Cólicos del lactante: qué son

El bebé, al caer la tarde, comienza a llorar. Nada lo calma. Grita, se retuerce. ¿Qué le pasa? Le duele. La situación es constante. Los padres se desesperan, asustados al comienzo pensando en que algo grave está sucediendo y luego ante la imposibilidad de calmar a su hijo. Pero el niño está sano y se alimenta normalmente. No hay una causa identificable. Pero hay algo obvio, el pequeño sufre. Y esto sucede noche tras noche. Esta situación es lo que conocemos como cólicos del lactante pero en realidad ¿qué son?

Los cólicos del lactante suelen aparecer hacia la tercera semana de vida del bebé y normalmente duran hasta los tres meses aproximadamente. No todos los niños los padecen y no hay nada en el cuadro médico que parezca predisponerlos a ello. Los tienen niños alimentados al pecho y también los que toman biberón. Tampoco los evita una crianza en brazos o un parto tranquilo.

El cólico del lactante es un cuadro de causa desconocida, caracterizado por el llanto excesivo y sin motivo aparente, que presenta a diario a un bebé por lo demás perfectamente sano. Al atardecer el niño comienza a llorar y encoge las piernecitas, dando muestras de dolor abdominal en muchas ocasiones.

Afortunadamente, no todos los niños que lloran cada tarde padecen un cólico del lactante. Es habitual que por la tarde los bebés estén más nerviosos y los padres más cansados. Que un bebé llore es normal. No lo olvidemos. Es su modo de expresar cualquier incomodidad o tensión. Su llanto, incluso si consideramos que esta cambiado y alimentado y que no tiene motivos para quejarse, debe ser atendido para evitar el estrés y sus consecuencias negativas.

Si nuestro niño se calma en los brazos y quiere dormirse asÍ no hay motivo para no hacerlo. Vuelve la calma y el niño se relaja en los brazos, aunque se despierta si intentamos dejarlo en la cunita. Si en brazos se le pasa el llanto y lo que nos pide es pasear o ver cosas interesantes, lo mejor es cargarlo en la espalda y hacer lo que tengamos que hacer. Es aburrido estar en la cuna, mamá y el mundo son mucho más interesantes. En estos casos lo único que necesitaba es contacto físico. Relajarnos nosotros también y disfrutar el momento es agradable.

Hay cuadros que se identifican erróneamente con el cólico del lactante. En ocasiones hay problemas de reflujo y debería ser descartado lo antes posible. La regurgitación no siempre es aparatosa, pero si es continua aunque sea leve puede causar quemazón en el esófago y molestias serias que explican el llanto de dolor.

También hay otros posibles problemas digestivos que desencadenan dolor y gases. Me refiero a la bastante común intolerancia a las proteínas de la leche de vaca. Eliminarlas de su dieta es posible. Si toma biberón existen preparados adecuados que es conveniente que sea el pediatra quien los aconseje. Debe ser el médico el que recomiende un tipo de leche u otra. No lo olvidemos.

En el caso de tomar leche materna el problema de intolerancia a la leche de vaca también puede presentarse, sobre todo si se le ha dado algún biberón en los primeros días. En esos casos la madre puede retirar de su alimentación todos los productos que contengan proteína de leche de vaca, incluyendo los bollos, panes de molde y embutidos en los que se incluya aunque sea en pequeñas proporciones.

Otras intolerancias a alimentos no deben ignorarse en bebés que toman pecho y eliminarlas de la dieta materna puede ser efectivo. Es el caso del gluten. Si la madre sospecha que algo de esto puede suceder es conveniente acudir al pediatra y a grupos de apoyo, que le darán pautas para hacer esta prueba.

En todos estos casos, en realidad, estos niños no padecerían un auténtico cólico, sino un proceso que se confunde con él.

Una vez descartadas estas causas que se presentan con una sintomatología semejante nos quedaríamos con el auténtico cólico del lactante. En realidad, no habiéndose encontrado una causa clara y no habiendo una explicación satisfactoria debemos concluir que lo que se llama cólico del lactante es un cajón de sastre donde se incluyen diferentes problemas posibles que el bebé solo sabe manifestar con el lloro inconsolable.

Algunas teorías apuntan a que el niño necesita desahogar las tensiones que le causa el descubrir el mundo. Otras apuntan a un proceso emocional de renacimiento.

Sin embargo los síntomas suelen incluir ventosidades, dolor abdominal y tensión en el vientre. Es posible, como muchos consideran, que el sistema digestivo no esté en esos niños perfectamente formado, y que la adaptación sea, para alguna personas recién nacidas, más complicada que a otras.

Sea como sea a los padres el cólico les produce una enorme inquietud. Su hijo está sano pero sienten su sufrimiento. Y el llanto de un bebé, inconsolable, despierta en nosotros un instinto desgarrador, por un lado desean que deje de dolerle y por otro, desean que pare el llanto. El identificarnos con el dolor de un niño hace daño. En ocasiones la tensión de los padres aumenta y terminan con los nervios destrozados y hasta enfadados con el bebé y el mundo entero. La situación de los padres, especialmente de la madre, es muy delicada en estos casos. Se ha identificado que puede aumentar las posibilidades de que la madre primeriza desarrolle una depresión postparto.

En cualquier caso hay fórmulas, aunque no sean magistrales, que pueden mejorar el estado general del niño que padece cólicos del lactante y aliviar la lógica angustia de sus padres. En el siguiente tema las analizaremos.

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