Cómo hablar a los niños sobre la muerte, según su edad

Estos días estamos inmersos en la celebración de Halloween, pero el 1 de noviembre se celebra en también en nuestro país el Día de todos Santos y el Día de Muertos en otros países como México. Son días en los que se honra a los difuntos y, como es lógico, los niños empiezan a hacer preguntas que a veces los padres no sabemos cómo responder.

La muerte no es un tema fácil de tratar, porque remueve muchos sentimientos, y a veces preferimos responder con evasivas para librarnos del tema. Pero es importante hablar claro con los niños de forma que puedan comprenderlo según su nivel de entendimiento. Al final, la muerte es parte de la vida, y debemos tratar el tema con naturalidad. Os damos algunos consejos para hablar de la muerte a los niños.

Responder siempre a sus preguntas

Ni más ni menos. Si no les respondemos, nuestros hijos pensarán que no nos ocupamos de sus inquietudes. No debe ser un tema tabú ni cambiarles de tema cuando preguntan. Si no queremos hablar en ese momento determinado porque nos causa dolor, se lo explicaremos más adelante.

Pero es importante que respondamos a nuestros hijos todas sus dudas acerca de la muerte en la medida de lo que pregunten, sin dar más explicaciones que las que piden, pero siempre respondiendo a sus preguntas. De otra manera, puede que nos adelantemos a lo que ellos aún ni siquiera se plantean.

Explicarles de acuerdo a su capacidad de comprender

Debemos hablar con nuestros hijos en la medida que ellos puedan comprender de acuerdo a su edad y nivel de maduración. No todos los niños de 4 años entienden la muerte de la misma manera, cuando son pequeños todavía no distinguen con claridad la realidad de la ficción y creen que la muerte es reversible. Los niños tienen diferentes etapas de comprensión de la muerte. Debemos hablar con sencillez, con un lenguaje cercano y comprensible para cada edad.

La muerte: explicaciones por edades

  • Antes de los dos años la muerte es incomprensible. Los niños perciben las emociones de los que les rodean y reaccionará a ellas, más que a la pérdida o la ausencia de la persona fallecida, aunque, si se trata de sus padres o de personas que los han cuidado durante su corta vida, obviamente van a sufrir y los van a necesitar.

  • Desde los dos hasta los cinco años la percepción de la muerte del niño no es exacta. Comprende el concepto de muerte pero se resiste a entenderla como algo definitivo. Normalmente entienden la muerte como algo reversible, temporal e impersonal, como la caída de las hojas o el paso de las estaciones.

Esta idea se refuerza al ver dibujos animados en los que los personajes se recuperan milagrosamente después de haber sido aplastados, o cuando el pajarillo muerto que vieron en el suelo ya no está...

Controlando nuestras emociones, para no transmitirles desesperación, si pueden entender y compartir la pena. Incluso es bueno para ellos asumir que están tristes, hablar de ello, llorar con nosotros y expresar sus temores.

Aunque sea habitual que pasen por una fase de negación, es papel de sus padres no dejar que se escondan de sus sentimientos y es bueno ayudarlos a dejarlos brotar, explicándoles la naturaleza irreversible de la muerte de la persona ausente.

  • Entre los cinco y los nueve años el desarrollo cognitivo del niño es mayor y es capaz de entender la muerte. Comienzan a darse cuenta de que es algo definitivo y que todos los seres vivos se mueren, pero todavía no perciben la muerte como algo personal que les pueda afectar. Los pequeños suelen pensar que, de algún modo, pueden escaparse de ella por medio de su propio ingenio. Durante esta etapa, los niños también tienden a "ponerle cara" o personificar la muerte, asociándola con un esqueleto o con el ángel de la muerte... Estas imágenes pueden producir pesadillas en algunos niños.

  • A partir de los nueve o diez años de edad los niños empiezan a entender plenamente que la muerte es irreversible, que todos los seres vivos mueren y que ellos también se morirán algún día. Esto les hará que muchas veces elaboren ideas filosóficas acerca de la vida y la muerte o quieran encontrar el sentido de la vida, aunque su anclaje en el presente les impida imaginarse que algún día les llegará. Al afrontar y temer a la muerte están intentando superar sus miedos e intentando un “control” sobre la mortalidad.

Jamás mentirles

Si están pidiendo una explicación, no hay que mentirles. No cambies la realidad con la intención de protegerles. Es importante que le contéis la verdad, pero sin añadir dramatismo ni entrar en detalles que puedan dañar su sensibilidad.

A veces creemos que nuestros hijos no están preparados para comprender la muerte y asumimos que dulcificar el asunto es una buena idea, pero es un error. Contarles una mentira "para que no sufran" acrecentará aún más su desconcierto sobre la muerte. El niño puede dejar volar su imaginación y cambiar totalmente la realidad. Siempre debemos hablar con la verdad, adaptando las explicaciones según la edad que tengan.

Tampoco es buena idea relacionar la muerte con las enfermedades, puesto que cada vez que se pongan malitos se asustarán, o con el sueño, porque pueden empezar a tener miedo a dormirse. Una relación que tampoco es conveniente es la de asociar la muerte con los ancianos porque es una asociación que no siempre se cumple y podrían desconcertarse ante la muerte de una persona joven.

Hablar de sus sentimientos

Es una buena oportunidad para hablar con los niños de sus sentimientos ante la muerte de un ser querido, de una mascota o profundizar en alguna noticia que hayan visto en la tele.

Es positivo hablar con ellos de los sentimientos que surgen, por qué las personas están tristes cuando muere alguien, por qué lloramos. La muerte de un ser querido siempre es impactante y entristece, por lo que la expresión del dolor no debe disimularse o reprimirse. Debemos ser cercanos, comprenderles y jamás burlarnos de sus emociones. Tampoco pasa nada porque nos vean tristes ante la muerte de una persona cercana, o incluso vernos llorar.

Una de las cuestiones que más les preocupa es la muerte de sus propios padres, darse cuenta que algún día no estaremos con ellos. Ante esta situación podemos tranquilizarles, hacerles saber que el fin natural de la vida, pero que esperamos estar junto a ellos por muchos años.

Estos días nos dan una oportunidad perfecta para hablar a los niños sobre la muerte. Si hemos hablado con ellos, cuando se enfrenten a la pérdida de un ser querido, será más comprensible para ellos y estarán más preparados para superar el trance con nuestra ayuda.

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