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El juego contribuye a la salud infantil, y mediante el juego los niños pueden expresarse libremente. Entrevista con Imma Marín

El juego contribuye a la salud infantil, y mediante el juego los niños pueden expresarse libremente. Entrevista con Imma Marín
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Ayer leísteis la primera parte de esta entrevista con Imma Marín, en Peques y Más hemos tenido el honor de tener a esta experta en infancia y juego entre nosotros, y además nos hemos alegrado de haber puesto palabras a esa necesidad de “jugar” que los pequeños tienen, y seguro que les podemos entender un poquito más.

Imma nos habló de la importancia del Juego, y de que no es algo que se asocie sólo a los niños puesto que está reconocido como una actitud en los humanos. Seguramente muchos estuvisteis de acuerdo en que en muchos de los países occidentales la “cultura lúdica” se ha perdido a pesar del dinero que nos gastamos en juguetes. Hoy vamos a seguir charlando un ratito con Imma, porque aún tenemos más cosas que contaros acerca del Juego, y porque queremos animaros a jugar con vuestros hijos: podéis sentaros en el suelo del salón para intentar acabar la partida del ajedrez que estaba a medias, o podéis desempolvar la cestita de las frutas para organizar un mercado improvisado. Poneros a pensar porque seguro que recordáis algún juego con pelota de vuestra infancia con que distraer a vuestros niños y sus amigos en el parque, y cuando os sentéis toda la familia bajo un árbol jugad a imaginar y representar curiosos personajes, ellos se divertirán, y vosotros rebajaréis tensiones a base de carcajadas.

Peques y Más.- ¿Cuáles son los beneficios del juego en el desarrollo de los niños?

Imma Marín.- Sabemos que jugar es una fuente inagotable de placer, alegría y satisfacción, que permite un crecimiento armónico del cuerpo, la inteligencia, la afectividad, y la sociabilidad. Ahora y siempre el juego es y ha sido un elemento fundamental en el desarrollo de las personas. Imprescindible para un sano y harmonioso crecimiento.

Un niño que juega es un niño sano. A medida que un bebé crece jugando, pone en estado de alerta sus sentidos, descubre su propio cuerpo, coordina mejor sus movimientos y gana en fuerza muscular. Después será capaz de desmontar, construir e inventar, permitiendo así que su creatividad entre en juego. Jugando con papá y mamá, aprenderá a disfrutar en compañía, a dejarse guiar, a gozar de la complicidad con los seres queridos. Porque jugar es también una manera de convivir y de reforzar los lazos familiares.

Es imprescindible priorizar la educación de la actitud lúdica libre, placentera, alegre, curiosa y de total gratuidad. Necesitaremos despertar también la necesidad, el deseo…, las ganas de mirar, tocar, saber, reír abrazar, descubrir, pensar, saber

Y jugando con iguales comprenderá que existen unas reglas determinadas que deben seguirse para poder jugar, aprenderá a conocer a los demás, a esperar el turno, a aceptar los resultados creando defensas contra la frustración. Aprenderá a expresar emociones, a resolver problemas, a ganar autoestima, a interiorizar normas y pautas de comportamiento social. De esta manera, también podemos afirmar que un adulto que juega es un adulto sano, no en vano des de la psicología se asocia actividad lúdica y salud mental.

PyM- Y ¿qué consecuencias puede tener el hecho de que los niños no dispongan de suficiente tiempo diario para jugar?

I.M.- El juego contribuye a la salud, en primer lugar porqué jugar proporciona placer, alegría y satisfacción. Por otra parte, jugando los niños tienen la oportunidad de expresarse libremente, porqué mientras juegan entienden que lo que hacen y dicen forma parte de lo ficticio y que lo que en el juego transcurre no tendrá repercusiones en la vida real. Esto les permite descargar tensiones, reproducir aquellas situaciones que les generan miedos o que les resultan difíciles de entender. Y es que jugando, las analizan, las interpretan y las ‘traducen’ para comprenderlas y asimilarlas.

Por otra parte, el juego es sin duda la actividad física espontánea más común y habitual en la niñez, con la consiguiente reducción de problemas de obesidad.

El juego, en definitiva, es una actividad que, al mismo tiempo que los mantiene saludables les ayuda a ser más autónomos y desarrolla sus competencias sociales, de manera que, disponer cada día de un tiempo de juego, mejora su estado de ánimo así como su rendimiento escolar.

