Se toca los genitales, ¿se está masturbando?

Es muy habitual que los niños y niñas, a partir de los dos o tres años, a veces incluso después, empiecen a tocarse los genitales y que lo hagan a menudo al darse cuenta de que les produce gusto o placer.

Muchos padres se asombran sin saber muy bien qué hacer, pues consideran que ver a su hija "frotándose" con el brazo del sofá o ver a su hijo con la mano por dentro del pantalón equivale a verles masturbándose delante de ellos. Algunos consideran que lo mejor es decirles que dejen de hacer eso, otros que hay que distraerles para que hagan otra cosa, otros optan por censurarles con un "eso no se hace", que puede acompañarse de un "marrano o marrana" y otros quizás no hagan nada.

La pregunta o preguntas entonces son: ¿se está masturbando? ¿Tengo que hacer algo para que deje de hacerlo? ¿Es malo?

Empecemos por la última: ¿es malo?

Recientemente he podido leer, gracias a las redes sociales, un más que lamentable artículo en el que se sugiere que masturbarse es negativo porque quita a los jóvenes la capacidad de amar a los demás de manera sana y es una tentación que se debe controlar por no ser saludable. Absurdo y retrógrado. Vamos, que no es malo masturbarse, creo que esto lo tenemos todos claro. Ni te quedas ciego, ni te cae un rayo en la mano, ni eres un pervertido por hacerlo ni vas a ir a ningún infierno ni nada por el estilo.

Ahora bien, volviendo a los niños pequeños, que es de los que hablamos, ¿es malo? Pues no, pero es que si hablamos de ellos ni siquiera deberíamos llamarlo masturbación, sino más bien autoexploración.

¿Se está masturbando?

No, no lo está haciendo. O al menos no lo hace en el sentido en que nosotros conocemos la masturbación. Es cierto que encuentran placer en ello, les divierte quizás, les relaja, lo hacen quizás porque están aburridos. Coincide que están en una edad en que se están conociendo a sí mismos y están en fase de exploración total del entorno y además de exploración total del cuerpo. No hay connotación sexual ni vicio, sino simplemente el encuentro de una zona del cuerpo que produce cierto placer, y eso hace que repitan la acción. Vamos, que si llegan a darse cuenta de que tocándose el tobillo tienen nuevas sensaciones, le cogerían cierto cariño a su tobillo.

¿Hay que hacer algo?

Pues no. De igual modo que los adolescentes no tienen que leer artículos que parecen escritos en el año 1800 los padres no tenemos que hacer nada con nuestros hijos o hijas, si encuentran placer en tocarse. Es normal que les guste hacerlo. Es normal que lo hagan y, en cierto modo, es lógico. De igual manera que les gusta repetir cuando algo de comer les gusta, de igual modo que siempre te los encuentras en el mismo armario cogiendo la misma cosa que le has dicho cien veces que no deben coger, encuentran un motivo para repetir cuando se tocan los genitales.

Recuerdo un padre que me explicaba que a veces, estando sentado, su hija se sentaba sobre su pierna y empezaba a moverse hasta verla jadear y sonrojarse... el pobre hombre no sabía qué hacer. Obviamente, tampoco es plan de pasarlo mal porque lo que hace tu hija es normal. Si nos incomoda, podemos simplemente explicarle que sabemos que le gusta lo que está haciendo, pero que a nosotros nos hace sentir incómodos, y que si quiere lo haga en otro sitio. Algo así podríamos decirles también en la calle. No creo que sea habitual que suceda, pero si es así, podemos explicarles que eso es mejor hacerlo en casa.

Con el tiempo, a medida que crecen, suelen dejar de hacerlo. Por eso no tiene sentido que les mintamos con tonterías como que se le va a caer el pene si se lo toca ni que les insultemos por guarros y marranas ni mucho menos que lo asociemos con ser bueno o malo ("las niñas buenas no se tocan"). Es normal, es sano, es lógico y están conociéndose.

Foto | Michael Zeising en Flickr En Bebés y más | Mi niño se toca..., Se toca los genitales

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