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Así era mi abuelito, para explicar la muerte a los niños

Así era mi abuelito, para explicar la muerte a los niños
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La curiosidad de los niños no se limita a la necesidad de conocer las cosas tangibles, los aspectos de su entorno y sus relaciones con los que más contacto tienen. Inevitablemente algún día los pequeños muestran incertidumbre y angustia cuando reflexionan sobre la muerte. El primer contacto con este concepto se puede dar alrededor de los cuatro años, no importa si en la familia ha habido alguna defunción, o si se nos ha muerto una mascota, igualmente sin conocer de primera mano este hecho nuestros hijos se enfrentarán al dilema de intentar entender la muerte.

Mientras aún son pequeños, los niños no han adquirido pensamiento abstracto, y aún así cuando hayan alcanzado la edad de siete u ocho años, probablemente podrán entender que la muerte es irreversible, aunque quizás ni se plantean que ésto pueda suceder con las personas que más quieren. El cuento que hoy os presento explica de manera "dulce", amena, sencilla y entrañable el significado de la muerte, y la forma en que los seres queridos que dejan este mundo siguen vivos entre nosotros, se titula "Así era mi abuelito".

Dependiendo del carácter de cada niño, al hacer sus primeras conjeturas sobre la muerte, o al preguntarnos las dudas sobre el tema pueden sentir tristeza, ansiedad o desconcierto. Hay pequeños que evidencian su estado de ánimo manifestando que "no quieren que se mueran los abuelos", otros lloran porque de repente sienten que el vínculo mágico que tienen con sus padres se puede romper. Están en la edad de la fantasía y por ello desconozco el impacto real que pueda tener sobre ellos saber que la vida se acaba culminando el círculo iniciado con su nacimiento.

Los niños son personas en pequeñito, creo que la mayoría son sensibles aunque lo demuestren de diferentes maneras, pero lo que tengo claro es que son muy inteligentes. Por ello, creo que cuando nos preguntan deberíamos buscar la manera de explicarles la muerte, adecuando las palabras a su capacidad de entender, pero nunca mentirles. Es decir, no tendría mucho sentido hablarles de que la "abuela se ha ido", primero porque esto no es real ya que cuando uno se va a algún sitio cabe la posibilidad de que vuelva, y segundo porque hay niños que se pueden sentir culpables de la marcha y sentirse muy mal.

En casa no somos creyentes, por eso estas cuestiones no las tratamos desde un punto de vista espiritual. Sin embargo a mí me gusta hablarles a mis hijos que mis antepasados, de los que he conocido y de los que no, contarles las anécdotas que he vivido, y las que - a su vez - me han relatado. Creo que es una forma de vincularles con la vida y con la familia extensa a la que pertenecen. Mi hijo mayor me sorprendió el otro día diciéndome "yo creo que las personas mueren dos veces, la primera cuando su corazón se para y su cuerpo se queda quieto, la segunda cuando los demás dejan de recordarlas", es una reflexión muy profunda para un niño tan pequeño.

Me gusta utilizar la literatura infantil para aproximar temas de interés a mis hijos, y también para que aprendan. Este libro nos gustó muchísimo cuando lo leímos por primera vez. Así era mi abuelito está editado en la colección Tris Tras por Parramón. Sus autores son Elena Anguló, Joan de Déu Prats y Gustavo Roldán.

El protagonista de este cuento mantiene viva la imagen y el recuerdo de su abuelo cuando decide seguir sus pasos. Su abuelo se había convertido en un excelente pastelero después de que mientras fue pequeño se dedicó  probar diferentes recetas, innovar, inventar y recopilarlas en un recetario propio. Antes de morir, le regala el recetario a su nieto que es un gran admirador suyo, el pequeño se hace el propósito de convertirse también en repostero. El argumento es bello y emotivo, está lleno de escenas vitales y de amor familiar, también de postres, bizcochos y chocolate.

Tal y como le ocurre al niño protagonista de "Así era mi abuelito", cada uno de nosotros puede encontrar formas creativas de explicar la muerte, de mantener a nuestros seres queridos en nuestro corazón, y de recordarles.

Imagen | Editorial Parramón   

 

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