Bebés de alta demanda: cuando viajar en el coche es misión imposible

Durante algunas entradas hemos ido comentando algunos de los rasgos que pueden mostrar los bebés de alta demanda (que también podrían cumplir bebés más tranquilos, por supuesto), y hoy quiero explicar otro de los “tormentos” por los que hemos llegado a pasar los papás que hemos tenido hijos que podrían haberse considerado de alta demanda: los viajes en coche, considerados como misión imposible.

Todo empieza cuando tiene pocas semanas de vida. Sentado en su sillita en el asiento de atrás, pronto te das cuenta de que los semáforos son elementos non gratos para él, ya que es parar un momento y empezar a soltar algún gemidito que enseguida se detiene cuando el verde se enciende.

No es algo preocupante, de hecho hace hasta gracia: “mira qué bichillo, cómo le gusta que nos movamos” y casi me atrevería a decir que se trata de un rasgo que la mayor parte de los bebés pueden mostrar, ya que después de nueve maravillosos meses flotando y en movimiento, notar que todo se detiene debe ser molesto.

El caso es que a medida que el tiempo pasa y tu bebé crece te vas dando cuenta de que el semáforo ha pasado de ser tu única semipreocupación a ser uno más de los numerosos problemas que surgen cuando tu bebé entra en el coche.

Lo que antes eran gemidos ahora son llantos y lo que antes se solucionaba circulando ahora sólo lo solucionan los brazos de mamá.

Será que va al revés

Hablas con amigas, conocidos y padres y todos o prácticamente todos coinciden en que el coche es uno de los somníferos más maravillosos que existen. Les explicas tu caso y observas cómo se sorprenden: “Pues nunca había oído yo que un niño no quisiera ir en coche”, me dijo a mí una vez una compañera de trabajo madre y casi abuela.

Y me consta que son muchos los niños que no van demasiado bien en las sillitas de coche, pero aún no he conocido a ninguno que no sea el mío.

Así que como va en el huevo (ya sabéis, el que forma parte del cochecito pero también es silla del coche en sentido contrario a la marcha), mirando hacia el asiento trasero y no aciertas a encontrar una explicación lógica a por qué tu niño no soporta estar 0,8 segundos sentado en el coche acabas por pensar que será que va al revés.

En cualquier caso es todavía muy pequeño, así que de momento te quedas con la duda y toca capear el temporal como buenamente se pueda.

Mamá contorsionista y mamá payaso

Si el niño usa chupete o si toma biberón, aún se puede hacer algo, pero cuando es un bebé de leche materna te das cuenta, papá, de que a través del espejo retrovisor tu mujer adopta posturas que jamás antes pensaste que le llegarías a ver en un coche: doblada, con la teta fuera, encima del niño, clavándose en las costillas el lateral de la sillita y pidiéndote que te des prisa pero que “no corras tanto que con los baches me hago polvo”.

Y el niño que no se duerme, y llora que te llora, con unos lagrimones y unos mocarrones que piensas que una más como esta y se deshidrata. Optas entonces por la segunda opción: mamá payaso. Empieza a sacar sonajeros, llaves, peluches, espejos, juguetes musicales, juguetes que no lo son y todo lo que te rodea que pueda ser susceptible de entretener al menos un segundo a tu hijo.

Algunos días tienes algo de éxito. Otros, la mayoría, no.

El síndrome de la sillita con pinchos

Tu hijo crece y, aunque aún lo ves algo pequeño para que vaya mirando hacia adelante, en el sentido de la marcha, decides probar, no fuera que tanto alboroto viniera motivado porque va al revés.

Pronto te das cuenta que no era eso, que llora igualmente, aunque vaya mirando al frente. Mamá sigue haciendo de payaso y ahora adopta nuevas posturas tan extrañas o más que antes, ya que ahora va con las piernas hacia el frente, pero con el tronco en una extraña torsión que hace que la cabeza se oriente casi hacia atrás.

Y todo esto si consigues que tu hijo se siente, porque en más de una ocasión me he visto llamando para anular planes “porque el niño no quiere sentarse en la silla”. Que dicho así suena a padre absurdo, pero que en directo produce pavor, por los saltos, arqueos, llantos, arcadas y demás que puede llegar a hacer tu hijo. Y claro, al final más vale evitarlo.

El tiempo lo cura todo y el DVD ayuda

Lo mejor de todo es que con el tiempo, a medida que los niños entienden que la silla no tiene pinchos, que mamá está ahí a su lado, de cuerpo presente, que el coche no es más que un amasijo de hierros con cuatro ruedas que te lleva de un lado a otro y que el tiempo que pasas dentro es limitado, el tema se va suavizando, los llantos van menguando y empiezan a aceptar poco a poco el quedarse sentados atados sin vivir en los brazos de mamá.

En ese proceso, el DVD ayuda bastante o por lo menos a nosotros nos sirvió de mucho. Un poco de Pocoyó, un poco de Mickey Mouse y te da tiempo a hacer un viaje de pocos kilómetros para ir a comer a casa de la abuela.

Fotos | Flickr – Mark & Marie Finnern, eyeliam, tiswango, Joe Shlabotnik
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