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“Escuchar más que hablar y luego llegar a un acuerdo”, claves para que nuestros hijos adolescentes desarrollen una autoestima sana

“Escuchar más que hablar y luego llegar a un acuerdo”, claves para que nuestros hijos adolescentes desarrollen una autoestima sana
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Todos los padres, sin excepción, queremos que nuestros hijos sean felices, y eso pasa sin remedio porque desarrollen una autoestima sana, conozcan sus capacidades y aprendan a superar los obstáculos.

Pero en una etapa de tantos cambios como la adolescencia, es habitual que sus inseguridades aparezcan. Y ahí debemos estar los padres para escucharles, incluso más que hablarles, y luego negociar para llegar a un acuerdo.

Son algunas de las nueve claves que debemos desarrollar para fomentar una autoestima sana entre nuestro hijo adolescente. Así nos lo explica la psicóloga Pilar Conde, directora de las Clínicas Origen e impulsora del Programa Crece para adolescentes.

La empatía es fundamental

Si queremos apoyarle, ayudarle a creer en sí mismo y en sus capacidades, lo primero que tenemos que hacer es entender en qué etapa de su vida se encuentra, cómo es ahora.

En la adolescencia, nuestro hijo está inmerso en un proceso de conocimiento de sí mismo, de saber con qué creencias se identifica y el valor que dar a esas creencias.

Deja de estar bajo los criterios con los que ha trabajado con sus padres y tiene que desarrollar sus capacidades para tener su propia balanza de lo que está bien y mal. Va a ver de manera diferente su visión sobre qué es ser hijo, adulto, amigo, qué persona es dentro de la sociedad.

Se desmorona su vida en el mundo y tiene que aprender una nueva manera de actuar.

Mientras lo hace, el entorno (los padres y profesores, sobre todo) tienen que validarlo. Como padres, podemos echarnos las manos a la cabeza pensando “pero si yo no lo he educado así” y es absolutamente verdad. Pero está abriendo su mente. Por eso, es importante hablar con él y escucharle, porque no le gusta lo que le dicen los padres y va a ir en contra de sus opiniones. Pero les podemos preguntar para que vayan reflexionando. Necesitan saber que los escuchamos.

1. Escucharles, pero marcando límites

“Necesito autonomía pero tampoco me sueltes mucho porque no soy un adulto”. Sería el resumen de su actitud, explica la psicóloga, porque necesita ser escuchado pero también que se le marquen límites. Siempre van a estar tanteando para saber hasta dónde pueden llegar y necesitan que los adultos les pongan freno.

"Los adultos deben ponerle techo, frenarle, porque aún no sabe qué es lo bueno y lo malo".

¿Y cómo hacerlo para manejar su rebeldía? La experta lo tiene claro: preguntando mucho para que reflexione. Después. Podemos mostrarle nuestro punto de vista, pero sin imponerlo: “Me gustaría que pensaras así…”, pero nunca obligando.

Sus amigos piensan de una manera determinada y, al menos al principio de la adolescencia, necesita estar dentro del grupo y debemos respetarlo, aunque pensemos diferente y no le demos la razón.

2. Hacerles reflexionar

Adolescente Cine

"La idea pasa por hacer preguntas abiertas, para que se plantee las cosas y piense. A continuación, puedes explicarle que no estás de acuerdo y porqué, pero respetando su punto de vista".

Es una de las recomendaciones de PIlar Conde que, quien añade que podemos aprovechar para ver con ellos programas o series que planteen temas polémicos y así comentarlos. Ejemplo: si sale una pareja de homosexuales, “¿Y tú que piensas al respecto?”. Debe ver que le tratamos como una persona que tiene su propio punto de vista y nosotros le respetamos.

Aunque nos parezca imposible, los valores instalados en la infancia están ahí y van a prevalecer, y les sirve para tener sus propios frenos.

