¿Has pensado alguna vez en que tus hijos sean felices?

¿Cuál es el secreto de la felicidad de nuestros niños?; es este un concepto que muchos creemos abstracto y casi imposible de definir, y sin embargo basta con pensar en alguien satisfecho y tranquilo con su cotidianidad para pensar que realmente está muy cerca de ser feliz.

Ahora va otra pregunta ¿pensamos en la felicidad de los hijos?, no me digáis que sí sin pensar, ¿lo hacemos de verdad? No os lo vais a creer, pero han habido tiempos pasados en los que los niños podían imaginar utilizando sólo su cerebro, y en los que jugaban horas y horas en la calle sin que nadie les dirigiera. En aquel entonces los padres estaban siempre para preparar la merienda, curar heridas y reparar almas dañadas por la crueldad de algún niño que se cruzó en el camino de los hijos, por los demás… no agobiaban a los niños con horas repletas de actividades, planes rígidos, y actividades educativas concertadas con mucho esmero (y puede que no tanto cariño por la infancia).

No hacía falta un padre o una madre dispuesto siempre a ayudar con los deberes, porque cuando llegaba la hora el niño los podía acabar con facilidad ya que no se encontraba saturado. Muchos de esos niños llegaron lejos en la vida, porque cuando con el paso de los años acabó el tiempo de jugar habían entendido que es necesario esforzarse para conseguir las cosas, y empezaron a aprender todas las otras cosas que el cole no enseña pero les iban a ser necesarias.

Los padres y madres nos quejamos del trabajo que dan los niños, y nos felicitamos por ser tan ordenados, presumimos porque 'el año pasado fue el primero en la exhibición de patinaje', y porque 'el nivel de inglés que tiene es de tercero de ESO (mira que lista que es mi niña que solo va a cuarto de Primaria)'. Y por supuesto pensamos que las actividades extraescolares son necesarias: una responde a sus intereses (aunque no le hemos preguntado), otra es imposición (porque los idiomas son importantes), una tercera es porque dicen en la tele que deben hacer deporte, y los días que quedan debe leer obligatoriamente una hora que la profesora dice que es necesario avanzar un poco.

Eso no es pensar en su felicidad

Antes los niños no tenían distracciones relacionadas con la tecnología, por ello la fuente de aventuras era inagotable , ahora ¿Creemos que la televisión, los ordenadores y las consolas roban ese precioso tiempo que lleva a la felicidad?, seguro que no - siempre que su utilización sea racional y se permita compartir con los amigos -. La situación realmente insana se produce cuando en sustitución de las horas de libertad existe un plan diseñado al milímetro para cada niño, y cuando en sustitución de la madre que repara almas o el padre que pone la tirita, los peques se encuentran con una pantalla que les muestra estereotipos alejados de la realidad, sobre los que no puede hablar con nadie.

Katie Hurley es una terapeuta especializada en infancia y formadora de padres, la verdad es que no tenía demasiado interés en compartir su artículo (no preguntéis por qué), pero ayer hablaba con una buena amiga y coach, sobre la conveniencia de límites - siempre que no sean rígidos y no limiten - en la vida de los niños; y sobre la falta de felicidad por excesiva planificación en algunos peques de nuestro entorno (también es madre de peques en edad escolar).

¿Qué nos cuenta Katie sobre los secretos de los niños felices?, nos dice que comen a intervalos regulares pero que no están obligados a esperar mucho para llenar sus estómagos (lo que llamamos 'comer a su hora'); también que tienen buenos hábitos de sueño y se acuestan más o menos siempre a la misma hora.

Otros de los secretos son jugar sin instrucciones y tener la capacidad para tomar pequeñas decisiones. A los niños felices se les permite expresar las emociones, y nadie les manda a callar porque lloran o patalean, de hecho es mucho mejor para todos esa situación que tener que 'comerse' los sentimientos para que ningún adulto tilde de 'consentidor' a los padres. Eso sí: la expresión de emociones debe excluir el daño a los demás. Por supuesto nuestros hijos deben sentirse escuchados, 'escuchados' de verdad, que no es lo mismo que tener que contar obligatoriamente 'cómo te ha ido el cole', si en ese momento quieres hablar de 'cómo me lo he pasado cuando he ido a casa de mi amigo a jugar'.

Por último si los niños sienten el amor incondicional también son felices: nadie les reprocha ni les juzga, les dejan equivocarse y les ayudan a solucionar, se les dice que se les quiere haya pasado 'lo que haya pasado', y nunca se antepone la crítica al amor, sino que se este compatibiliza con la comunicación sobre las consecuencias de los comportamientos.

¿Sería la vida más fácil si ellos consiguieran un poco más de felicidad?, pues ciertamente no lo sé, pero puede que nuestra labor como padres fuera más relajada… cuestión de expectativas: debe ser muy estresante creer que deben ser los mejores, no lo es tanto permitirles que tomen las riendas de su tiempo y de su vida, aunque sea parcialmente.

Imagen | Paula Ferrari Vía | Huffington Post En Peques y Más | Ayuda a tus hijos a generar actitudes útiles y positivas, para que tengan una vida más satisfactoria, En el día que empieza otra vez el cole querría contaros que de nuevo he pasado el mejor verano de mi vida, Cuando conseguimos "ir más despacio" dedicándonos tiempo unos a otros, recuperamos el control de nuestras vidas

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