No es bueno camuflar las verduras a los peques

Las verduras son los alimentos que suelen causar mayores problemas en la alimentación infantil. Los niños tienden a rechazarlas porque no les gustan y los padres hacen todo lo posible por disfrazarlas para que pasen desapercibidas en las comidas, pero debemos saber que no es bueno camuflar las verduras a los peques. Os contaremos por qué.

Los niños experiementan lo que se conoce como neofobia, el miedo a probar alimentos nuevos, un trastorno bastante frecuente en la infancia. Los niños necesitan tomarse tu tiempo y una buena dosis de paciencia por parte de los padres para que acaben aceptándolos.

Pero lo más acertado para evitar que los niños sufran esta aversión a los nuevos alimentos, y especialmente a las verduras, que ocupan el lugar menos agraciado en las preferencias infantiles, es acostumbrar a los niños a probar nuevos sabores sin camuflarlos desde que empiezan a comer sólidos.

Las verduras en la dieta infantil

Las verduras son fundamentales en la dieta infantil pues son una importante fuente de fibra, vitaminas y minerales. Se encuentran en el segundo nivel de la pirámide nutricional junto con las frutas, aunque debido a su importancia hay quienes proponen que ocupen el primer nivel en lugar de los cereales.

Gracias a su aporte de fibra vegetal favorecen el tránsito intestinal, además tienen pocas calorías (por eso se recomienda acompañarlas con legumbres, arroz y carnes), bajo contenido en proteínas y grasas y mucha agua. Actúan como antioxidantes protegiendo de enfermedades crónicas y ayudando a mantener la salud de tejidos como piel y mucosas del cuerpo.

Introducción de las verduras en la dieta infantil

Desde que comienzan con la alimentación complementaria, a partir de los seis meses, pueden empezar poco a poco a probar verduras y hortalizas como patata, batata o boniato, guisantes, judías verdes, calabacín, calabaza, puerro, apio, brócoli.

Se recomienda darlas después de la toma de leche, porque la leche sigue siendo lo más importante, pero sí darles a probar las verduras, siempre una a una, y luego ir combinándolas para que vayan conociendo nuevos sabores y texturas.

A partir de los seis o siete meses, según la recomendación del pediatra, pueden introducir zanahoria, tomate, coliflor, cebolla y a partir de los 12 meses espárragos, champinón, espinacas, col, remolacha, nabo, espárrago, acelga y la verdura de hoja en general por su alto contenido en nitratos.

Formas de preparar las verduras sin camuflarlas

Cuando se trata de bebés de menos de un año, a la hora de prepararlas, se cuecen con poca agua para aprovechar los nutrientes que quedan en el caldo y se escurren bien.

Se pueden triturar para hacer papillas o machacarlas con el tenedor, o bien cortarlas en trocitos para que el bebé pueda cogerla con sus deditos. Para añadirle valor calórico y algo de sabor, se les puede echar un poco de aceite de oliva.

No camuflarlas no quiere decir que no sean sabrosas. Hay cientos de formas de preparar las verduras, sin esconderlas, de forma que resulten más sabrosas para los pequeños.

No hay que presionarlos ni forzarlos a que prueben nuevos alimentos, porque puede producir el efecto contrario al deseado retrasando su aceptación.

Camuflar significa esconder y esconder el sabor de las verduras no es lo que queremos, si pretendemos que acaben aceptándolas. Hay que ponerle imaginación para prepararlas de diferentes maneras, combinándolas con diferentes alimentos, hasta que les resulten más agradables, pero sin pretender esconderlas.

Lo único que conseguimos al esconder las verduras en la preparación de las comidas es que no las conozcan. Conocerlas, probarlas, tocarlas, sentir su textura, su sabor, su color, es la forma de que los niños se familiaricen con ellas. Por eso, cuanto antes lo hagan más natural será para ellos.

Si al prepararlas las camuflamos "para que no se enteren que están allí", el niño nunca perderán el sentido de desconocimiento hacia el alimento y nunca sabrán si le apetece o no.

Por lo general, los bebés suelen aceptarlas mejor, y si no es así, debemos seguir intentándolo con mucha paciencia. Se dice que son necesarios hasta diez intentos para que el niño acepte o rechace definitivamente un alimento. A veces, el alimento que no querían ni probar, al tiempo lo aceptan sin problema.

Pero suelen ser los niños algo más mayorcitos los más reacios a comer verduras. Es ahí cuando tenemos que desplegar toda nuestra imaginación para prepararlas sin camuflarlas porque no es bueno camuflar las verduras a los peques. Se pueden gratinar con queso, preparar un pastel de calabación, un budín de zanahorias, una tortilla de acelgas o unos bocaditos de espinacas.

De esta forma, la verdura se ve, no queda camuflada, recibe el sabor de otros alimentos pero el niño sabe que las consume.

Por último, la mejor forma de conseguir que los niños se muestren interesados por conocer sabores nuevos es hacerlos partícipes de la preparación de los alimentos. La motivación es muy importante a la hora de comer, y al participar en la elaboración de los platos se sienten más motivados a la hora de probarlos.

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