3. Reconocer sus necesidades y negociar con ellos

Explica la directora de Clínicas Origen que nuestro hijo está en una etapa en la que tiene dos necesidades importantes:

  • Autodefinición del yo. Deja de estar en la familia y su interés se traslada a las amistades. Es una primera fase: quiere estar en el grupo y ser como ellos.

  • Y una segunda fase, en la que necesita desligarse del grupo, ser diferentes al grupo: sentirse una persona única.

Los padres deben entender que lo que les funcionaba en la infancia ya no sirve. El niño ha desaparecido y deben facilitar el momento vital en el que se encuentran, aprender a comunicarse con ellos de otra forma.

Asegura la experta que "una estrategia que funciona en la adolescencia es la negociación: escuchar, aunque aclarando que no estamos de acuerdo con todo lo que diga". Nuestra opinión va a tener importancia, pero dejándole espacio para que elijan. Un ejemplo: “Tienes que ir a casa de la abuela. Puedes ir ahora con nosotros, a comer con ella o por la tarde. Me da igual cuando sea, pero tienes que ir”.

O con el horario de llegada a casa. Podemos dejar que exprese sus necesidades, luego nosotros como adultos le decimos lo que pensamos y llegamos a un equilibrio.

Y muy importante, según la psicóloga: "cuando se acuerden unos compromisos, debe saber que en caso de no cumplirlos habrá consecuencias establecidas de antemano". Han sido consensuadas y, por tanto, hay que cumplirlas.

Saben cómo desesperarnos y están tanteando hasta dónde pueden llegar, así que no podemos perder los papeles.

4. Dejarles a solas y no invadir su intimidad

Adolescente Cama

Como explica la psicóloga, todo se puede negociar: el móvil, la habitación y también su espacio.

Por eso, hay que respetarlo. Podemos por ejemplo negociar un día para entrar con él en la habitación para ordenarla, limpiarla, cambiar sábanas… sin que sienta que mientras no estaba le hemos revuelto los cajones o sus papeles del escritorio, por ejemplo.

Los adolescentes necesitan pasar tiempo solos, mantener la introspección. En la infancia todo era de todos, pero ahora necesitan un espacio que sea suyo, para tenerlo a su manera, con su propia decoración.

Es el momento de quitar los objetos de la infancia y sustituirlos por otros. Hay que dejarles, dentro de un orden, que pongan lo que quieran en su cuarto, que creen su propio espacio a su medida. "Incluso debemos llamar cuando queramos pasar si están con la puerta cerrada", explica la experta.

“Necesitan tener secretos. Por eso, nunca debemos mirar sus cajones o curiosear sus cuadernos, por ejemplo. Si te pillan, lo interpretarán como una falta de confianza absoluta y eso les invalida".

Tenemos que buscar las mañas para conocerlos sin hacer trampas. Y eso incluye también a qué ven o hacen en Internet.

Por supuesto que sí podemos ponerles controles parentales, pero teniendo su consenso (de nuevo negociación). Porque, como ha dicho antes la experta, necesitan límites.

Podemos establecer, por ejemplo, que vamos a revisar qué apps se ha descargado o qué páginas visita una vez a la semana. Además, "es mejor hacer con consenso de las dos partes, porque son mucho más digitales que nosotros, se saben más trucos en la mayoría de los casos y aprenden cómo saltarse nuestro control si no están de acuerdo".

Y como le gusta que le prestemos atención a sus cosas, podemos aprovechar mientras está jugando online (por ejemplo), para sentarnos a su lado para ver cómo lo hace y con quién juega y "eso no suele molestarles", añade Pilar Conde.

En la negociación hay que establecer qué puede y no ver o que entienda, por ejemplo, que mantenemos la localización de su móvil por su propia seguridad, para saber dónde está y no por controlarle.

5. No inmiscuirnos en sus amistades

Adolescentes Amigos

Ya no es un niño y se mueve solo, con más libertad, así que es imposible prohibirle salir con ciertos adolescentes, porque puede hacerlo a nuestras espaldas.

