Razones médicas para no amamantar (I)

Hay razones médicas reales para no amamantar, como vamos a ver. Fuera de estas causas concretas, si una mujer desea amamantar debería recibir toda la información real y contrastada para lograrlo, igual que una mujer que opte por no amamantar necesita también información sobre la lactancia artificial.

Muchas mujeres han tenido que abandonar la lactancia, que deseaban, por razones supuestamente médicas, que sin embargo, la Organización Mundial de la Salud no recoge entre las que indica que necesariamente deben conducir a la suspensión de la lactancia o a que se introduzcan complementos al amamantamiento.

Hay madres a las que se recetan medicamentos que tienen realmente un riesgo para el lactante, pero un riesgo menor que la introducción de la lactancia artificial y que además podrían ser substituidos perfectamente por otros de menor riesgo. Para un tratamiento odontológico o una intervención quirúrgica no hay que destetar.

Para aumentar la ingesta de leche en un bebé no hace falta destetar, ni siquiera parcialmente, al menos como primera alternativa. No es motivo para introducir biberones el que un bebé no esté en el percentil 80 o que baje de percentil. Eso no indica que necesite leche artificial, porque tan sano es un bebé del percentil 15 como el del 80. Si no hay signos preocupantes en su salud o una pérdida de peso clara, meter lactancia artificial debería ser la última opción, al menos desde el punto de vista médico. Puede haber motivos adicionales que hagan que una madre opte por los complementos.

Pero en este tema vamos a tratar las causas médicas por las que la Organización Mundial de la Salud desaconseja o pide prudencia en el amamantamiento.

No olvidemos que la producción de leche materna puede ser aumentada y de hecho, en la mayoría de los casos se remonta con la lactancia a demanda y la aplicación de técnicas sencillas de aprender. Incluso si en algún momento concreto es necesario complementar, se puede hacer con leche extraída y no con sucedáneo. Para tratar un principio de mastitis tampoco hay que destetar, sino cuidar que el pecho se vacíe bien, tratar médicamente con el antibiótico adecuado si es imprescindible y adoptar algunas medidas preventivas.

Pero, como he señalado, existen algunos problemas médicos serios que desaconsejan el amamantamiento o que hacen que deba realizarse bajo control. ¿Los conocemos bien?

La Organización Mundial de la Salud señala que las consecuencias de no amamantar suponen aumentar los riesgos para la salud de la madre y el hijo. Algunas de las consecuencias negativas de la lactancia artificial están completamente demostradas, otras, que no menciono pues la OMS aun no lo hace, están en estudio y cada vez son mayores los indicios que apuntan a que la lactancia materna protege de un número enorme de trastornos de salud.

Los bebés no amamantados sufren más diarreas, , meningitis, otitis, neumonía e infecciones urinarias. Más adelante tendrán más posibilidades de desarrollar enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, diabetes, obesidad, sobrepeso y presión arterial alta. Las mamás sufrirán mayores tasas de cáncer de ovario, cáncer de mama antes de la menopausia y hemorragias despues del parto.

La leche materna es un producto que tiene compuestos imposibles de reproducir en un laboratorio, células vivas que la naturaleza ha hecho que produzcamos para proteger a nuestros bebés. Eso ningún producto industrial lo puede reproducir.

A pesar de los claros beneficios de la leche materna hay casos en los que se debe, por razones médicas, suspender totalmente la lactancia, y otros en los que se debe complementar o vigilar. A continuación los vamos a ir viendo.

Enfermedades del bebé:

Hay algunos casos excepcionales en los que el bebé no puede recibir ningún tipo de leche, sino fórmulas que no contengan determinados compuestos. Estas enfermedades son la galactosemia clásica y la enfermedad de la orina en jarabe de arce. Incluso en el caso de fenilcetonuria, la lactancia con fórmula especial podrá ser complementada con pequeñas cantidades de leche materna bajo una estricta supervisión.

La galactosemia es una enfermedad enzimática hereditaria, transmitida como un rasgo autosómico recesivo y cuya ocurrencia es aproximadamente de 1 por cada 60.000 nacimientos entre personas de raza blanca, mientras que la tasa es diferente para otros grupos.

