Buenos hábitos alimenticios desde el nacimiento

En temas anteriores hemos abordado ya algunas ideas para mejorar la dieta de los niños y ahora hablaré, más específicamente, de los consejos que podéis aplicar para que los niños coman mejor desde que nacen y antes todavía, desde el vientre materno.

La primera cuestión sería, lógicamente, definir que significa que los niños coman mejor, pero antes quiero hablar de las bases para lograrlo incluso antes de su nacimiento.

Qué son los buenos hábitos alimenticios

Los buenos hábitos alimenticios serían los que, preferentemente desde el apetito personal y la propia voluntad, permitan que el niño elija una nutrición completa y variada que cubra todas sus necesidades y le ayuden a autoregularse, eligiendo alimentos lo más sanos posibles.

Afortunadamente existe cada vez mayor conciencia sobre lo que es una correcta nutrición y sobre los riesgos de la obesidad. Sin embargo, son los bebés y niños pequeños se sigue cometiendo el error de identificar al niño sano con el niño gordito y eso es completamente incierto.

Un niño sano debe tener un peso adecuado a su edad y altura. Fuera de eso, muchas variaciones son posibles y el que un niño esté en un percentil alto de peso no deberíamos identificarlo con que está mejor alimentado. De hecho, dentro de los límites normales de peso el que el niño engorde más es una de las cosas que deberían preocuparnos más.

Otro error frecuente es considerar que un niño come mal porque come cantidades pequeñas, o mejor dicho, menores de lo que padres y listados de libros o consultas pediatricas recomiendan. Las cantidades reales que necesita un niño de alimentos y, sobre todo en una dieta bien distribuida a lo largo del día, de manera alguna signfica que deba comerse un plato sopero hasta el borde, ni mucho menos. Podéis ver aquí cuales son las cantidades reales de alimentos que necesita un niño.

Entonces, si no es que esté gordito ni que coma mucho, ¿es que coma de todo? Pues tampoco necesariamente. Lo que realmente debe preocuparnos es que tenga una dieta que le aporte las calorías y nutrientes que necesita, respetando su apetito, sus gustos y la gran variedad de cantidades posibles que puede necesitar cada organismo.

¿Hay que comer de todo, de todo, de todo?

Una buena dieta debe aportar los nutrientes necesarios, y estos provienen de alimentos de diferentes grupos y orígenes. Si hay mucha variedad es, lógicamente, más fácil obtener lo necesario, pero no es imprescindible.

Ningún ser humano consume todos los alimentos posibles que acepta nuestro cuerpo. Los insectos, por ejemplo, son una fuente de proteínas de gran calidad pero en los países occidentales es muy raro que se incluyan en la dieta y no pensamos que por no comerlos se vaya a padecer ninguna carencia. Podemos aplicar este concepto a cualquier alimento.

Es decir, comer de todo más que comer de todo lo que se acostumbra comer en nuestra cultura es comer para conseguir todos los nutrientes: proteínas, hidratos, vitaminas, minerales y fibra. Y ese sería el primer concepto que creo que los padres deberíamos tener claro para ser capaces de tener una buena disposición hacia las elecciones de nuestros hijos y no forzarlos, pues forzar o agobiarse no es ningún favor ni para nosotros ni para los pequeños.

Os juro que se vive sin acelgas. Os juro que se puede vivir sin carne de pollo. Os juro que se puede vivir sin calamares. Y hasta sin manzanas y peras. O sin pan. Nada puede ser peor que empeñarnos en que determinado alimento es imprescindible para que el niño llegue a desarrollar una buena actitud hacia los alimentos y la nutrición.

Lo que debe preocuparnos con los más pequeños sobre todo es no forzar, respetar y ofrecer alimentos sanos, nunca industriales y que cubran sus necesidades nutricionales básicas.

Si no come acelgas, igual le gusta la lechuga y los guisantes, o la zanahoria y la col. Si no come pollo comerá seguramente algún otro tipo de carne. Si no quiere calamares y le da arcadas el pescado, podemos pasarnos a los boquerones fritos o las albóndigas de salmón. Si no come manzanas o peras igual si quiere un zumo de naranja o una sandía.

La cosa es ir ofreciendo pero sin desesperarse. Cuanta más libertad de elección y más sana y fresca sea la variedad de alimentos disponibles mejor relación tendrá el niño con el comer placentero.

Comer, es necesario para vivir y también debe ser una acción placentera. Comer algo que no nos gusta nos hace daño y peor si nos obligan a comer algo que nos da asco.

Neofobia

En los niños pequeños es muy frecuente la neofobia, es decir, el rechazo a los nuevos alimentos. Y en eso soy tajante, siempre hay que respetar, dando tiempo, ofreciéndolos pasado un tiempo prudencial, buscando preparaciones que les resulten apetitosas, y, en última instancia, si persiste el rechazo, dejando durante bastante tiempo de incluirlos en la dieta del niño.

Uno de los grupos de alimentos más problemáticos son las verduras. Y uno de los errores más frecuentes es ofrecerlas a los bebés en papillas mezclando varias de ellas, incluso alguna algo amarga o de sabor fuerte. Siempre hay estrategias que podemos ir intentando: platos que disimulen su textura, presentaciones en crudo o hacerlas como acompañamiento al vapor. Y si las rechaza pero come fruta, esperar un tiempo y estar tranquilos, ya comerá si le damos tiempo y buen ejemplo.

Yo aconsejo, aunque yo no lo conocía cuando mi hijo era pequeño pero he visto sus excelentes resultados, el método Baby led Weaning, es decir, dejar que el niño pequeño, al introducir la alimentación complementaria, elija por él mismo sus alimentos dentro de una gama sana, natural y sencilla.

Autorregulación y buenos hábitos alimenticios desde el nacimiento

La relación del niño con la comida comienza ya en el vientre materno, donde aprende los sabores degustando el líquido amniótico, y va a continuar durante la lactancia, cuando la leche materna le traerá el sabor de lo que la madre coma. Incluso comienza de forma indirecta cuando el niño huele lo que comemos y nos observa hacerlo.

Así que el primer consejo sería tener una dieta variada en el embarazo, dar de mamar mínimo hasta los dos años (cuando su alimento principal debe seguir siendo la leche) y comer con el bebé presente, dejándole, siempre después de los seis meses y respetando las indicaciones de edad de introducción de alimentos, ir probando pequeñas cantidades de cosas que nosotros mismos comamos.

No hacer comida especial para los bebés, no dar papillas sino hacer cosas que ellos puedan comer y se parezcan a lo que nosotros comemos y no comprar preparados industriales les hará ver la comida como algo deseable que quieren compartir con nosotros y no empañará su paladar.

Y enlazando con esto, debo recalcar de nuevo la importancia de los modelos. Y teniendo en cuenta que el primer modelo somos los padres, comer nosotros sanamente y acompañados de nuestros hijos. Si no comemos nunca fruta va a ser complicado convencerlos de que ellos lo deben hacer.

Es decir, la mejor manera de que nuestros hijos adquieran buenos hábitos alimenticios desde el nacimiento comer bien en el embarazo, mantener la lactancia materna como mínimo dos años, y ante todo confiar en su autoregulación, no presionar, ofrecer alimentos sanos y naturales y tener buenos hábitos nosotros mismos.

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