¿Helados?: no más de dos o tres a la semana, siempre que la dieta de los niños sea equilibrada

Ay los helados!, ¡qué difícil es resistirse a ellos cuando hace calor!… la asociación es inmediata ¿hace calor? necesito un alimento frío. Y nos dejamos llevar: cuanto más azucarado o más cremoso, mejor nos sabe, pero ¿son sanos los helados para los niños?

En esta entrevista, el nutricionista Julio Basulto nos decía que el consumo debería ser ocasional, pero ocasional en verano es mucho pedir ¿no? Lo que está claro es que la frecuencia en su consumo debería ser baja aunque en la mayoría de los casos no lo es.

También contaba que nutricionalmente uno hecho en casa y otro comprado en la tienda, son prácticamente lo mismo, la ventaja del que elaboramos en la cocina de casa es porque los niños lo viven como algo más cercano y más suyo.

Pensemoslo bien, sanos sanos… no son mucho la verdad (especialmente si abusamos): llevan la grasa de la leche, o de la nata, o del yogur, y demasiado azúcar, tanto que si abusamos de los que se compran, todos notan la diferencia cuando hacemos uno en casa controlando las cantidades, y hay veces que se quejan porque no está bastante dulce. Lo que pasa es que limitar demasiado el consumo de helados intuyo que será bastante complicado porque si llevas a los niños a la piscina, a la playa, a las fiestas de los pueblos, allí todo el mundo está comiendo helado. Una solución será pactar unos días a la semana en los que se come, y unos en los que no, no seremos los únicos seguro.

Y aunque se pueda considerar que un helado sea una merienda completa, también lo es un contenedor hermético con trozos de melón, o un mini bocata de tomate y jamón, o un plátano

Helados encontramos de muchos tipos: con leche y derivados, estos son muy apetecibles, aunque contienen bastantes grasas y pueden aportar hasta 300 calorías; además los de yogur aunque aporten microorganismos de la fermentación, suelen ser ricos en grasas saturadas, así que ojo con abusar de ellos. Los sorbetes llevan agua, azúcares y colorantes como aditivos (si los haces en casa les puedes poner zumo de frutas de verdad).

Helados: siempre con moderación

En teoría dos o tres helados a la semana sería lo máximo que nos deberíamos permitir, y siempre que la dieta en su conjunto sea equilibrada.

Por otra parte es importante que les expliques a los niños que coman despacio los helados, para evitar el dolor de cabeza provocado por una hinchazón de vasos sanguíneos a consecuencia de que los nervios que controlan el flujo de sangre a la cabeza reaccionan ante las bajas temperaturas.

Que disfruten del helado, no hay ninguna necesidad de tragárselo sin saborear

Como he dicho antes, podemos empezar a hacer helados en casa, por aquí teníamos alguna receta; a veces es cuestión simplemente de exprimir naranjas, añadiendo (opcional) algo de azúcar, y congelando el zumo dentro de moldes. También se puede hacer un batido con leche, un yogur, frutas del bosque de las que se compran congeladas, y un poco de azúcar, en 12 horas puede estar convertido en helado si lo dejas en el congelador.

La ventaja es que decides tú la cantidad de azúcar y que no llevan aditivos. También es la mejor opción en caso de alergias o intolerancias alimentarias. Por lo demás un helado con derivados lácteos es un vaso más de leche al día, deberás estar pendiente de lo que está comiendo en esa jornada.

La conclusión es que no es aconsejable pasarse con los helados, ni en verano ni en invierno, por muy ricos que estén.

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