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¡Bendita epidural!

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La inyección de un anestésico local en el espacio epidural es la encargada de que podamos disfrutar de un parto sin dolor gracias al bloqueo de las raíces nerviosas.

¿Cómo te la colocarán? Deberás estar tumbada de lado o sentada hecha una “bolita” para facilitar la tarea. Suele ponerse primero anestesia en la zona lumbar para evitar la molestia del pinchazo. Una vez situada la aguja en el lugar apropiado se introduce a través de ella un tubito muy fino llamado catéter. Se retira la aguja y queda el tubito a través del cual se introduce la anestesia. En el lugar donde se coloca ya no hay médula espinal, por lo que no hay riesgo de lesión.

Tampoco hay riesgo para el bebé. La dosis que llega al niño a través de la sangre es mínima y la repercusión de la anestesia sobre el bebé es prácticamente nula.

El efecto aparece alrededor de los quince minutos. En algunos casos el dolor desaparece del todo y en otros, las contracciones se vuelven absolutamente soportables sintiendo apenas una presión en el vientre. Algunas mujeres creen que la anestesia puede entorpecer el proceso del parto. Pero no es así. Disminuye el dolor, pero no la sensibilidad ni la fuerza en la musculatura abdominal, por lo que podrás pujar para ayudar a nacer a tu hijo. Tu médico te indicará cuándo estás teniendo una contracción para hacerlo.

Si fuera necesario realizar una cesárea se puede reforzar la dosis de anestesia a través del catéter, haciendo a la mujer partícipe del parto y evitándole la frustración de no recibir a su hijo.

En la última etapa del embarazo te harán todas las pruebas necesarias para saber si puedes recibir la epidural. Las contraindicaciones son pocas y poco frecuentes, aunque conviene estar prevenida para disfrutar a pleno del gran momento.

Fuente | Instituto Dexeus

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