Cuéntanos tu historia: la llegada de mis ojos preciosos

 

En "Cuéntanos tu historia" los lectores abren su corazón y comparten con todos nosotros las vivencias relacionadas con su maternidad o paternidad.

Y estas vivencias a veces tienen sus luces y sus sombras, como es el caso de María que tuvo que enfrentarse a un embarazo y crianza sola pero ha podido salir adelante.

Si quieres narrar en primera persona tu experiencia, en Bebés y más estaremos encantados de publicarla. Envíanos tu relato a historiasdepadres@bebesymas.com.  

Hola, mi nombre es María y mi historia comienza en el momento de enterarme que estoy embarazada y darle la noticia al papá de mi bebé, y recibir como primer apoyo por parte de él una propuesta de aborto, donde ya contaba con un mes y 5 días de gestación, y presentando contracciones cada vez más fuertes por cada movimiento que realizaba.

 

Como pueden leer, es lógico que no acepté semejante insensatez, sino que a pesar de mi miedo dije: "no gracias", y así comencé a decepcionarme cada vez más de la persona que iba a ser el  padre de mi bebé. Me tocó lidiar con los malestares del embarazo como fue las nauseas y el vómito por cualquier olor, o hasta un programa de cocina me producía el mismo efecto, junto con la tristeza que me producía saber que me había equivocado al darle como padre a mi bebé una persona que decía quererla, pero realmente lo único que le interesaba era la mujer y no el bebé. Asi que viví los primeros cuatros meses de mi embarazo envuelta en el miedo de perder a mi bebé debido a las contracciones prematuras. Y aunque estaba guardando reposo en cama, los dolores no merbaban con la rapidez que yo quería. Me la pasaba llorando casi todos los días y a eso añádanle el que mi familia no sabía más que presionarme para que aceptara al papá, apesar de que no se hacía cargo de la situación, sino que dejó toda la carga a mi mamá: dieta (ya que también presenté problemas de colon y desnutrición debido a los vómitos, y que no podía comer de todo) y el transporte para las consultas, además de las ida a emergencia. Yo no estaba trabajando debido a las complicaciones iniciales. Me torturaba la idea de que mi bebé tuviera algún problema debido a mis estados emocionales. Asi que se pueden imaginar como asistí a la tercera ecografía cuando contaba con los tres meses y le pregunté a la doctora cómo estaba el corazón de mi bebé, y cómo me tranquilicé cuando me confirmó que estaba normal. Y Dios, no tienen idea de la alegría que me invadió cuando la pude observar por primera vez. Esa cosita tan pequeña que estaba creciendo dentro de mi, a pesar del terremoto emocional por el que yo estaba pasando y estaba bien. Cuando a los cinco meses la pude ver ya completica y enterarme que venía mi pequeña, mi alegría no tuvo límites. Mis estados emocionales gracias a esta noticia comenzaron a mermar. Por fin pude vivir mi embarazo con anhelo, alegría y expectativa de cómo sería esa personita que mi Dios me iba a prestar por el tiempo que él quisiera para que yo la llenara de todo el amor que se puede dar a un bebé. El 2 de enero fuí a control y le comenté al doctor que desde el 31 de diciembre me estaba sintiendo incómoda con un peso bajo y pequeñitas contracciones. Me revisó para confirmar que ciertamente mi pequeña ya estaba en posición pero todavía faltaba. De la consulta me fuí a un centro comercial a pie que quedaba a unas 15 calles de ahí, ya que aprovechaba cualquier motivo para caminar y así no tener complicaciones durante el parto como me aconsejaron en el curso profiláctico. Y les cuento que estando viendo la ropa de bebé, siento unas ganas de orinar y que me mojaba toda. Además del cólico me fui para el baño: ¡oh sorpresa¡, estaba manchada de sangre. Me sentí alegre y nerviosa. Claro está pensé que ya llegó la hora de conocer a mi pequeña. Enseguida le avisé a mi mamá que gracias a mi Dios nunca me ha abandonado y siempre me acompañaba para regresarnos a la clinica, para que me contaran que ciertamente estaba en preparto y que de aquí en adelante podía ser en cualquier momento. Así que me regresaron a mi casa. Entonces fue cuando mi familia estaba más que nunca pendiente de mis expresiones, de que si me acostaba. Sobre todo que durante el embarazo no me dió por dormir en el dia. Asistí a un quinceañero el 5 de enero, y bailé hasta que las piernas se me acalambraron. Los vecinos comentaban cómo era que estaba bailando si ya estaba que en cualquier momento alumbraba, pero yo seguí hasta las 3 de la mañana. Eso sí, de ahí comenzaron a aumentar un poco más las incomodidades, y el día 7 recogí la decoración navideña durante el día con las contracciones acompañándome. Me relajaba con baños de agua tibia de manzanilla. Mi familia no se la había pillado de las veces que entraba al baño. Terminé y decoré con los motivos de carnavales, ya que soy una orgullosa barranquillera, y en vista que estaban aumentando salí a caminar. Me acosté a las 10 de la noche y a eso de las 12 comencé a ir al baño cada 10 minutos. Ahí fue cuando le avisé a mi mamá. Llegamos a la clínica a las 2 de la mañana del 8. Me revisaron y estaba en 3, y mi tristeza cuando el médico de turno me comentó que había posibilidades de que me tuvieran que practicar una cesárea debido a que mi cuello estaba muy arriba y la pelvis estaba estrecha. Pensé con todo los ejercicios que hice para que esto no pasara, pero a eso de las 6 me colocaron la oxitocina y agarrate que se vino todo. Por un momento pensé y sentí que no iba ser capaz de parir a mi hija debido a la ansiedad, pero sí pude. Dolió pero pude.  Y a las 10:10 am del 8 de enero del 2008 llego mi pequeña con esos ojos bien abiertos y cuando la colocaron a mi lado por primera vez al escuchar mi voz, me ha sabido regalar la sonrisa más hermosa que me han dado en mi vida.  Y comencé en mi tarea de mamá soltera ya que su padre llegó a conocerla a los 9 días de nacida aunque mi familia le aviso enseguida del alumbre. Y hasta el día de hoy no ha vuelto a parecer. Mi pequeña ya cuenta con 3 meses y 24 días y es mi alegría. Aunque estoy un poco triste ya que comencé a trabajar y paso 10 horas lejos de ella. Y gracias a Dios no son más debido a que tengo turnos de mañana y de tarde por lo que me permite pasar un buen tiempo con ella. Es hermosa, alegre, habladora, y buena bailarina como barrranquillera que se respete. Me tocó sola sin compañero y sin padre para mi hija, pero no saben cómo le doy las gracias a mi Dios cada día por regalarme este pedacito de carne que me alegre todas las mañanas con una gran sonrisa cuando escucha mi voz o cuando llego del trabajo y se despierta enseguida me escucha. Y asi fue como llegó a mi vida esta pequeña de unos ojos grandes vivarachos de nombre Adriana Milena. 

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