Si se encuentra bien en un grupo, es complicado que sus padres lo saquen de él, a no ser que le cambien de instituto y aún así es complicado.

Así que lo mejor es procurar conocer a sus amigos, preguntarle por ellos y saber de qué habla en las redes sociales, pero sin cotillear a sus espaldas.

Según la psicóloga, sus conversaciones son privadas, pero puedes interesarte (preguntarle) en qué grupos está, quiénes los integran: "Necesitan intimidad y pertenecer a un grupo para mantener una autoestima sana y hay que respetarlo. Porque si intentamos alejarlo, va a hacer justo lo contrario a lo que persigues".

Podemos hablar con él, explicarle suavemente los conflictos que tiene ese amigo (o amigos), pero al final es nuestro hijo quien tiene que encontrar la salida.

Por ejemplo, en el caso de nuestro hijo que salga con un grupo violento, hay que ponerle límites y explicarle cómo actuar: “Respeto lo que hagan tus amigos, pero hay límites que tienes que respetar y eso no se hace”.

"El marco de referencia paterno sigue estando ahí y a los adolescentes les gusta hacer las cosas bien, por lo que los padres deben mantenerse firmes para que entiendan las consecuencias de sus actos".

6. No criticar su imagen

Está construyendo su personalidad, descubriendo quién es, así que es lógico que pruebe muchos cambios de imagen. “Hay que respetarle, pero dentro de unos límites”, explica la psicóloga.

Si nuestra hija de 15 años pretende salir a la calle con un escote enorme, toca de nuevo negociar con ella y encontrar un equilibrio: “Entiendo que quieras llevar esa camiseta porque te sientes bien con ella, pero como padre no me parece bien, así que vamos a elegir otra con escote, pero no tan pronunciado”.

También los padres pueden aprovechar al principio de la adolescencia, cuando aún van con ellos de compras, para negociar dentro de la tienda: “Me gustaría que consideraras esta prenda que a mi me gusta. Porque, aunque tengo que respetar tus elecciones, esto no me parece bien". Necesitan un límite y podéis encontrar algo que complazca a ambas partes.

Está claro que necesita gustar para encajar en un grupo y la ropa es una forma de lograrlo. Comenta Pilar Conde que "aunque los enfrentamientos por la imagen entre padres e hijos se repiten generación tras generación, ahora es aún más complicado entenderse, porque los cambios son mucho más rápidos y uno se queda desfasado mucho más rápido".

Podemos preguntarle: “¿Qué se lleva? ¿Qué te gustaría llevar?" Y a la vista de sus respuestas, vamos a negociar.

"Su look es una forma de crear su identidad personal, de diferenciarse del grupo, sobre todo ya bien entrados en la adolescencia".

La búsqueda de un estilo propio es una actitud buena, positiva, porque va en contra de lo que les están imponiendo. Por ejemplo, con el uniforme del colegio, cuando procuran diferenciarse en algo (aunque sea en el largo de la falda).

7. Evitar las charlas y gritos

Adolescente 1

En la adolescencia las charlas no sirven. Hay que escuchar más que hablar y luego llegar a un acuerdo.

Es muy importante cambiar el imponer por negociar. Se puede enfadar y nosotros gritar más. Pero al llegar a este punto (y mejor antes) hay que “nos vamos, nos relajamos, descansamos, y luego seguimos con nuestra conversación hasta llegar a un acuerdo”, recomienda la psicóloga.

Porque si el adulto pretende imponer, el adolescente se va a rebelar y a chillar más. "Los padres deben entender que pararse a pensar no significa que hayan perdido, que están cediendo. Todo lo contrario: es una ganancia", añade. Simplemente estamos posponiendo la conversación para dejar de faltarnos al respeto.

Debemos enseñarle cómo se resuelven los conflictos con nuestro propio comportamiento: “Si empiezas a levantar la voz, continuamos luego”, porque si ve que funciona imponerse, gritar, lo va a usar después.

