Regañarlos con amor

Regañar a nuestros hijos es algo que nos guste o no, es necesario. El objetivo es que a través de los regaños el niño sepa que no puede hacer todo lo que quisiera. Que hay unas normas que cumplir, que su conducta fue inadecuada.

Pero hay formas y formas de regañar. Si lo hacemos con amor, lograremos que el niño comprenda mejor nuestra intención.

A la hora de regañar, debemos dejar claro que desaprobamos la conducta y no al niño en sí. Tenemos que evitar decirle cosas como “eres malo" y mucho menos insultarle u ofenderle. Claro está que muchísimo menos pegarle. El regaño debe ser directo, corto e instantáneo. Tenemos que ser firmes y regañarles en el momento en que han hecho algo equivocado. No podemos pasarnos el día recordándole el episodio.

Tienes que aclararle por qué está mal lo que ha hecho y dejarle un tiempo para que reflexione y comprenda en qué se ha equivocado. Luego hazle actuar en consecuencia.

Por ejemplo, si ha insultado a alguien, que luego le pida perdón. O si ha escrito en la pared, que luego lo limpie.

Pero recuerda, más efectivo que los regaños es por contraposición remarcarles las actitudes positivas. Esa es sin duda la mejor manera de educarlos. Aunque como no son perfectos, los regaños también son necesarios para marcar límites, límites que les dan seguridad y ayudan a crear personas responsables.

La intención es transformar el regaño en una actitud positiva y reflexiva. No en la reprimenda sin sentido.

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