Un niño que juega es un niño sano, además jugar es también una manera de convivir y de reforzar los lazos familiares, y jugando con iguales comprenderá que existen unas reglas determinadas que deben seguirse para poder jugar, aprenderá a conocer a los demás, a esperar el turno, a aceptar los resultados creando defensas contra la frustración. Aprenderá a expresar emociones, a resolver problemas, a ganar autoestima, a interiorizar normas y pautas de comportamiento social. De esta manera, también podemos afirmar que un adulto que juega es un adulto sano, no en vano des de la psicología se asocia actividad lúdica y salud mental

PyM.- En tu opinión, ¿cuáles son las causas de que se infravaloren las necesidades de los niños en cuánto a juego libre y relaciones espontáneas con sus iguales?

I.M.- En primer lugar, las sociedades siempre han tenido históricamente una relación difícil con el juego. El juego se ha relacionado con lo no útil e incluso con lo “ocioso”. Tenemos innumerables ejemplos en nuestro vocabulario, en donde relacionamos el juego con algo negativo: “no se pueda jugar con las personas”, “deja de jugar que ya eres mayor”, “todo se lo toma como un juego”, y así un largo etcétera. Parece que los adultos toleramos el juego de los niños, como una especie de sarampión, que por suerte, llega una edad en la que se supera.

Vivimos en una sociedad en donde se valoran las cosas útiles, de manera que el juego sólo se entiende y atiende si lleva la etiqueta de “educativo”. Es decir, que el niño aprenda algo con él, le sirva para algo “útil”, el resto es perder el tiempo… De esta manera olvidamos que en la aparente inutilidad del juego, reside su principal potencial educativo.

Y por si fuera poco, los padres vivimos a menudo una realidad laboral que nos cansa, agobia, e incluso estresa y cuando llegamos a casa, no siempre tenemos ganas de convivir con el juego “ruidoso” de nuestros hijos y no digamos ya, ponernos a jugar con ellos… “¡con los problemas que tenemos!

PyM.- ¿Qué recomendaciones podrías ofrecer a los padres al respecto?

I.M.- Sin duda, concentrar nuestro empeño, en estimular la capacidad de jugar de nuestros hijos y en recuperar la nuestra. Para ello es imprescindible priorizar la educación de la actitud lúdica libre, placentera, alegre, curiosa y de total gratuidad. Necesitaremos despertar también la necesidad, el deseo…, las ganas de mirar, tocar, saber, reír abrazar, descubrir, pensar, saber.

Y para todo ello resultará necesario reservar e imaginar tiempos y espacios para jugar, en los parques y en casa. Tiempos y espacios para jugar con otros iguales, compañeros de juegos con quien compartir la alegría y el conflicto. Adultos cercanos capaces de disfrutar afectuosamente del juego.

Vivimos en una sociedad en donde se valoran las cosas útiles, de manera que el juego sólo se entiende y atiende si lleva la etiqueta de “educativo”. Es decir, que el niño aprenda algo con él, le sirva para algo “útil”, el resto es perder el tiempo… De esta manera olvidamos que en la aparente inutilidad del juego, reside su principal potencial educativo

Quizás una propuesta válida sería recuperar el juego como una ilusión, un reto compartido. Con el cambio, saldrían beneficiados los niños ¡por supuesto!; pero también nosotros, los adultos, libres por un ratito de convenciones y centrados sólo en una cosa: ser felices disfrutando de nuestros hijos, de nuestras particulares e intensas vidas, de nosotros mismos.

Vale la pena intentarlo, eso sí: ¡con ACTITUD de Juego!

Así que ya sabéis: todos a jugar con los niños, no importa el tiempo de que dispongáis, seguro que ellos entienden que trabajés muchas horas, pero lo que está claro es que cuando finalizan las obligaciones laborales, lo más importante son los niños. Agachaos a su lado cuando buscan tesoros en la tierra y haced concursos de "aguantar sin reír", el sofá bien puede hacer las veces de barco pirata del que no podremos caer... seguro que encontráis cientos de oportunidades, porque la pila de ropa sin lavar puede esperar un día más y las cucharillas sucias de chocolate no se quejaran, pero vuestros hijos agradeceran enormemente sentir la presencia activa de sus padres, sin duda será un buen recuerdo.

Una vez más, antes de finalizar, me queda agradecer a Imma su amabilidad respondiendo nuestras preguntas, queremos despedirnos de ella con la seguridad de que nos ha aportado muchísimo, desde hoy nos proponemos seguir sus consejos al pie de la letra.

Imagen | jusben En Peques y Más | El juego es una capacidad del ser humano y un derecho de los niños y las niñas. Entrevista con Imma Marín.

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