El efecto Westermarck: la infancia compartida anula la atracción sexual

Nuestros compañeros de Xataka Ciencia nos han explicado que existe algo llamado el efecto Westermarck, que determina los seres humanos no nos sentimos atraidos sexualmente por las personas con las que crecermos en nuestra infancia, especialmente si se trata de padres o hermanos.

Esto se encuentra posiblemente en la base de úno de los tabús más extendidos en todas las sociedades: el incesto.

El nombre "efecto Westermarck" se debe a un antropólogo finés que lo definió a fines del siglo XIX y luego ha sido confirmado por multitud de trabajos antropológicos y también etológicos en primates: la crianza compartida anula la atracción sexual.

El estudio de este fenómeno incluye también a niños criados como hermanos desde la más temprana infancia y que, en consonancia con costumbres matrimoniales conocidas en Taiwan en las que la niña es adoptada en la familia del futuro esposo desde pequeña para asegurar una pareja a este sin los costes de la dote.

Estos matrimonios tenúan un alto índice de divorcio y, en muchos casos, la muchacha se había casado obligada ya que no´sentía atracción por el joven junto al que había pasado su infancia.

En una pequeño número de culturas este tabú no ha existido, como entre las clases dirigentes del Antiguo Egipto, pero, en general, se pueden encontrar en todas las culturas y sociedades actuales e históricas, estando además penado legalmente y aborrecido de manera absoluta por el resto de las personas de cada una de las culturas estudiadas.

Por el contrario, si hay algunos casos de hermanos que, no habiendo crecido juntos y sin conocerse, llegan a relacionarse sexualmente y hasta casarse, debido, quizá, a que esa alarma que nos impide sentirnos atraidos por hermanos o familiares muy directos, en su caso no funciona al no haber compartido la infancia.

La conclusión es que hay un mecanismo en nuestra psique que nos hace no tener interés sexual hacia los individuos con los que crecimos en estrecha relación en la primera infancia.

El incesto, por tanto, es algo más que tabú cultural, se nutre de impulsos instintivos que parecen favorecer la exogamia, es decir, que los seres humanos busquen su pareja fuera de su grupo genéticamente más próximo y así favorecer la supervivencia de la especie mediante la diversificación de los rasgos hereditarios.

Se desconoce que produce el efecto Westermarck, pero parece tener un orígen natural, más que cultural, y puede ser que sea producido por el olor, la competitividad entre hermanos u otras razones biológicas que forman en nuestra mente la idea de que algunas personas no están disponibles como compañeros sexuales.

Via | Xataka Ciencia

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