El ahogamiento seco o ahogamiento secundario no existe: qué debemos vigilar

El ahogamiento es, lógicamente, uno de los mayores miedos para cualquier padre, ya que un pequeño despiste puede ser fatal. Es posible que hayáis oído hablar del ahogamiento secundario o ahogamiento seco, también llamado ahogamiento silencioso.

Una condición que genera mucha preocupación, según la cual, si un niño sufre un ahogamiento aún si se recupera, podría incluso morir unos días después. Pero, afortunadamente, esto no existe.

Actualmente, el ahogamiento seco es un término en desuso e incorrecto. A la vista de que los padres podrían asustarse y evitar confundir con términos que no son correctos, la OMS dió una definición sobre el ahogamiento y la forma de calificarlos:

«Se considera ahogamiento el hecho de sufrir dificultades respiratorias como consecuencia de la sumersión o inmersión en un líquido». Los resultados del ahogamiento deberían clasificarse como muerte, morbilidad o ausencia de morbilidad. Hubo también consenso en cuanto a considerar que debían dejar de utilizarse los términos seco, activo, pasivo, silencioso y secundario para calificar los ahogamientos.

Asustando a los padres sin necesidad

Como aspecto positivo, muchos le han cogido al agua el miedo que merece, y no solo están mucho más pendientes de sus hijos, sino que además hacen lo posible por que aprendan a nadar antes, para prevenir posibles accidentes.

Como aspecto negativo, aun con la vigilancia, hay niños que tragan un poco de agua, o que son víctimas de las (tan odiosas) ahogadillas, y en ese momento se activa el "código ahogamiento secundario", por el que los padres pasan las peores 72 horas de sus vidas, pensando que en cualquier momento pueden encontrarse a su hijo sin vida. Pero no.

Por qué decimos que no existe

El pediatra Jose Mª Lloreda lo explicó muy bien en su blog 'Mi reino por un caballo':

"No hay ningún caso descrito en el mundo de un ahogamiento, que se recuperara sin síntomas, y falleciera posteriormente por ese motivo. Ninguno. Otra cosa es que se ponga eso por escrito en noticias, que es lo que ha pasado. Y las copias de unos sitios a otros, que se han difundido por todo el mundo".

Por su parte, el pediatra Jesús Martínez, también lo aclaró en El País:

"Tragar agua por una aguadilla o dos o doscientas, lleva a tener un empacho, probablemente una vomitona o una cagalera, pero nada más. El agua se ha ido al estómago y si puede digerirla pasará y si no, saldrá por algún lado, por arriba o por abajo".

Qué debemos vigilar

El problema viene cuando el agua no la tragas, sino que la aspiras (o respiras). Entonces va a los pulmones y se activan los mecanismos de tos (como cuando se te va el agua para el otro lado comiendo) para sacarla cuanto antes. Si el niño está consciente y tose y tose hasta que se le pasa, el episodio finaliza y ya no hay riesgo de nada.

Si en cambio el niño pierde el conocimiento y en consecuencia no saca fuera todo el agua que tiene en los pulmones, hay que hacer lo posible para que la eche y pueda recuperarse.

Si expulsa el agua, y se recupera, tendrá que acudir a un hospital igualmente, como es lógico, por la pérdida de conciencia y para que se haga la valoración médica pertinente y quede en observación si es preciso; pero sin tos ni signos que evidencien que aún queda agua, se considera que ya no hay ningún peligro de que haya problemas respiratorios.

Si no la expulsa toda, incluso si en los pulmones queda poquísima agua, entonces tendrá problemas para respirar, y no se podrá ir a casa de alta del hospital. Jesús Martínez lo cuenta así:

"Si el niño ahogado y recuperado sigue tosiendo o sigue mareado porque el oxígeno no le llega bien al cerebro y está confuso y adormilado, quiere decir que todavía queda líquido en sus pulmones y no se le puede dar de alta en urgencias. Puede complicarse con el paso de las horas. Esa tos persistente horas después del susto, como de atragantado, nos debe hacer sospechar que algo no va bien, esa modorra y decaimiento excesivo no es un ahogamiento secundario, que ya sabemos que no existe, es ese ahogamiento primario que todavía no se ha resuelto del todo".

Así que este verano, y todos los veranos, y siempre que haya agua de por medio, vigilad a vuestros hijos porque el agua es muy peligrosa, y más si no saben nadar. Y si les pasa algo, que tragan agua o similar, podéis estar tranquilos si después de unas cuantas toses vuelve a estar activo y jugando.

Solo en caso de que lo veáis apagadito y con síntomas respiratorios tendréis que preocuparos, y entonces en el hospital serán los propios médicos quienes no os dejarán ir a casa hasta que el niño esté completamente recuperado.

En Bebés y más | Dos centímetros de agua y menos de dos minutos son suficientes para que un niño pueda ahogarse

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