Las personas con galactosemia son incapaces de descomponer completamente el azúcar simple galactosa, que compone la mitad de la lactosa, el azúcar que se encuentra en la leche. La lactosa es un disacárido (di significa 2 y sacárido significa azúcar) debido a que está compuesto de dos azúcares, galactosa y glucosa, enlazados.

Si a un bebé con galactosemia se le da leche, los derivados de la galactosa se acumulan en el sistema del bebé, causando daño al hígado, al cerebro, a los riñones y a los ojos. Después de tomar leche durante algunos días, un neonato con galactosemia rechazará comer y desarrollará ictericia, vómitos, letargo, irritabilidad y convulsiones. Asimismo, se presentará agrandamiento del hígado y el azúcar puede estar bajo. La alimentación continua con productos lácteos lleva a que se presente cirrosis hepática, formación de cataratas en el ojo (que puede ocasionar ceguera parcial) y retardo mental.

La enfermedad de la orina con olor a jarabe de arce (MSUD, por sus siglas en inglés) es causada por una anomalía genética. Las personas con esta afección no pueden metabolizar los aminoácidos de cadena ramificada leucina, isoleucina y valina, lo cual lleva a una acumulación de estos químicos en la sangre.

En su forma más grave, esta enfermedad puede dañar el cerebro durante momentos de estrés físico (como infección, fiebre o no consumir alimentos por un tiempo prolongado). Esta enfermedad también se presenta en una forma intermitente o en forma leve. Aún en su forma más leve, las infecciones pueden provocar retardo mental y altos niveles de leucina.

La fenilcetonuria es una enfermedad hereditaria, lo cual significa que se transmite de padres a hijos. Ambos padres deben transmitir el gen defectuoso para que el bebé padezca la enfermedad, lo que se denomina un rasgo autosómico recesivo. Los bebés con fenilcetonuria carecen de una enzima denominada fenilalanina hidroxilasa, necesaria para descomponer un aminoácido esencial, llamado fenilalanina, que se encuentra en alimentos que contienen proteína.

Sin la enzima, los niveles de fenilalanina y dos substancias estrechamente relacionadas se acumulan en el cuerpo. Estas sustancias son dañinas para el sistema nervioso central y ocasionan daño cerebral. La fenilcetonuria es una enfermedad que se puede tratar. El tratamiento comprende una dieta extremadamente baja en fenilalanina, especialmente cuando el niño está creciendo. Los bebés deben tomar una leche con un contenido extremadamente bajo en fenilalanina y balanceada con respecto a los aminoácidos esenciales restantes.

Otros bebés, aunque deben seguir siendo alimentados básicamente con leche materna, pueden necesitar suplementos de forma controlada y durante un tiempo determinado. Se trata de los bebés de muy bajo peso (por debajo de los 1500 gramos) y aquellos que nacen antes de la semana 32 de gestación. También debe usarse el complemento en aquellos niños nacidos pretérmino, con bajo peso para su edad gestacional y en aquellos que presenten, por tener la madre diabetes o por hipoxia en el parto, problemas en la asimilación de los azúcares, lo que se determina cuando la glicemia en sangre no responde correctamente a alimentación con lactancia materna exclusiva.

El uso de los suplementos, en los demás casos, solamente debería introducirse, por razones médicas, cuando se confirme que la leche materna no es suficiente alimentación una vez estudiado a fondo cada caso y utilizándose antes las técnicas que ayudan a remontar una producción: lactancia a demanda, observación de la postura y el desarrollo de las tetadas, insistencia en la lactancia nocturna y la compresión mamaria y apoyo de grupos especializados.

En los bebés hay que tener mucha atención ante pérdidas de peso y signos de deshidratación o poca actividad, aunque sean síntomas leves, pues en esos casos hay que actuar de forma directa. En principio, un descenso del percentil, mientas exista crecimiento y el bebé esté activo y moje pañales no supone un problema que requiera la introducción de sucedáneos de forma inmediata. En estos casos, acudir a un pediatra con amplios conocimientos sobre lactancia materna y a una consultora de lactancia titulada pueden ser de enorme utilidad.

En el próximo tema analizaré las razones médicas de salud materna que pueden contraindicar la lactancia.

Más información | Organización Mundial de la Salud

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