Unos días en la nieve con los niños

Muchas familias son aficionadas a los deportes de invierno y no se resignan a dejar de disfrutar de unos días en la nieve con los niños. Sin embargo, el viaje a la montaña y a la nieve precisa de algunas precauciones indispensables que vamos a recopilas en consejos que esperamos que os sean útiles y os hagan más grata la estancia.

Lo primero, viajar preferiblemente en tren. Un viaje muy largo y en invierno, encima con niños, es agotador y si podemos evitarlo contratando un viaje que nos facilite el transporte sin necesidad de vehículo propio y en la misma estación, todos vamos a salir ganando en seguridad y tranquilidad. Quizá pensemos que ir en tren puede resultar menos práctico pero vamos a llegar mucho más descansados y con los niños de buen humor, que también el viaje cuenta en la diversión final.

Otra buena idea es no precipitarse en ir a esquiar el primer día sin parar. Un poco, para ir aclimatándonos también nosotros, será beneficioso y dedicar el resto del día a colocar las pertenencias y conocer las instalaciones, restaurantes y otros lugares que podamos ir a necesitar. Será un paseo agradable con menos estrés.

Lo niños pequeñitos pueden ir a la montaña, perfectamente hasta 1800 metros, pero siempre debemos tener una ascensión lenta para darles tiempo a que su cuerpo se aclimate a la menor presión. Por supuesto, aunque no tengan edad de esquiar, si pueden disfrutar jugando con la nieve o en el trineo, o simplemente paseando a la espalda de los padres calentitos en su mochila.

Si nuestro hijo es todavía un bebé podemos también llevarlo pero primero tenemos que confirar algunas cuestiones de salud indispensables. Lo primero, no se debe llevar a grandes altitudes a bebés que padezcan anemia o que tengan problemas de corazón, aunque sean leves, ya que la adaptación a la menor cantidad de oxígeno en el aire puede hacer que su aclimatación sea inadecuada. Tampoco podemos llevarlo si está ya malito y sobre todo si tiene dolor de oídos, ya que puede aumentar con el cambio de presión y convertir un dolor leve en algo insoportable.

Los padres querrán esquiar y ese plan no incluye a los bebés y los niños pequeños. La mejor opción es que siempre se quede el pequeño con alguien de confianza para él, que vengan los abuelos, una niñera o que los papás se turnen para no dejarlo solo.

En las estaciones suele haber un servicio de guardería, pero no siempre es la mejor solución. Si nuestro hijo no suele quedarse con extraños aunque vaya a la guardería normalmente puede que no esté contento en un nuevo espacio por muy simpáticos que sean los cuidadores. Los niños de menos de tres años, que no son capaces de comunicarse hablando, van a tener complicado el pasarlo bien en una guardería de la estación, posiblemente lloren bastante y no sean capaces de adaptarse.

Tendremos que llevarnos bastante ropita, y priorizar las prendas que, para cambiarlo, no nos vayan a obligar a desnudarlo entero, para evitar que le de frío en esos momentos.

Si decidimos usar la guardería al ver al niño contento, tampoco tendría mucho sentido dejarlo más de dos o tres horas. Venir a la nieve para pasarse el día con extraños no es el mejor plan de vacaciones para un niño.

Respecto al frío tenemos que tomar precauciones. Los bebés pueden tomar frío rápidamente en un ambiente helado por muy abrigados que los llevemos si nos descuidamos. Y en general los niños, con sus juegos, pueden mojarse o desabrigarse, por lo que hay que estar atentos y con ropa de muda siempre dispuesta.

Las manos y los pies de los niños son más frágiles que los nuestros y siempre deben ir cubiertos adecuadamente, así como la cabeza con gorro y bufanda.

El reflejo del sol en la nieve es muy intenso, por lo que los ojos también deben protegerse con gafas adecuadas y, si el pequeño se la quita todo el rato, ponerle una gorra con visera y limitar su tiempo de estancia bajo la luz tan intensa. Además hay que tener mucha atención con las posibles quemaduras solares y aplicar escrupulosamente un protector solar de pantalla solar y una crema especial para los labios.

A partir de los tres años pueden aprender a sostenerse sobre los esquis y empezar a moverse. Entonces si que vamos a tener que estar atentos, porque el peligro es algo que no son capaces de calibrar con seguridad.

Por último, respecto a su alimentación, hay que tener en cuenta que el frío y el ejercicio les harán quemar muchas más calorías que las habituales. Además de las comidas principales tenemos que procurar que tomen un desayuno completo con lácteos, hidratos y fruta, reforzándolo a media mañana con algún alimento rico en azúcares y en proteínas para que dispongan de todo ese combustible que van a quemar.

Con estos consejos espero que la estancia en la nieve con los niños resulte muy divertida para todos. Ya nos contaréis.

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