Aunque el bebé no imite tus gestos, no dejes de intentarlo

Ponerte frente al bebé y mover la boca, sacar la lengua, cerrar los ojos o sonreír. Se convierte en un juego, porque el pequeño repite nuestros movimientos. ¿O es una mera coincidencia? Hasta ahora se había pensado que los bebés imitaban los gestos de los adultos, pero es posible que se trate de meras coincidencias, al menos en los más pequeños.

Porque lo más probable es que el bebé, estimulado por la cara de mamá o papá, haga sus gestos con la cara igual que mueve las manos o las piernas, activando su sistema motor, lo cual es fundamental para su desarrollo. Por eso, aunque nuestro bebé no nos imite, hay que seguir jugando con ellos, haciéndole caritas y sonidos, ya que se trata de estímulos primordiales para él.

Lo sabemos. Es precioso pensar que el recién nacido nos ha imitado abriendo la boca, sacando la lengua o sonriendo, pero es probable que la imitación no esté arraigada en ellos y al principio ni siquiera nos ve bien (otra cosa es cuando pasan unos pocos meses, entonces el bebé sí es capaz de imitar). Entonces, sus movimientos, más que mímica, son simplemente gestualidad (por otro lado, nada desdeñable y signo de que están saludables).

Así lo señaló un estudio publicado el pasado mayo en Current Biology, elaborado por investigadores de la Universidad de Queensland (Australia). Esta investigación reavivó una controversia de 40 años de antigüedad, después de que un estudio en 1977 estableciera que los bebés imitaban los gestos de los adultos. Aunque esto fue puesto en duda en diversas ocasiones, es probable que algunas investigaciones que no encontraron existencia de imitación no se publicaran al no obtener los resultados esperados.

Con esta revisión y nuevo estudio, realizado con bebés de una, tres, seis y nueve semanas de edad, los autores esperaban recopilar datos anteriores y otros nuevos, y ayudar a transmitir algunos de esos resultados negativos. Entre las nuevas conclusiones, se vio que, aunque los bebés sacaban la lengua con más probabilidad si un adulto realizaba ese gesto, también la sacaban en respuesta a otros siete gestos diferentes.

Entonces, lo más probable es que el bebé aumente su actividad cuando se encuentran cara a cara con un adulto, pero sus movimientos o gestos no coincidían específicamente con los que hacen estos. Así concluyeron los investigadores tras haber experimentado con 11 gestos o expresiones faciales diferentes.

En resumen, la probabilidad de que imitaran a sus padres era tan grande como la posibilidad de que hicieran cualquier otra cosa. Más tarde, los bebés aprenden a imitar, bien observando cómo una persona imita a otra o bien viendo cómo los imitan a ellos mismos, algo que hacemos los padres constantemente.

¿Es definitivo que la capacidad de imitación no es innata? ¿A qué edad sí empiezan los niños a imitar a los demás? Como vemos, quedan cuestiones por resolver, pero lo importante es no olvidar que, a pesar de estas dudas, los adultos constituyen una parte fundamental de la comunicación y el aprendizaje tempranos. ¿Y no lo pasamos maravillosamente haciendo gestos y ruiditos a nuestro bebé, viendo cómo nos responde?

Sea como sea, aunque los bebés no imiten nuestros gestos, lo que sí está claro es que observarnos estimula su actividad cerebral, estar en contacto cara a cara con los papás, mirarlo a los ojos, responder a sus sonrisas, interactuar con él... es fundamental para su desarrollo y para establecer un vínculo afectivo seguro, por lo que yo no dejaría de jugar con el bebé a esas divertidas imitaciones.

Foto | iStock
Más información | Scientific American, Cell
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