María Castro, madre de tres, habla de conciliación: "conciliar son los abuelos, principalmente"

Maria Castro

La actriz de 'La Promesa' habla de la conciliación y la vida como familia numerosa

Redacción Bebés y más

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María Castro (44 años), madre de tres niñas pequeñas, ha hablado con la revista Lecturas de su carrera, de la maternidad y de lo que cuesta conciliar el trabajo con la vida familiar. La actriz pontevedresa y una de las protagonistas de 'La Promesa' en TVE, donde da vida al ama de llaves Pía, no se anda con rodeos: "conciliar son los abuelos, principalmente". 

Ella lo cuenta como experiencia propia, aunque también es la realidad que comparten muchas familias, que de no ser por el apoyo de los abuelos, la conciliación sería imposible. 

Conciliar con tres niñas. La entrevista se hizo en el preestreno del musical 'La familia Addams' en el Teatro Calderón de Madrid, donde Castro acudió con las dos mayores, Maia y Olivia, mientras los abuelos se quedaban con la pequeña, Emma. Ella lo resume así: "Ahora mismo se quedaron con la tercera para que podamos venir con las otras dos al teatro. Y luego mucho encaje de bolillos entre mi marido y yo".

El sistema, por lo que explica, tiene algo de contabilidad doméstica: "Tenemos una agenda común. Si yo hoy salgo a tal hora, tú no cojas pases a otra hora. Lo hacemos como podemos y luego pues durmiendo muy poco. Me duermo en todos lados".

Agotada, pero feliz. Preguntada por su momento vital, responde: "Agotada, felizmente agotada". Enumera las múltiples actividades de su día a día: madre de tres niñas, 'La Promesa', las publicaciones en redes, y habla de esa sensación de estar siempre alerta: "Que una se cae, que otra tiene un examen, que la otra tiene piojos... Todo el rato en activo". Todo ello además de aprenderse cada día los guiones de una serie diaria.

Sobre ser familia numerosa lo mejor, dice, es que "siempre pasa algo": "Es un caos abrazado, un caos guay". Lo peor, que no tiene tiempo para nada más. Su vida cambió con la primera hija, cuando "ahora el centro es otro", y ese centro "se ha modificado por tres".

"El miedo real es ahora". Lo que más le inquieta es que las niñas puedan hacerse daño o que alguien se lo haga ellas, sobre todo porque crecen. "Porque son del mundo, no mías y yo no puedo defenderlas siempre". Y lo dice sin matices: "Antes no tenía miedo a nada. El miedo real es ahora".

También habla de haberse sentido juzgada: "Me he sentido juzgada mil veces". Critica que se defienda la lucha contra el bullying y luego, "tras una pantalla", se comente que alguien está extremadamente delgada: "Lo mismo está enferma". En su casa rige una norma: "no se opina de los cuerpos ajenos". Y añade que quizá esa persona "está pasando una depresión de caballo, depresión posparto, acaba de perder un bebé o está mal con su marido".

Foto | Wikimedia Commons

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