Cómo tratar la costra láctea

La costra láctea o costra del lactante es una secreción sebosa que aparece en la cabeza en forma de pequeñas costras amarillentas, blancas o grisáceas y que es bastante corriente en los primeros meses de vida de los bebés.

A pesar del nombre que recibe, no tiene nada que ver con la leche con la que se alimentan, sino que aparece porque en estos primeros momentos la piel de los pequeños es especialmente grasa y sufre un trastorno debido a la mala regulación del nivel graso de la dermis.

No debe preocuparnos porque, más allá de un inconveniente estético, estas pequeñas escamas no suponen ninguna molestia para el bebé. Por ello no debemos alarmarnos, y además en la mayoría de los casos la costra láctea desaparece por sí sola con el tiempo.

En casi todos los bebés la capa escamosa es muy fina y en zonas localizadas, y puede desaparecer con un simple frotado con jabón suave durante el baño. Pero si aumenta de volumen, hay unos pequeños trucos para evitar que se expanda y lograr que el cuero cabelludo del pequeño respire mejor.

Si las costras son muy gruesas y se resisten a un simple baño, el remedio sería untarlas con vaselina (más cómodo si es vaselina líquida) o aceite (de almendras, de oliva o de aguacate) una media hora antes del baño, con lo cual se van reblandeciendo.

Después, se lava la cabeza frotando con jabón y se aclara concienzudamente. Lo más probable es que no desaparezcan el primer día, pero poco a poco, y ayudados de un cepillo suave la costra remite.

Si el caso es rebelde, consultemos al pediatra por si fuera síntoma de otro problema y hubiera que aplicar alguna solución médica. En cualquier caso, las costras no se deben rascar ni intentar desprenderlas con las uñas.

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