"Nunca se gana por la fuerza, porque aunque te haga caso en la adolescencia, terminará por comportarse luego igual que tú".

8. Valorarles y hacer que se valoren

Tanto desde la escuela como desde casa hay que entender qué le pasa al adolescente e intentar validarlo. No hay que restar importancia a lo que para él es vital y sí ayudarle a sentirse más seguro.

  • Si aborrece su físico. Podemos, por ejemplo, delegar la situación: “Te veo guapísima, pero tú cómo crees que te encontrarías mejor? ¿Qué puedo hacer por ti para que te sientas mejor?"
  • Si no se ve capaz de hacer algo. Si vemos que nuestro hijo manifiesta el deseo de lograr una meta, pero no se atreve, podemos plantearle “Vamos a ver cómo lo podemos hacer”, y estar en la retaguardia ayudándole a superar los obstáculos.

  • Cuando no destacan a nivel académico. Si descubrimos que a nuestro hijo le va a costar más que al resto superar la etapa de la ESO y Bachillerato, debemos hacerle entender que aunque no estemos de acuerdo, vivimos en un sistema que funciona así y hay que superarlo y le apoyamos con “así que vamos a ver cómo podemos lograrlo”.

Par empezar, hay que disminuir la exigencia académica en aquellas capacidades que más le cuestan y reforzar aquellas otras en las que destaca. Podemos decirle: “Ya sé que no te gusta, pero hay que pasar el trámite y puedes hacerlo”. Y responsabilizarle de unas exigencias que debe cumplir sin obsesionarse con la escuela: hacer los deberes, estudiar al menos una hora al día….

Para que su autoestima no se resienta, también hay que reforzar los méritos o capacidades que sí se le dan bien, como el dibujo o algún instrumento musical o el deporte.

Pilar Conde asegura que debe entender (y sus padres también) que el que hagas ahora esto o no, no va a definir tu futuro y hay que pasar el trámite con él y apoyarle en lo que quiera conseguir más adelante. “Quizás en estos casos, tengamos que celebrar los aprobados con un cinco”.

Los adolescentes tienen muchas competencias y por suerte hoy los padres tenemos mucha más información sobre las oportunidades de estudio para nuestros hijos, que tenían nuestros progenitores. Por eso, añade la experta, "podemos mostrarles el camino que deben seguir para conseguir lo que quieran".

9. Resaltar sus fortalezas

Si vemos que nuestro hijo muestra una baja autoestima, que no se gusta como es, que no cree en él, dice la psicóloga experta en adolescentes que debemos enfocar nuestras conversaciones hacia sus cualidades y fortalezas personales. "Se trata de redirigir el foco a cosas positivas que tienen y que les alejen de ese mal concepto que tiene de sí mismo, haciéndole mirar más dentro de él".

La meta es afrontar los complejos, reforzando sus valores de manera verbal, hablando de esas cosas que sí hicieron bien. Podemos coger la rutina de una vez a la semana hacer el ejercicio con ellos de que se planteen “¿qué has hecho bien esta semana?”.

Por ejemplo, destacar si nuestro hijo tiene buena empatía, si es generoso…

Y si su baja autoestima, el no gustarse, le lleva a comportamientos alimentarios conflictivos, hay que consultar de inmediato con el médico.

La mejor forma de estar al tanto es haciendo al menos una comida diaria en familia. Si un día no quiere comer, no pasa nada. Entre las señales de alerta señalados por Pilar Conde y que hay que consultar: falta de apetito que se repite varios días seguidos, observamos que come de forma compulsiva o va al baño nada más terminar de comer, que baja o sube de peso de forma importante, se mira constantemente al espejo con semblante serio, se tapa demasiado…

Los límites y más en materia de salud, son indispensables. Y nuestros adolescentes, los necesitan para fortalecer su autoestima.

Fotos | iStock

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