Los beneficios olvidados de la cultura del esfuerzo y la fuerza de voluntad

Algunos lo llaman la cultura del esfuerzo otros fuerza de voluntad, el caso es que es algo de lo que vamos muy justos habitualmente la mayoría de los adultos por lo que nos es muy complicado inculcárselo a nuestros hijos y eso repercute en su escasa tolerancia al fracaso y a la frustración, aunque en esto como en todo también habrá excepciones ¡claro! Pero sí, al final está todo más relacionado de lo que a veces nos paramos a pensar.

Es evidente que son muchos los beneficios que podemos obtener desarrollando nuestra fuerza de voluntad y animando a nuestros hijos a que ellos también lo hagan. No es tan complicado, sólo requiere un poco de esfuerzo.

Igual que entrenamos nuestros músculos podemos entrenar nuestra fuerza de voluntad y enseñar a nuestros hijos con nuestro ejemplo, sólo hay que proponérnoslo y porpornérselo, esto como casi todo lo que hacemos, también es por su propio bien.

Sí, es verdad que la teoría nos la sabemos al dedillo, lo complicado es llevarla a la práctica entre otras cosas porque nuestro cerebro tiende a lo fácil y lo fácil es instalarse cómodamente en la rutina diaria, lo complicado es iniciar nuevos hábitos y para eso hay que esforzarse.

Buenos propósitos

Podemos entrenar nuestra fuerza de voluntad, lo decíamos antes, nos lo podríamos plantear como entrenar un músculo más de nuestro cuerpo. Un músculo que podemos fortalecer con el uso pero que también podemos llegar a “sobrecargarlo” con un uso excesivo o atrofiarlo directamente si no lo ejercitamos ni lo más mínimo.

Según los datos, la fuerza de voluntad reduce la tasa de ejecución de los impulsos negativos del 70% al 17% según un estudio realizado por la Universidad de Chicago en el año 2001.

Y por otro lado, lo que se llama el déficit de voluntad o de autorregulación nos lleva a un tremendo sufrimiento e incluso a trastornos psicológicos que nos hacen la vida más complicada, según algunos investigadores desde déficits de atención a trastornos de alimentación y de control de impulsos, vienen asociados por este déficit de voluntad porque en el fondo, es evidente que la voluntad nos permite no ser esclavos de nuestros instintos, en todos los sentidos.

Por ejemplo, sabemos todos que el inicio del año es cuando más gente se apunta al gimnasio, sin embargo también se sabe que sólo un 25% continúa acudiendo a mediados de mes y sólo un 5% del total continúan 6 meses después. Ellos son los que realmente han entrenado su fuerza de voluntad durante todo ese tiempo.

Enseñanza para nuestros hijos

Muchos pedagogos se quejan de que precisamente el valor del esfuerzo es algo que tiene poco espacio en la educación de nuestros hijos con todo lo malo que ello supone para su desarrollo emocional, para su felicidad incluso.

Tenemos una tendencia a dar “caprichos” a los niños para evitar que lloren, a ceder ante sus peticiones, a no discutir con nuestros adolescentes aunque realmente también sabemos que con ello no estamos ayudando realmente a su educación o a su desarrollo pero a veces las circunstancias nos superan, es complicado actuar siempre bien, eso es cierto.

Vivimos además en la cultura de la inmediatez y se infravaloran o directamente se ridiculizan factores como esfuerzo, disciplina o sacrificio pero ¿somos conscientes de lo que supone esto en el cerebro en crecimiento de nuestros hijos, en su forma de gestionar su capacidad de frustración?

La fuerza de voluntad está directamente relacionada con la inteligencia emocional, de hecho para muchos científicos aquellas personas que han desarrollado su fuerza de voluntad han invertido tanto tiempo y esfuerzo en su educación como en su propia felicidad ¿no os parece una inversión magnífica en la educación y en la felicidad de nuestros hijos?

No, es evidente que no es fácil, no es sencillo y en este como en todo lo demás, el aprendizaje se hace sobre todo con el ejemplo que nosotros les ofrecemos a nuestros hijos.

¿En qué podemos apoyarnos para conseguir triunfar en esta carrera de fondo? En la motivación, sobre todo autónoma, una motivación que no sea ni presión ni control desde el exterior.

Hacer algo porque “queremos hacerlo” por nosotros mismos, las razones o los motivos en los que basemos nuestro esfuerzo van a ser de una influencia vital en nuestra fuerza de voluntad y por otra parte, somos conscientes de que el fracaso de nuestra propia fuerza de voluntad es uno de los problemas centrales del ser humano.

Vía | abc.es
Fotos | iStockphoto
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