Mis recetas de helado con leche materna

Cuando mi hijo fue creciendo y llegó el verano, hacia los diez meses, me encontré con que podía hacer un uso nuevo para mi de leche materna. Me sobraba incluso entonces y me puse ha investigar como poder ofrecerle un helado más sano que el comercial y, de paso, usar este excedente que me sacaba en el trabajo y que luego él no quería tomarse en vaso. Y comencé a darle helados de leche materna caseros.

La leche materna se puede conservar congelada sin que pierda la mayoría de sus propiedades. Si la calentamos en exceso o si la metemos en el micro, muchas de las substancias protectoras vivas pierden su poder, por lo que, si congelamos la leche hay que tener eso en cuenta al descongelarla.

Sin embargo, con helados hechos al momento la leche conserva sus cualidades nutricionales y con mis recetas caseras de helado de leche materna no tenemos más que mezclarla con los ingredientes que deseemos.

En cuanto a los helados, debemos tener en cuenta que hay algunas leches que, al descongelarlas, cambian de sabor pero los niños no suelen rechazarla ni eso significa que esté estropeada. Además, como os digo, no es lo habitual. Sin embargo, si ya habéis congelado leche para guardarla seguramente estaréis habituadas a su aspecto y posible olor. De todos modos yo siempre los hice con leche recién sacada, conservada en frío y metida en el congelador en el momento para enfriarla mucho y mezclarla así con los alimentos, pero podríamos hacerlos con leche congelada usada en el momento de sacarla.

Por supuesto, nunca hay que volver a congelar la leche o el helado hecho con ella, y además, hay que seguir todas las recomendaciones sobre su extracción y conservación.

Cuando hagamos helado hay que recordar ir batiéndola suavemente a medida que se va congelando, para romper los cristales, pero, al ser poca cantidad, no se hace con la batidora sino a mano, con un tenedor muy limpio. Simplemente de ese modo, para los más pequeños, que no toman todavía azúcar ya es suficiente, pero podemos mezclarla con frutas que ya estén introducidas en su dieta, como el plátano o la pera muy madura, que aumenta el dulzor y le encantaba de este modo. No quedan, por supuesto, como los helados comerciales pero eso a los niños no les importa.

También se la he dado mezclada con un poco de tapioca cocinada con agua, muy densa, y le gustaba mucho fresquita, además de calmarle cuando hacía mucho calor o le dolían los dientes.

Para los más mayorcitos, a partir del año, no tenemos que temer añadir otros alimentos que ya estén en su dieta, como una pizca de azúcar, galleta batida con la leche y congelada o incluso, si ya se la hemos dado en otras preparaciones, un pelín de nata o las frutas nuevas que vayamos incorporando a su alimentación habitual. Al ir incluyendo ingredientes podemos conseguir un producto muy cremoso y suave, que les encantará. Lo que no debemos incluir es huevo, aunque ya lo coma, pues en el helado se usaría en crudo, y eso es peligroso.

Con los helados de leche materna ofrecemos al niño una nueva experiencia gustativa, segura, sin aditivos ni conservantes, incluyendo sabores delicados y usando, además, nuestros excedentes. Si hacéis alguna receta, ya me diréis si a los pequeños les gusta.

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