno nadie lo elige nunca? ¿Quién tenía mil amigos la semana pasada y ninguno esta semana?

La maestra realmente no busca una nueva forma de distribuir a los alumnos en las clases, ni aquellos que muestran un “comportamiento ejemplar”. Lo que busca es identificar a los niños solitarios, a los que tienen dificultades para vincularse con sus compañeros. De este modo descubre a los chicos que han caído en las grietas de la vida social del grupo, así como aquellos cuyos dones pasan inadvertidos para sus compañeros y, ante todo, quiénes son víctimas de bullying y quiénes son los abusivos o acosadores.

Como madre y ferviente defensora de los niños que soy, creo que es la estrategia de combate más amorosa que he conocido. Es como tomar una radiografía de un aula para traspasar la superficie de las cosas y ver el corazón de los alumnos. Es como excavar una mina en busca de oro, siendo el oro esos niños que requieren un poco de ayuda, que necesitan que los adultos intervengan y les enseñen cómo hacer amigos, cómo invitar a otros a jugar, cómo unirse a un grupo o cómo compartir sus dones. Y es una forma de detener el bullying, porque todo maestro sabe que el acoso suele ocurrir fuera de su mirada, y que a menudo los niños que lo padecen se sienten demasiado intimidados como para contarlo. Pero, como dijo la maestra de Chase, la verdad sale a relucir en esos trozos de papel confidenciales.

Cuando la maestra terminó de explicarme su sencilla pero ingeniosa idea, muy admirada le pregunté:

—¿Y cuánto tiempo lleva usando ese método?

—Desde lo de Columbine —dijo—. Todos los viernes por la tarde desde lo de Columbine.

Descubrir qué niños pueden tener problemas buscando aquellos que no los tienen

La estrategia me parece genial. Genial porque está buscando a los niños que pueden tener problemas sin que ellos lo sepan. Ella solo les pregunta cuáles son los compañeros más brillantes, los mejores amigos, y desde ahí, por eliminación, da con aquellos que menos popularidad tienen, que más solos se encuentran y que más apoyo pueden llegar a necesitar.

La gran duda es saber qué hace después con toda esa información, aunque imagino que trabajar en clase el valor de la amistad, del grupo, del respeto y dar valor a todos los alumnos que conforman el grupo, sea cual sea su aspecto y sea cual sea su forma de pensar.

Foto | Ilmicrofono Oggiono en Flickr
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