Las legumbres en la alimentación infantil: las judías

Las judías son la siguiente legumbre de la que nos ocuparemos en nuestro especial en el que estamos repasando los alimentos en la nutrición de los niños.

Las judías son una familia muy extensa y variada de plantas, que pertenecen a la familia de las fabáceas. Se cultivan en un climas cálidos y húmedos y también en otros más secos y templados, por lo que su cultivo y uso están muy extendidos.

Como otras legumbres, fue cultivada por el hombre desde el descubrimiento de la agricultura. En su caso, es una planta originaria de América y hay datos de su uso hace 7000 años en la zona sur de México. Desde allí se extendieron por toda Suramérica.

Cuando los españoles llegan a América su uso es común en todas las culturas y se conocen desde hace milenios las variedades blancas, negras y rojizas. A partir del siglo XVI van introduciéndose en Europa y en 100 años se habían convertido en un cultivo habitual.

Si la planta se destina a comerse verde se plantará en huerta, de manera intensiva y con riego adecuado, y se recolectará cuando está verde la vaina, comíendose toda entera como “judías verdes”. Si se va a destinar en consumo en seco suele plantarse de manera extensiva y dejándo secar la semilla ya formada, se comerá unicamente esta parte y no la vaina.

La judía seca se consume cocida y es conveniente dejarla en remojo desde la noche anterior para que se ablande. Los niños pueden, en principio, consumirla desde los 10 u 11 meses, al comienzo sin piel y hecha puré, mezclada con verduras. A partir del año podemos dárselas completas si le sientan bien, ya que la piel es bastante flatulenta y puede ser mejor retrasarla según veamos que reacciona. Como siempre, mejor moderación y lentitud en los nuevos alimentos.

Si las consumimos con arroz o algún cereal completo conseguimos un alimento con gran riqueza en proteinas, y mezcladas con verduras, completamos la dosis de vitaminas, por lo que ambas preparaciones son muy adecuadas para la dieta infantil.

Normalmente las compraremos secas y las cocinaremos en casa, pues, aunque existen preparaciones precocidas, para los niños mejor prescindir de los conservantes y del exceso de sal.

Su composición nutricional es excepcional. Cien gramos de judías contienen de un 50 a un 60 por ciento de hidratos, un 20 por ciento de proteínas, un 15 por ciento de fibra, una considerable cantidad de vitamina A y grasas saludables, con nada de colesterol. La fibra mejora el tránsito intestinal y sus hidratos regulan la cantidad de azúcar en sangre, siendo mucho más saludables que los azúcares y las harinas refinadas para proporcionar energía a los niños.

Tienen calcio, fósforo, hierro, magnesio, sodio, potasio y zinc, además de retinol, ácido ascórbico, tiamina, riboflamina, niacina, ácido fólico, leucina, lisina y muchas otras substancias indispensables para el crecimiento y el funcionamiento cerebral.

Las judías son verdaderas bombas nutricionales, ricas en proteína, fibra, calorías, aminoácidos, vitaminas y minerales, por lo que no deberían faltar en la dieta infantil por lo menos una vez a la semana.

Comer bien no es comer caro, sino buscar alimentos completos y naturales, que, desde luego, pueden ofrecernos los nutrientes necesarios sin tener que acudir a productos industriales que prometen fórmulas enriquecidas. Unas buenas judías son ricas de sobra. No hace falta comprar inventos alimenticios industriales para darle a los niños lo que necesitan para crecer sanos.

Lo caro no es más sano. Y unas buenas legumbres como las judías son ideales para la alimentación infantil completa.

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