El amor se multiplica con cada hijo

Cuando devenimos padres una gran cantidad de nuevas sensaciones llegan a nosotros. Tener un bebé supone la llegada de una pequeña personita que nos necesita y que nos va a dar mucho amor y cariño.

Muchas cosas se remueven en nuestra manera de vivir y a menudo nuestras escalas de valores, esas que teníamos casi grabadas en piedra, se derrumban para construir unas nuevas.

Esa cosita tan pequeña, que ni siquiera habla, pasa a ser el motivo de que salgas corriendo del trabajo para llegar a casa, de que sientas como la vida entra por tu nariz al oler su cabecita, de que relativices lo que antes te parecía importante y de que decidas ser mejor persona para ser un mejor ejemplo. En otras palabras, te enamoras de tu pequeño.

Pasa el tiempo, y (quizás) quieres ampliar la familia. Pensáis en tener otro bebé, un hermanito para el primero. Vuelve la ilusión, pero llegan algunas dudas.

En nuestra visión monogámica del amor de pareja extrapolamos esta manera de pensar al amor por nuestros hijos y te cuestionas si serás capaz de querer tanto al nuevo bebé como quieres ya al primero.

Sientes que no será posible, que todo el amor que derrochas está dirigido a tu niño y que no será posible repartirlo.

De hecho, sientes algo de culpa al quedarte embarazada porque piensas que uno u otro quedará falto de amor. Dudas de llegar a querer al futuro bebé como quieres a tu primer hijo y te da hasta miedo que tu pequeño hijo ya mayorcito sienta que le quieres menos.

Sin embargo, al parir, pronto te das cuenta de lo equivocada que estabas al pensar que tendrías que dividir el amor entre los dos hijos pues el amor no se divide, se multiplica.

De esta manera comprendes que es posible dar cariño a dos, a tres y a los que haga falta, pues sabes, por fin, que los vas a querer muchísimo a todos.

Foto | Flickr (crimfants) En Bebés y más | Feliz Día de los Enamorados, hijos

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